15 de septiembre de 2015 5:00 hs
Como en toda campaña electoral argentina, la ansiedad de empresarios, inversores y ciudadanos en general es poder tener alguna pista sobre quiénes se harán cargo de las decisiones económicas luego del recambio de gobierno. Es por eso que la danza de nombres "ministeriables" se ha transformado en las últimas semanas en el deporte preferido en el mercado financiero y el ambiente periodístico.

Este año en particular, la sensación de que habrá que tomar medidas urgentes –en medio de un debate sobre si se debe mantener un ritmo gradual de cambio o propender un ajuste drástico– hace que sea todavía más relevante saber cuáles son los posibles funcionarios. De acuerdo con los antecedentes personales de cada uno, el público va formándose una idea sobre si estará dispuesto, por ejemplo, a un diálogo con los "fondos buitre" y una rápida normalización de las relaciones con el mercado de crédito o si, por el contrario, continuará con la línea kirchnerista.

La sensación reinante es que, a pesar de que en apariencia los dos principales candidatos representan dos "modelos de país" antagónicos, en el fondo no hay tantas diferencias cuando se analiza su plan económico. Para empezar, el diagnóstico es coincidente: hay una grave pérdida de competitividad como producto del atraso cambiario. Además hay un grave déficit fiscal, que a fin de año podría llegar a ocho puntos del PIB, y hay un fuerte retraso en el precio de las tarifas públicas, tanto que un hogar en Buenos Aires puede pagar por la electricidad hasta 10 veces menos de lo que se paga en Uruguay.
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Claro que, en plena campaña, ciertos temas siguen siendo tabú. Nadie puede mencionar las palabras "tarifazo" ni "devaluación" sin arriesgarse a perder multitud de votos. Es algo que han aprendido todos. Por ejemplo, el economista Federico Sturzenegger, uno de los referentes del partido de Mauricio Macri, había cometido el error, en las legislativas de hace dos años, de decir que el tipo de cambio necesitaba una suba del 40%. De su propio partido le dijeron que no hablara más en los medios de comunicación. Ahora, ya entrenado, no solo no habla sobre devaluar, sino que dice que si gana Macri el precio del dólar bajará por la gran cantidad de capitales que ingresarán al país.

Pero eso forma parte del folclore de la campaña. La cuestión es que, cuando hablan ante un auditorio de empresarios, o cuando hablan en privado con banqueros que llegan desde Estados Unidos para informarse sobre cómo van las cosas, ahí les cuentan sus planes de verdad. Como, por ejemplo, que buscarán una rápida normalización de la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como botón de muestra, los equipos de economistas de los dos candidatos viajarán el mes próximo a la asamblea anual del FMI, que se realizará en Perú.

Un ministro "market friendly"

Pero, más allá de las declaraciones públicas, a los empresarios e inversores les interesan los nombres. Es allí cuando adquiere relevancia la figura de Miguel Bein, el principal asesor económico de Daniel Scioli.

Es influyente y respetado en los mercados, aunque no necesariamente representa la visión "ortodoxa" en el gremio de los economistas. Ya fue funcionario, pero curiosamente no en gobiernos peronistas, sino en el del radical Raúl Alfonsín, durante los años de 1980 y luego en el del también radical Fernando de la Rúa, con quien ocupó el cargo de viceministro de Economía en el año 2000.

Hace algunos días, Scioli lo llevó a una entrevista televisiva y lo presentó como su principal asesor, lo cual fue interpretado casi como la bendición para ocupar el Ministerio de Economía. Sin embargo, todavía no está claro si su rol será en ese cargo o si quedará como asesor personal en la eventualidad de que Scioli fuera presidente.

En todo caso, ese gesto de presentarlo "en sociedad" fue bien recibido por el mercado, que interpretó que Scioli privilegiará la línea más aperturista y liberal, en contraposición con los funcionarios actuales de la provincia, que sostienen posturas más parecidas a las del kirchnerismo. De hecho, luego de la aparición televisiva de Bein, el banco Barclays, uno de los principales en banca de inversión a nivel mundial, difundió un reporte en el cual decía que era una señal amigable hacia los mercados.

Bein promueve un difícil camino de corrección indolora. Reconoce la gravedad del retraso cambiario, pero rechaza de plano una devaluación y, más bien, propone que la recuperación de la competitividad se haga por la vía fiscal, con la eliminación de impuestos a la exportación.

Hay en el equipo de Scioli otros referentes de la línea "market friendly", como Mario Blejer, exfuncionario del FMI, exdirector del Banco de Inglaterra, y expresidente del Banco Central.

Suenan también los nombres de los actuales funcionarios de la provincia de Buenos Aires, como la actual ministro Silvina Batakis y del secretario de hacienda, Rafael Perelmiter. Este último es considerado el artífice del esquema que le permitió a Scioli sobrevivir en medio de la asfixia financiera a la que Cristina Fernández de Kirchner sometió a la provincia en momentos de tensión política.

No fue, por cierto, un caso de ajuste indoloro, porque implicó una suba de la presión impositiva y que tuvo, además, su gran variable de ajuste en la postergación de la obra pública, como quedó evidenciado de manera trágica en las recientes inundaciones. Pero la tarea que le habían pedido a Perelmiter era evitar una explosión política ante la falta de fondos para hacer frente a los pagos de salarios públicos, lo cual fue cumplido con eficiencia.

Las líneas del equipo macrista

lll En el equipo de Mauricio Macri, las diferencias parecen más de nombres que de posturas. Casi todos responden a la línea liberal que ve con buenos ojos las reformas aperturistas de los años de 1990.

El principal referente es Carlos Melconian, quien en 2003 estaba "predesignado" como ministro de Economía si Carlos Menem le llegaba a ganar la contienda electoral a Néstor Kirchner.

Melconian es muy conocido por el gran público, porque es un invitado frecuente a los programas televisivos. Con buenas dotes de comunicador, se caracteriza por explicar la economía con un lenguaje muy llano, usando metáforas de la vida cotidiana.

Es un ácido crítico de la política kirchnerista, en particular por su tendencia intervencionista en la actividad privada y por su apego a la emisión monetaria como vía de financiamiento del sector público. Ha dado a entender con cierta claridad que será inevitable un ajuste del tipo de cambio en el orden del 60%.

Hay, dentro del macrismo, otra línea, liderada por Rogelio Frigerio, fundador de la consultora Economía & Regiones, actual presidente del banco Ciudad de Buenos Aires y nieto del principal teórico de la doctrina desarrollista de la década de 1960.

Frigerio pone el énfasis en la necesidad de un drástico ajuste monetario y fiscal con el objetivo de reducir la inflación y no se muestra partidario de una devaluación brusca.

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