22 de junio de 2014 19:21 hs

Los yihadistas suníes que luchan contra las fuerzas del gobierno en Irak se están adentrando en territorio iraquí desde la frontera con Siria tras tomar ayer tres nuevas localidades y siguiendo el curso del río Eufrates, aunque podrían cambiar de dirección y avanzar rumbo al este hacia Bagdad.

Encabezados por el yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), los rebeldes se hicieron con el control de Al Qaem, Raua y Aana. Nada más atravesar la frontera siria, el Eufrates, el principal río que atraviesa Irak junto con el Tigris, discurre por esas tres localidades.

Los radicales ya se habían atribuido la toma del puesto fronterizo de Al Qaem, un hecho que las autoridades iraquíes solo reconocieron ayer.

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Los avances de los rebeldes, que la semana pasada llegaron hasta pocos kilómetros de la capital, Bagdad, supone un gran revés para el gobierno y echa por tierra cualquier logro que se pudiera suponer con la invasión de las fuerzas de Estados Unidos.

Desde el principio de la ofensiva yihadista, el 9 de junio, los insurgentes han tomado Mosul, la segunda ciudad más grande del país, gran parte de la provincia en la que se encuentra, Nínive (norte), de Tikrit y sectores de las provincias de Saladino (norte), Diyala (este) y Kirkuk (norte).

La complicada situación en la que ya centenares de miles de iraquíes han abandonado sus hogares en las últimas semanas, no solo supone desafíos al gobierno local, sino que ambienta los cuestionamientos a la política de EEUU de parte de la comunidad internacional y de los propios excombatientes norteamericanos.

Los veteranos estadounidenses que lucharon en Irak asisten con amargura al avance de los yihadistas en ese país, frustrados al ver sus esfuerzos reducidos a nada por el sectarismo de los dirigentes iraquíes o la decisión de Barack Obama de retirar las tropas en 2011.

La toma en enero pasado de Faluya, símbolo de la participación de Estados Unidos en Irak, por parte del Estado Islámico en Irak y Levante (EIIL), ya había sido desgarradora para los excombatientes.

Ahora que los insurgentes sunitas tienen el control de grandes áreas en el norte y este del país, el exoficial especializado en la lucha contra la insurrección, John Nagl, lo único que siente es “ira, amargura y tristeza”.

“Muchos de mis amigos y de los iraquíes murieron para dar a Irak la posibilidad de ser libre, estable y multiétnico”, sostuvo.

Según él, “los gobiernos de Irak y Estados Unidos cometieron graves errores, que podrían haber sido evitados y que hicieron que todos esos sacrificios fueran desperdiciados”.

Esta visión es compartida por Paul Hugues, un excoronel que sirvió en Irak y hoy trabaja en el Instituto para la Paz de Estados Unidos: “Ningún soldado quiere mirar atrás y ver que su servicio y los sacrificios fueron en vano”.

En un sondeo realizado en abril para el diario The Washington Post, 50% de los veteranos de Irak consideró que no valía la pena llevar adelante esa guerra, pero el 87% se manifestó orgulloso de haber participado.

Los responsables del Pentágono son conscientes del desconcierto de los veteranos ante el avance yihadista. “Como muchos de ustedes, me decepcionó la velocidad con la que se deterioró la situación en Irak y el desmoronamiento de muchas unidades iraquíes”, escribió en su cuenta de Facebook el jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, general Martin Dempsey.

“Nuestra política fracasó”

Sin embargo, agregó: “estoy orgulloso de lo que logramos. Le dimos al pueblo iraquí una oportunidad única de alcanzar un futuro mejor. Nada pondrá en cuestión este logro”.

El secretario de Defensa, Chuck Hagel, quien tiempo atrás fue crítico de la política estadounidense en Irak, también considera que Estados Unidos “hizo todo lo posible para ayudarlos” tras la caída de Sadam Husein.

Mientras tanto, muchos cuestionan la decisión de Obama de retirar las tropas de Irak a fines de 2011 luego que los dirigentes del país se negaran a concederle a los soldados las protecciones legales que Estados Unidos reclamaba.

Mantener algunos miles de hombres en Irak le habría permitido a Estados Unidos tener mucha más influencia sobre el gobierno del chiita Nuri al Maliki, dijo convencido Nagl.

Y la decisión de Obama de enviar ahora a Irak 300 asesores militares es “el testimonio más claro de que estábamos errados, que nuestra política fracasó”, agregó. El veterano admite que el sectarismo de la política de Maliki jugó un “papel enorme” en la situación actual.

Maliki, en el poder desde 2006, es acusado de haber llevado adelante una política confesional que marginó a la minoría sunita, alienando también a sus socios kurdos y chiitas, preparando de esta manera el terreno a la ofensiva yihadista.

Hugues también cree que “el ataque del EIIL es culpa del gobierno de Maliki, quien alienó y discriminó a los sunitas”. Este coronel no ve cómo puede actuar Washington ahora. “El objetivo político de cualquier acción militar no está claro”, opina.

El mayor Andrew Rohrer estimó que la guerra en Irak es “un problema iraquí” que Estados Unidos no podría resolver “en 100 años”. La Asociación de Veteranos de Irak Contra la Guerra no quiere saber de una nueva implicación de Estados Unidos en el terreno.

“Aquellos de nosotros que estuvimos allí estamos bien situados para saber que las soluciones militares en Irak no son del interés de los iraquíes”, afirmó en un comunicado la Asociación.

Nagl tampoco sabe si la situación puede ser revertida. “Esto anda verdaderamente mal”, sentenció.

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