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¿Por qué los políticos no van a las marchas por seguridad?

Sería sano institucionalmente que los llamados movimientos espontáneos cuenten con el apoyo de quienes están de acuerdo con esas movilizaciones

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12 de agosto de 2013 a las 00:00

Que por qué me molestan tanto las marchas contra la inseguridad pública. Algunos conocidos me lo preguntaron personalmente y otros públicamente en la olla de grillos mudos de las redes sociales. No me molestan tanto, solo me molestan.

Y eso que les reconozco que, por aquello de que no hay mal que por bien no venga, en algún punto estas marchas también son un síntoma de que la sociedad aún no está anestesiada como lo está en otros asuntos delicados. Quizás porque la inseguridad nos afecta a todos y otros asuntos, como la educación, solo a los pobres (visión miope si la hay, porque a la larga tanta ignorancia acumulada nos termina arrinconando a todos en un miedo sin límites).

Pero las marchas por seguridad me molestan porque son lugares donde se escuchan o leen frases o consignas tales como “hay que limpiarlos a todos”, “pena de muerte”, “mátenlos de chiquitos”.

Me molestan esas marchas porque he leído cómo en otras regiones lo que empezó como una sana inquietud popular devino en escuadrones civiles, en justicieros por mano propia, en el ojo por ojo.

Me molestan las marchas porque ahí está cobrando fuerza el argumento de que “esto es apolítico” para aludir a que no hay ningún dirigente político en el horizonte, como si eso fuera en sí mismo positivo.

Tampoco hay políticos en el horizonte cuando, después de haber dado manija con que hay que defenderse, un almacenero mata a un delincuente y va preso o, lo que es peor, termina muerto a manos del bandido.

Tampoco hay políticos en el horizonte cuando, después de haber dado manija con armarse, un vecino honesto se asusta y mata a su propia hija con el arma que compró en la cresta de la ola del miedo y la manija.
Ahora tampoco hay políticos cuando en esas marchas aparecen los carteles de “viva la pena de muerte” o “hay que matarlos a todos”.

Hay políticos que alientan esas marchas y si no son ellos lo hacen sus operadores, así como en su momento lo hicieron los partidos de izquierda refugiados detrás de los “movimientos sociales o civiles”.

Parece sano institucionalmente que estos “movimientos espontáneos” de vecinos cuenten con la presencia de los políticos que los apoyan. Después de todo, el que quiera ver en ese gesto un aprovechamiento o acto demagógico también podría verlo cuando tras cada rapiña resonante y sobre la sangre aún caliente se piden renuncias y se presentan proyectos que nunca antes se habían presentado.

Es sano que los diarios puedan fotografiar a estos políticos al lado de esos carteles que piden “pena de muerte” y otros castigos dolorosos. Y, por último, si los políticos están para acompañar a la gente en sus peores momentos, también es sano y justo que los dirigentes estén en esas marchas junto a la gente, porque pocas cosas hay peores para la gente que el tener miedo.

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