4 de julio de 2014 11:07 hs

Las señales se siguen repitiendo. En el debut ante Bosnia fue el hecho de jugar en Maracaná y la aparición de Messi para salvar la plata cuando nadie aparecía. Contra Irán fue otra vez Lio vistiéndose de héroe en el último minuto, y ante Suiza con otra genialidad en el minuto 117 del alargue. Ayer Argentina se encontró con Bélgica, como en 1986 cuando Maradona levantó la copa. Y es cierto que los belgas fueron una versión completamente mediocre de aquella, y demostraron que estaban varios escalones por debajo del cartelito de revelación que muchosle endilgaban.

Pero Argentina sorteó otro obstáculo. Es ciertísimo que la fortuna los viene acompañando y aún no han enfrentado a ningún rival que opte en serio por ser candidato. Pero en una historia tan complicada como la de un Mundial se necesita mucho de la suerte. Y mientras Brasil, el eterno rival, se quedó sin su héroe Neymar, Argentina sigue navegando directo hacia la definición del torneo, y al menos se aseguró llegar hasta el último día. Al final, aprece que aquello de "la señal" en el Mundial 2014, como rezaba una publicidad de TV, no era para Uruguay, sino para los vecinos de enfrente.

Argentina necesitaba demostrar. Y el primer tiempo ante Bélgica fue lo mejor del equipo en el Mundial. Se paró bien en defensa, y aprovechó muy bien que su rival era completamente naif para esta instancia. Bélgica puso cinco hombres de ataque, incluido Fellaini como doble cinco que se iba permanentemente al ataque y no volvía. Y así, Messi y Di María tuvieron metros por primera vez en el Mundial como para mostrar su clase.

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Así llegó el gol: pelota perdida de Kompany (¡un zaguero en campo argentino a los 7 minutos!), juego entre Di María y Messi con espacios, pase, rebote y definición de Higuaín El equipo de Sabella aprovechaba los cachones que le daban, y por primera vez tenía el placer de jugar sin tener que salir a buscar el partido, sin un rival que se le cerrara y con aún más espacios que en el arranque para jugar.

Así, los albicelestes tuvieron varias chances en el primer tiempo, que no pudieron concretar. Pero luego sumaron la única gran preocupación, el borrón que puede complicarle la historia de acá en más: la salida de Di María, el socio ideal de Messi, con una lesión muscular. En su lugar entró Enzo Pérez, y si bien ganó marca, el equipo perdió la movilidad y la sorpresa que había tenido para jugar detrás de los volantes Wistel y Fellaini.

Argentina se dio el lujo de probar cosas que hasta acá no había necesitado, y que necesitará de ahora en más. Como defender con doble línea de 4, con Lavezzi y Enzo Pérez cerrados atrás como volantes de marca, y pronto para lanzar peligrosas contras que no pudo concretar, tanto en el cierre del primer tiempo como en el primer tramo de complemento.

En el final Argentina sufrió innecesariamente, porque ante un rival bisoño, sin actitud, sin sangre para correr, morder y robar, retrocedió varios metros y quedó expuesto a algún centro salvador que le diera a los belgas el regalo del alargue.

Pero de la misma manera que con el palo ante Suiza, la suerte estuvo de su lado. Esa misma suerte que tuvo en el sorteo, y en cómo se le fueron dando los cruces luego. Argentina no es un lujo, ni mucho menos. Pero tiene argumentos. Tiene suerte. Y tiene algo que se parece muy parecido a la suerte del campeón.

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