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1 de noviembre 2022 - 5:01hs

Seis sismos de baja magnitud se registraron entre setiembre y octubre en la zona de la represa de Rincón del Bonete, según un informe elaborado por el Observatorio Geofísico del Uruguay y que lleva las firmas de las geólogas Leda Sánchez y Judith Loureiro y del sismólogo Oscar A. Castro.

Los microsismos, que quedaron registrados en la estación sismológica de la zona, tuvieron una magnitud de entre 1,4 y 2,0 en la escala Richter. Sánchez dijo a El Observador que esta investigación se inició luego de que varios vecinos de Paso de los Toros le informaran que habían sentido explosiones o movimientos de tierra en la zona.

Además de los seis sismos de los últimos dos meses, muchos otros ocurrieron en lo que va del año, pudo constatar la geóloga. “Tengo más de 20 registrados”, señaló.

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Según explica el estudio, estos pequeños movimientos de tierra pueden tener origen natural o artificial, vinculado a la actividad humana. Los artificiales, a su vez, se dividen en dos tipos: inducidos (minería, actividad de represas, construcción de túneles) o controlados (explosiones). En el caso de Paso de los Toros, los microsismos parecerían tener un original artificial y vinculado a la actividad de la represa.

“Según nuestras observaciones preliminares, la sismicidad registrada en la estación Paso de los Toros podría estar vinculada a variaciones en la cota del embalse”, señala el informe. Se llega a esa conclusión porque todos los eventos están localizados en la zona de la represa y, explicó Sánchez, “no hay allí estructuras tectónicas que puedan generar sismicidad”.

El fenómeno ocurriría cuando la cota de la represa se altera, ya sea porque baja al descargarse el agua, o porque sube al acumularla. Los cambios en la presión del agua sobre la roca generan estos movimientos. “En el caso de las represas, los esfuerzos a los que se somete la roca, están vinculados con el llenado/descarga de un embalse con millones de metros cúbicos de agua”, dice el informe.

Agregan los científicos que “en general, solo un pequeño porcentaje de embalses induce sismos”, aunque en Brasil ya hay 26 represas “vinculadas a la generación de eventos sísmicos”.

“En áreas vecinas, como Brasil, con quien compartimos rasgos geológicos, la sismicidad inducida por embalses se ha venido estudiando desde principios de los años setenta”, agrega el documento.

Según explicó Sánchez, no se trata de un tema menor, ya que los sismos de origen artificial pueden alcanzar la misma máxima magnitud que los sismos naturales de la región. El máximo calculado para un sismo natural en Uruguay es 6,3 en la escala Richter, lo que hace que haya que prestarle atención al fenómeno.

Un sismo de magnitud 6 es capaz de destruir áreas pobladas. “Si llegara a ocurrir sería un desastre, porque no tenemos nada preparado”, dijo Sánchez.

El informe concluye: “Es por todo lo expuesto anteriormente que consideramos fundamental un monitoreo permanente en la zona, que implicaría incrementar la cantidad y calidad de los sismómetros y de personal abocado a esta tarea”. Y agrega que “la sismicidad inducida es más habitual de lo que parece y puede producir daños materiales y medioambientales significativos, sobre todo por el desconocimiento sobre el riesgo que podrían llegar a representar”.

Además de su pertenencia al Observatorio Geofísico del Uruguay, Sánchez trabaja en la Facultad de Ciencias; Loureiro en la Dirección Nacional de Minería y Geología, y Castro en el Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático y Centro de Monitoreo Vulcanológico y Sismológico de México.

Sánchez dijo que remitió el informe a los ministerios de Industria y Energía, de Ambiente y de Defensa Nacional, así como a la presidencia de UTE, el Sistema Nacional de Emergencias y a las intendencias de Durazno y Tacuarembó.

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