Después de que los partidos de derecha Forza Italia de Silvio Berlusconi, la formación Liga de Matteo Salvini y el partido antisistema Movimiento 5 Estrellas de Giuseppe Conte se negaran a participar en un voto de confianza el primer ministro Mario Draghi, Italia se encamina a las elecciones generales del 25 de setiembre en un clima caracterizado por el meteórico ascenso del espacio posfacista Fratelli d’ Italia, liderado por la romana Giorgia Meloni, según consigna la agencia AFP.
Nostalgia o simple curiosidad, a cien años de la llegada al poder de Benito Mussolini (1883-1945), el culto al dictador se mantiene intacto en su pueblo natal de Predappio, donde fue enterrado. Su tumba, en la cripta de la capilla familiar, atrae todos los años a decenas de miles de visitantes. Muchos de ellos para desfilar ante los restos de "il Duce", cuyo legado suele reivindicar Meloni, quien encabeza los sondeos y podría alcanzar el cargo de primera ministra.
En la cripta, decorada con un busto de Mussolini, el libro de oro colocado ante el sarcófago de piedra cubierto con la bandera de Itali,a está lleno de mensajes cariñosos. "Nunca te olvidaré", "Renaceremos" y "¡Vuelve!" son algunos de los textos dejados por los visitantes. Entre ellos, un joven emocionado, de cabeza rapada y camiseta color kaki, que acaricia con una mano la lápida y le rinde homenaje -con el brazo en alto, a la usanza del saludo fascista- a Mussolini, quien en uno de los ramos de flores es presentado como "el padre de la patria".
Otros de los visitantes de Predappio formulan opiniones matizadas sobre Mussolini, quien llegó al poder tras la marcha sobre Roma en octubre de 1922 e instauró en 1925 una dictadura que duró hasta 1943. "Mussolini fue un gran hombre de Estado. Hizo avanzar el derecho laboral y la protección social. Pero cometió errores al aliarse con Hitler y aprobar leyes raciales vergonzosas", dice Fabiana di Carlo, una funcionaria romana.
En las elecciones, Di Carlo dice que votará a Meloni porque la considera "inteligente y competente" y porque quiere que se convierta en "la primera mujer jefa de gobierno". Su visión, aunque polémica, es la de muchos italianos, que trazan una línea divisoria entre lo que Mussolini hizo antes y después de su alianza con los nazis y su entrada en la II Guerra Mundial.
En Italia, el 66% de los jóvenes de entre 16 y 25 años considera el régimen fascista como "una dictadura condenable en parte, pero que también trajo beneficios", según un sondeo de Ipsos.
"Esperamos que Meloni gane las elecciones. Hará respetar las normas y la seguridad", dice a AFP una pareja de empresarios de Milán, Giovanna y Alessandro, que salen de la cripta con un calendario de Mussolini bajo el brazo, lugar que recibe cada año a más de 70.000 visitante y que incluye recuerdos como cruces gamadas o celtas, botellas de vino con la efigie de “il Duce”, brazaletes "anticomunistas" y carteles con lemas como "Italia para los italianos" o "Manual del fascista".
Nacido en 2012 de las cenizas de Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por antiguos fieles de Mussolini, Fratelli d’ Italia recuperó su emblema, la llama tricolor. Un símbolo al que no quiere renunciar Meloni, pese a haber tomado distancia con los que define como "nostálgicos del fascismo" para los que, según dice, "no hay lugar" en su partido, que propone un programa nacionalista y euroescéptico que tiene en vilo a Francia y Alemania, en especial luego del triunfo de Liz Truss, quien reemplazó a Boris Johnson y promete tomar distancia de la Unión Europea.
¿Hay que temer un regreso del fascismo a Italia? "No creo que haya riesgo de un regreso al fascismo histórico, lo que sí es posible es que haya un giro autoritario y una restricción de libertades, como la de prensa", opina Gianfranco Miro Gori, dirigente local de la Asociación Nacional de los Partisanos Italianos, el nombre de los combatientes antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial.
No lejos de la casa natal de Mussolini, donde su padre regentaba un taller de herrero, una exposición dedicada a la marcha sobre Roma introduce al visitante en el universo del fascismo. Modelos de talla natural con uniformes de la época, armas blancas y de fuego, fotografías amarillentas, una calavera con casco... Un total de 170 objetos de coleccionistas privados ilustran la insurrección de los “camisas negras”, sin pasar por alto sus relaciones estrechas con la Iglesia católica y los industriales.
"Es una exposición cultural que de manera objetiva y documentada ofrece una reflexión sobre lo que fue la marcha sobre Roma. No hay ninguna apología del fascismo", asegura uno de los dos comisarios de la exposición, el historiador Franco d'Emilio. El objetivo es "dar a conocer Predappio como la capital de la historia del fascismo en Italia y el mundo", agrega el abogado Francesco Minutillo, ex dirigente de Fratelli d’ Italia.
Entre los visitantes de Predappio se encuentra Ivano, un empleado del sector vitivinícola de 39 años y oriundo de Cuneo, en el noroeste del país. Al igual que otros visitantes, el hombre dice ser un "apasionado de la historia" y, según su entender, "Europa no tiene ningún motivo para temer a Meloni, porque ella no es fascista, sino atlantista y anti Putin".
Meloni, en tanto, inspirada en la formación política de ultraderecha Vox de España, trata de conjurar los demonios de su pasado y zanjar de una vez por todas el debate sobre sus vínculos con el fascismo. “Sin ambigüedades, obviamente condenamos el nazismo y el comunismo”, subraya la aspirante a presidenta del consejo de ministros italiano.
En un giro que copia la estrategia de Marine Le Pen, la dirigente francesa de extrema derecha que más lejos ha llegado dentro del G3 europeo que integran Alemania, Francia e Italia. "Leí que la victoria de los Fratelli d’ Italia sería un desastre que conduciría a un punto de inflexión autoritario, la salida de Italia del euro y otras tonterías. Nada de esto es cierto", aseguró Meloni en un video difundido por su equipo de campaña en inglés, francés y castellano.
Según su visión, su filiación posfacista es producto del "poderoso circuito mediático de la izquierda" por demonizarla. Para sus críticos, sin embargo, Meloni quiere mostrarse como una mujer moderna, abierta, que milita desde muy joven y que conoce muy bien la realidad europea. Un mensaje optimista para los partidos afines. En síntesis: que su llegada al poder no implicará una ruptura, sino una continuidad del discurso conservador y de los “valores occidentales" que suele declamar.
Por lo pronto, la tumba, que ha visto incrementarse el número de visitantes en los últimos meses, es un lugar de referencia para los nostálgicos de “il Duce” desde que el 31 de agosto de 1957 sus restos fueran trasladados al pequeño pueblo de la región central de Emilia-Romagna. Última escala de un periplo que incluyó una tumba anónima en el cementerio milanés de Musocco y un traslado al convento capuccino de Cerro Maggiori en las afueras de Milán, tras ser sustraído por tres neofacistas y recuperado por la autoridades italianas en 1947.