28 de enero de 2014 18:37 hs

El primer día de Keanu Reeves en Uruguay terminó entre fotos, champagne y cordero. Tras llegar a Montevideo, hospedarse en el Hotel Sofitel Montevideo Casino Carrasco y recorrer un poco la Avenida Arocena, el actor que llegó a Uruguay para asistir al casamiento de su amigo –el director Carl Rinsch (ver página 3 y 4)– decidió terminar su jornada con una cena en el restaurante García. El restaurante recibió a Reeves y a su asistente, una mujer que ronda los 50 años, para una cena íntima, lejos del abordaje constante de los uruguayos en busca de una postal con el actor.

La cuenta Reeves incluía papas con champigniones, ensalada mixta, tomate y palmitos, un vino de la bodega Bouza y limonada. Como plato principal pidió un rack de cordero, mientras que su acompañante optó por petit baby beef, plato que Reeves aseguró “probar sí o sí” si llegase a retornar al local.

Dos amigas que cenaban en el restaurante no sólo se llevaron una foto con la estrella, sino que fueron agasajadas con un champagne con el que Reeves las invitó desde la otra mesa, en un actor de galantería digno de una película de antaño.

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Las lluvias de ayer hicieron que Reeves optara por las compras. Cerca de las 11, el actor y su asistente entraron al local de Magma ubicado en Arocena y compraron ropa. Las trabajadoras del local contaron que Reeves asesoró a su acompañante sobre qué adquirir.

Previo a su retirada habló con El Observador y afirmó que Montevideo es “hermoso”. “Estuve durante dos días y conocí mucha gente muy agradable”, dijo. Sobre la boda de Rinsch, afirmó: “Siempre es lindo cuando un amigo se enamora y se casa. Estoy esperando que llegue el día”.
Rinsch fue el director de 47 Ronin, la última película de Reeves en cartel.

Las artes marciales han sido un elemento en común en muchas películas del actor, que se hizo famoso por su papel de Neo en Matrix. “Siempre fueron una buena combinación. A las personas les gustan las películas de kung-fu, a mi me gustan desde hace mucho como experiencia cinematográfica. La acción es algo muy emocional y en el cine puede ser muy dramática. Creo que es una buena pareja”, comentó.

Sobre la industria del cine, el actor dijo que es un momento “muy emocionante” para los narradores de historias. “Los medios de producción son más baratos entonces muchas personas hacen películas, hay muchas formas de ver contenido por streaming (…) Hay formas de hacer películas tan variadas como la experiencia humana”, agregó, antes de subirse al auto y seguir con su día.

La huída

Tras sus compras en Carrasco, Reeves partió rumbo al Este. A la hora 15:30 se suponía que el actor iría al restaurante La Huella, ubicado en José Ignacio. La reserva estaba hecha para ocho personas con un menú vegetariano. A la hora 16:30, Reeves bajó de un auto BMW negro, portando una campera de lluvia.

Enseguida, el actor se mostró amable con los cuidacoches y niños que se arrimaron a pedirle una fotografía. Al notar la presencia de algunos fotógrafos, Reeves decidió dar media vuelta y retirarse. Así como llegó, se subió y partió, en busca de un poco de tranquilidad.

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