Los empresarios esperaban en la oficina con vista al puertito del buceo. Kimelman (66) y Lecueder (68) son amigos y se nota. En más de 25 años trabajando juntos en varios proyectos aprendieron a discutir, a ceder y a dejar a un lado las cuestiones personales siempre que fuera necesario. Para Kimelman lo central es que se divierten "mucho" trabajando juntos. "Si golpeo fuerte el piso, él me puede escuchar", dijo Lecueder haciendo referencia a la cercanía de sus oficinas, ya que el estudio Kimelman Moraes se ubica un piso más abajo. Entre risas, Kimelman respondió: "Y yo con la escoba golpeo el techo".
Diego Battiste
Para hablar del comienzo de su vínculo, deberían remontarse a los inicios del World Trade Center 25 años atrás. Fue su primer proyecto exitoso y el que los mantiene craneando y discutiendo (o peleando, como le gusta decir a Lecueder) hasta el día de hoy.
Sin embargo, prefieren rememorar otro punto de partida.
Era 1989 cuando se conocieron en una conferencia que Lecueder dio en la Intendencia de Montevideo sobre las actividades del Montevideo Shopping -que desarrolló junto a su padre, Luis-. Ese año Kimelman y Lecueder -que tenían entre 38 y 40 años- elaboraron dos proyectos comerciales para Ciudad Vieja, pero ninguno prosperó.
Treinta años más tarde, Lecueder le quita trascendencia al asunto: "Uno tiene más proyectos en la vida que no cristalizan que los que sí".
En 1991 los volvió a juntar la idea de crear edificios de oficinas y desde entonces, no pararon: WTC Montevideo aún no llegó a su tope, ya que una sexta torre está en construcción y piensan desarrollar una séptima. Además, se embarcaron juntos en otros proyectos: WTC Punta del Este, y otro WTC para Ciudad de la Costa, además de Carrasco Boating (un complejo en Ciudad de la Costa de dos torres que integran un proyecto de nueve) y el recientemente inaugurado hotel Soro (by Hilton).
A los empresarios se les infla el pecho de orgullo cuando miran las torres desde la rambla. Pero no dejan de hacer hincapié en los 25 años que pasaron desde que buscaron inversores y se unieron para dar vida al complejo empresarial, cuando no imaginaban en qué se terminaría convirtiendo, ya que el compromiso inicial que firmaron incluía una sola torre.
Terminó siendo uno de los complejos WTC "más grandes del mundo", según Kimelman, tanto por su cantidad de edificios como por la relación con el tamaño del mercado uruguayo.
Diego Battiste
Lecueder: Si cuando alguien llega a determinada cosa te dice que lo pensó al principio, normalmente es mentira.
Kimelman: El proyecto original se agotaba en esta manzana. No pensamos hace 25 años que iba a tomar este vuelo.
La dupla cree que al inicio fue clave el peso de la marca World Trade Center. Lecueder apuntó que era un desafío hacer un conjunto de edificios de oficinas fuera del centro, en una zona que era identificada como residencial. "Ahí evaluamos que el peso de la marca podía ayudarnos para dar importancia al complejo. Esa organización servía además para conectarnos con el mundo. De entrada nos ayudó mucho y fue importante para decirle a la gente que se venía algo importante", añadió.
Complementarios
Respetar la posición y el campo de acción de cada uno es otro aspecto clave en la efectividad de la dupla. "Cuando hay respeto es fácil", destacó Kimelman.
Lecueder repitió una broma que también hizo al teléfono, al momento de coordinar la reunión: "El arquitecto gasta el dinero y yo soy el que lo consigue para que él lo pueda gastar. Ese es el esquema".
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Fuera de ese tono, explicó que él prioriza más los números y Kimelman, la funcionalidad y la estética.
"Es un tema de formación. El buen arquitecto tiene que conjugar dos temas: el primero, la funcionalidad del proyecto. La opinión del arquitecto allí vale más. Lo segundo es la estética, que sea lindo, agradable y respete la comunidad que lo rodea. En tercer lugar, la eficiencia en materia de costos, pero ellos priorizan más las otras dos", indicó.
A Lecueder, por su parte, su posición lo lleva a priorizar la tasa de retorno. "Un negocio con tasa de retorno viable paga los sueldos e impuestos en fecha, cumple con la comunidad y con accionistas. Nuestra función está del lado de los números, claramente", dijo. Y añadió: "En ese juego de equipo a veces presionamos más para que el proyecto sea viable y la tasa de retorno sea mejor".
Lecueder: Esas son las tareas de cada uno, en las cuales por supuesto opinamos siempre. Cuando ellos quieren hacer edificios ovalados, uno tiene que oponerse (risas).
Kimelman: Y se oponen, ¡eh!
Por ser ovalada, Lecueder dijo -de nuevo en broma- que la sexta torre del complejo World Trade Center -y segunda de la zona franca- fue una batalla ganada por su amigo arquitecto, aunque enseguida, previo a soltar una carcajada, se corrigió: "no, ¡en esa perdió la sociedad!".
Llevarse bien trabajando no consiste en no discutir, sino en "saber discutir", agregó Lecueder. Admiten que en estos 25 años de trabajo continuo, han tenido "discusiones a patadas". "Lo importante en esto es que a veces uno tiene razón, a veces la tiene el otro y a veces uno tiene que ceder porque cree que el otro, por más que crea que no tiene razón, le tocó decidir, o sabe más. Es así. Hay que tratar que esas cosas permitan trabajar normalmente", subrayó Lecueder.
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Para Kimelman, tras las discusiones "generalmente gana el proyecto". "No siempre es blanco o negro, o gana uno y pierde el otro. Muchas veces surgen otras soluciones que no estaban pensadas al inicio y que resultan en un mejor producto y solución para un problema determinado. En ese vínculo generalmente se agudiza el ingenio", detalló.
Mercado tibio
Para Lecueder, el mercado uruguayo está "de tibio a fresco". Un lugar de crecimiento y desarrollo, opinó, es donde se enclava Carrasco Boating, sobre el Lago Calcagno, cercano al aeropuerto. "Es una zona separada de la ciudad, alejada del bullicio, con espacios abiertos, un lago. Todo eso convive en armonía en un lugar espectacular, que vemos que está creciendo. Pero estos procesos en Montevideo no son rápidos, llevan años. Hoy estamos haciendo la primera torre", señaló.
Kimelman, por su parte, acotó que cada cambio de gobierno genera expectativa positiva. "Estamos en ese proceso, sumado a que desde Argentina hay investigación y preocupación por colocar dinero en otros lugares. Creo que va a ser un año muy bueno de trabajo aquí y en Punta del Este, puede haber una reactivación del mercado".
¿Retiro?
La idea de retirarse de la actividad no está presente ni por asomo. Kimelman directamente jamás pensó en retirarse. "El día que me tenga que retirar me retirarán, porque yo difícilmente tome la decisión de dar vuelta la página. Me gusta mucho lo que hago, me siento absolutamente privilegiado por haber hecho en la vida las cosas que me gustan", manifestó.
Diego Battiste
Es un punto que comparte con su amigo y socio de negocios. Los seis hijos de Lecueder trabajan en el estudio, lo que lo lleva a pensar en "trabajar un poco menos" con los años. Porque actualmente, cuando uno entra al garaje sobre las 8 de la mañana, se encuentra con el auto del otro estacionado. Cerca de las nueve de la noche de cualquier día de la semana, juran que ambos vehículos seguirán ahí.