Es difícil entender el porqué, pero muy pocos esperaban un regreso de Rumbo, uno de los grupos que cambió la historia del canto popular uruguayo con sus grabaciones, en particular con A redoblar, que se volvió un tema de culto durante los años de resistencia a la dictadura militar. Veinticinco años después, en uno de los estudios de La Mayor, la vieja foto se reedita en una nueva, cargada de la misma energía distendida de un grupo de seis amigos que nunca dejaron de serlo. Pocos minutos antes de ensayar, Laura Canoura, Miguel López, Gustavo Ripa y Gonzalo Moreira explicaron a El Observador razones y sentimientos que los llevaron a volver a juntarse con Carlos Vicente y Mauricio Ubal para el mes de octubre, cuando habrá una fuerte tanda de eventos en el marco de los festejos del Bicentenario.
¿Hay una nostalgia de esa época?
ML: Justamente es lo que hemos predicado, que no sea por nostalgia, que sea por la música en sí. Pero hay en ciertos sectores una especie de nostalgia por esas épocas de “resistencia” y por el canto popular. Pero hay una cosa que es inevitable: puede haber gente que cultive la nostalgia y eso es muy de cada uno. Colectivamente, somos un pueblo que festeja la Noche de la nostalgia, eso es verdad. Pero en el caso nuestro no es así. Te diría que más bien nuestra actitud es estar en contra de que solo sea por nostalgia que se escuchen nuestras canciones. Más bien lo que pensamos es en mostrarles a los más jóvenes, a los que no nos vieron tocar, que tenemos una propuesta que todavía es válida.
LC: Creo que a nosotros lo que nos pasa es que, además de lo que podamos significar para alguna gente, somos un grupo de amigos –que eso fue lo que fuimos siempre– que tuvimos una actividad en común que fue hacer música. Otras barras de amigos se reúnen a jugar eternamente al fútbol, por ejemplo. Nosotros nos reunimos para cantar. Salvo por algún tema que entre todos coincidimos que puede estar fuera de tiempo, nuestro repertorio está absolutamente vigente. Los que componían en esa época –Mauricio, Gonzalo, Miguel– eran de una sutileza en el lenguaje que hace que las canciones hoy todavía signifiquen cosas.
Y ustedes cuando estén ahí frente a toda esa gente, en la explanada del Palacio Legislativo se van a sentir muy diferente porque cambia hasta el marco de público, ¿no?
GM: Y sí. Hemos crecido, hemos engordado…
LC:Hemos encanecido…
GR: Cambiamos por los años que vivimos, pero esa música la seguimos considerando totalmente actual. Hoy conversaba con una persona que me decía de lo importante que es mantener, desde el punto de vista de la cultura, un hilo conductor que no se pierda. Que las etapas y los períodos no se corten. Y yo referencio lo que sucede en Brasil: si hay hoy alguien joven que se le ocurra cantar a Caymmi nadie le va a ir a decir, “ay que nostalgioso que sos”. Canta a Caymmi y punto. Porque Caymmi es hoy.
El problema con ustedes es que formaban parte del canto popular, algo que desapareció.
GM: Eso se puede afirmar depende de cómo y dónde, ¿no? Tú vas al interior y hay un movimiento muy grande. Hemos ido con Ubal a cantar y cantan canciones del canto popular audiencias de 10 mil personas por ejemplo.
LC: Lo que pasa es que ha ido evolucionando hacia distintos lados. Yo salgo del canto popular, Fernando Cabrera sale del canto popular, Rubén Olivera, Larbanois-Carrero… Todos fuimos hacia distintos puntos, quizá partiendo de un lugar común.
Además de la música, el canto popular tenía un componente político muy grande, que ahora ya no está. Ahora solo queda lo musical, esto se trata solo de eso. ¿Cómo lo viven?
GR: En ese momento era inevitable porque ocupamos un espacio que no había otra forma de ocupar. Se congregaba gente a decir y a escuchar cosas que desafiaban el régimen político del momento y había un nivel de exigencia que hacía que las presentaciones musicales no fueran consideradas solo como un hecho artístico. Creo que en lo que nosotros hacíamos hubo una perseverancia en el trabajo de lo estético, de lo que se decía, de los conceptos arreglísticos que se manejaban, que por eso creo que hoy podemos trascender ese componente político. Y no es una crítica a gente que utilizaba la música más que nada como un hecho político; algo que es totalmente legítimo pero que no fue nuestro caso.
¿Se podría decir que hoy están liberados de eso? ¿Que pueden cantar por el placer de cantar?
GM: Creo que lo político va por otro camino.
LC: Yo insisto en el concepto de grupo de amigos que se juntó para hacer música que coincidíamos en el pensamiento histórico, político. Nunca hubo intención de ser el motor de nada, ni de ser la bandera de nada. Terminamos como quedando en el medio de una situación que no habíamos creado. Mucha gente utilizó la música como una manera de hacer militancia y está bien. Nosotros no.
Estábamos todos en contra de la dictadura pero no usábamos nuestra música para eso solamente.
El no sentirnos que éramos bandera de nada nos dio siempre una gran naturalidad y aun hoy sentimos esa naturalidad.
GM: Yo rescato la parte artística del grupo, el sonido del grupo.
ML: El unísono fue una de las características que en algún nosotros manejamos y que en Brasil por ejemplo nos felicitaron por eso.
El unísono nos identificaba en ese momento. Y luego se abandonó esa estética. Fue una evolución natural…
LC: Hacia el rock, la murga…
Otra pregunta de rigor, ¿van a grabar algún disco con esta presentación o con temas nuevos?
LC: Vamos paso a paso, todavía no sabemos. Hoy estamos muy ocupados queriendo hacer que nuestras canciones suenen como queremos que suenen hoy. Algunas van a tener los mismos arreglos pero con mejor sonido en vivo y otras van a cambiar un poco porque nosotros hemos cambiado.
¿Qué canciones están ensayando ahora mismo?
GM: Muchas. Ahora mismo estamos con Los héroes de la pantalla, La bagayera, A redoblar, Para abrir la noche y Viejo tablado.