25 de abril de 2014 20:22 hs

Cosas que pasan en la cartelera de cine uruguaya: La vida de Adèle llegó con un año de retraso hace poco más de dos semanas y solo al cine Life Alfabeta de Montevideo. Ni el recibimiento de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el elogio casi unánime de la crítica internacional, ni aun la polémica que generó debido a las largas escenas de sexo lésbico o la queja de las dos actrices, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, quienes acusaron al director de torturarlas psicológicamente durante el rodaje, hicieron que la película tuviera mayor distribución en Uruguay.


Incluso la autora de la novela gráfica en la que se basó el filme, Julie Maroh, se quejó de que la cinta del tunecino Abdellatif Kechiche era pornográfica, ya que en lugar de retratar el sexo entre lesbianas de forma realista, mostraba un producto más ligado a sus fantasías masculinas. Pero si bien es cierto que la duración de estas escenas puede resultar un tanto excesiva en comparación con otras cintas, lo cierto es que no resulta sorprendente ni altisonante en el marco de La vida de Adèle. Esto si se entiende que la apuesta de la película no es la concisión ni el recato, sino el detalle y la inmersión desde una óptica corporal, aunque no meramente sexual.

La cinta francesa retrata con minuciosidad a Adèle (una sorprendente Exarchopoulos, que en la actualidad tiene 20 años), quien una noche conoce y se enamora de Emma (Seydoux, que deslumbra en cada plano), una estudiante de arte, cuyo cabello está teñido de azul. A medida que el universo cromático de la cinta parece irse pintando de este color, la relación entre ambas avanza como una ventana al camino de maduración sexual y personal de la protagonista, al tiempo que delimita un tema que Kechiche viene retratando en su filmografía: el conflicto de clases. Emma es intelectual, abierta con respecto a su sexualidad, viene de una casa con padres progresistas y puede permitirse el arte como una opción de vida, mientras que Adèle es una joven de clase media, que oculta su inclinación homosexual y se convierte en maestra jardinera.

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La mente de Adèle resulta un tanto esquiva, pero el espectador termina por descifrarla desde sus gestos. La cámara sigue a la protagonista y dedica minutos a retratar la manera en que se toca el pelo, entreabre sus labios, devora un plato de pasta, derrama lágrimas, se masturba, entona su voz ronca o se acostumbra al mundo con ese tedio tan posmoderno.

Pese a que las actrices dijeron que no volverían a actuar con el director, el subtítulo de La vida de Adèle es Capítulo 1 & 2 y así es como se siente la película. Como una captura detallada del recorte de una vida, a la que se volverá más adelante, a la manera de la serie de filmes que hizo François Truffaut sobre Antoine Doinel. La vida de Adèle no solo es una película excelente sino una de las mejores que se hayan hecho en esa apuesta por el detalle. Conviene aclarar, esto valdría lo mismo si el amor que se retrata no fuera homosexual sino heterosexual.

Indudablemente, la cinta no convencerá a todo el público por su historia, forma y duración, que es de 180 minutos. Pero pocas películas ofrecen un dúo actoral de tanta potencia, motivo por el cual el jurado de Cannes (integrado por Steven Spielberg, Ang Lee y Nicole Kidman, entre otros) decidió darle la Palma de Oro compartida al director y a sus dos actrices. Sus interpretaciones tienen una naturalidad que las hace casi tan reales como la vida misma.

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