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Cinco canciones del Indio Solari, que festeja 70 años

El compositor y cantante argentino celebra sus siete décadas de vida, en las que se ha convertido en uno de los referentes máximos del rock de su país

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17 de enero de 2019 a las 17:40

Siete décadas atrás, en la ciudad entrerriana de Paraná, nacía Carlos Solari, que acabaría convirtiéndose en una de las figuras máximas del rock y de la música argentina, primero con su labor como compositor y cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y luego como solista, tras la separación de la banda en 2001. 

Ícono cultural, adorado por algunos de sus fanáticos casi como una figura religiosa (de hecho, sus shows en vivo son conocidos como misas), y reconocido por sus letras y su peculiar voz, a lo largo de sus décadas de actividad, Solari se ha presentado tanto como una figura misteriosa, dadas sus escasas apariciones públicas y su reclusión, como uno de los rockeros más adorados, en un nivel que pocas figuras, como Charly García, pueden igualar. 

"Yo me llevo para la mierda con esto de la popularidad, porque nos hemos formado en una cultura en la que, por distintos motivos, el anonimato fue lo más conveniente para la supervivencia", declaró a la revista Rolling Stone en 1999.

Con un disco nuevo (El ruiseñor, el amor y la muerte) publicado hace algunos meses, coqueteando con el retiro debido al Parkinson –ha anunciado su intención de despedirse de los escenarios con un show transmitido por streaming y luego con un último vivo–, la amplia carrera de Solari ha dejado decenas de canciones que se han transformado en himnos. 

Esta es una arbitraria selección de cinco de ellas, de diferentes etapas de su trayectoria, para celebrar sus siete décadas de vida. 

La bestia pop

Fue su primer hit. Compuesto junto a Skay Beilinson, la otra pieza musical fundamental de Los Redondos, es uno de los temas más conocidos de su cosecha, y fue parte de Gulp!, el disco debut de la banda. Como pasa con múltiples canciones que hayan surgido de la pluma de Solari, conocido por lo críptico de sus letras, ha dado pie a múltiples interpretaciones, entre ellas que se refiere al boxeador Carlos Monzón, o que es una burla a bandas como Soda Stereo, que en ese momento eran lo más popular de la música argentina. 

Solari dijo: "Es como una joda a nosotros mismos y al medio, pero no hay una ironía malsana, es simplemente un chiste. Y de acuerdo a como venga la noche, uno puede estar incitando a ‘brillar, mi amor’ o eso mismo se transforma en algo irónico", y explicó que la canción refiere a la masividad que estaba empezando a rozar la banda, así como los peligros de la exposición y la popularidad, entre los que se cuentan la mayor accesibilidad a las drogas duras.

Ji ji ji

Considerada como una de las mejores canciones de Los Redondos, el tema con el que hasta ahora Solari cierra sus shows en vivo, y seleccionada como la quinta mejor canción del rock argentino por MTV y Rolling Stone en 2002, fue parte del disco Oktubre, el segundo álbum de la banda. 

"Para mí es un poco la paranoia de la droga. No lo llamaría de la experiencia con las drogas –que en este caso tiene otra pretensión– sino que está hablando simplemente de cuando alguien está a la deriva dentro de esa situación", dijo el cantante sobre la canción en 2007. 

En 2018 se publicó el libro Oktubre, de la escritora uruguaya Carolina Bello, que narra desde la ficción el impacto del disco, y conecta la historia de los protagonistas con el final que Solari agregaba en las versiones en vivo, que hacían referencia a una mujer llamada Olga, residente de Chernóbil.

El pibe de los astilleros
 

Skay Beilinson, su esposa Carmen Castro ("La Negra" Poli, mánager de Los Redondos) y el propio Solari son los personajes retratados en esta canción, aunque el guitarrista es el protagonista central del título. Incluso luego de la separación de la banda, la dupla mantuvo una buena relación, aunque en 2009 comenzaron a lanzarse declaraciones cruzadas que ilustraban que las diferencias creativas habían sido más profundas de lo pensado. 

"Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo", dijo Beilinson a La Nación, mientras que Solari declaró meses después en un comunicado que la pelea surgió a partir de la negativa de Beilinson y Castro de darle copias de materiales audiovisuales del grupo. "Pedí se hicieran copias para tenerlas a mi guarda y que a su vez sirvieran de protección. Pero extrañamente, el tiempo pasó y siempre esgrimían una excusa. La noche definitiva (un rato antes estábamos en un bar hablando con un cronista sobre un próximo show) me puse firme en mi requerimiento y esa actitud desembocó (ante la negativa) en el rompimiento de la sociedad artística".

El tesoro de los inocentes
 

En 2004, Solari debutó como solista al frente de Los fundamentalistas del aire acondicionado. Bajo el seudónimo Artista Invitado, el argentino compuso todos los temas del disco debut del proyecto, incluyendo este que le da título y fue uno de sus principales éxitos. "Si no hay amor que no haya nada" es una de las frases más icónicas de su trabajo, y es la más reconocida de una canción que puede ser de amor, pero que también refiere a la pérdida, al dolor, al dinero y al egoísmo.

El ruiseñor, el amor y la muerte

Así suena el Indio Solari hoy. Esta balada, en la que su voz suena más cercana a un susurro, al hablar de amor y según su biógrafo Marcelo Figueras, del dolor de la despedida de la música y de los escenarios. Figueras explica que el ruiseñor es el símbolo de los poetas, y que la canción tiene como empuje el misterio que los rodea, y que siempre ha esforzado por mantener en su vida privada. 

Figueras escribió sobre el tema: "En Blade Runner (una peli que le gustó: en el ’98 describió la Finisterre de Último bondi como “una suerte de Ciudad del Este del futuro, donde podría ocurrir la Blade Runner del subdesarrollo”), Roy Batty se enfrenta consciente a sus últimos instantes, durante los cuales valora la vida más que nunca. Y el Indio parece estar arrimándose a ese estado de ánimo".

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