Personajes > Lourdes, mamá de Agustín Casanova

Cómo es ser la madre de una estrella pop

Lourdes Sommaruga pasó de una vida en el anonimato a ser reconocida y admirada por ser la madre de Agustín Casanova

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12 de mayo de 2019 a las 05:01

Hacía casi tres años que Lourdes Sommaruga pasaba días y noches enteras en el viejo hospital Larghero. Su padre, Walter, estaba muy mal, y sus estudios en enfermería la ayudaban a lidiar con ese período tan difícil. El 16 de abril de 1993, mientras estaba en ese sanatorio, comenzó a sentirse mal. Como ya conocía a todos ahí dentro, fue hasta el laboratorio y pidió que le hicieran unos exámenes. Al ratito le fueron a avisar: "Mirá que estás embarazada". Junto a su esposo Daniel ya tenían dos hijas, Soledad y Lucía, y que viniera un bebé en camino en ese momento tan delicado era muy complicado para ella. "¿Cómo hago?", pensó. Volvió a la sala donde estaba su padre y le contó la noticia. Horas más tarde, en la madrugada, Walter murió. Y para ella fue como si le hubiese dicho: "Ya me cuidaste bastante, es hora de que cuides al que viene". Nueve meses después, el 14 de diciembre, nació Agustín Casanova.

Cuando Agustín tenía apenas dos años solía ponerse un gorro azul y, como podía, se subía primero a una silla y después a la mesa del comedor para ver su reflejo en el televisor. Pedía que le alcanzaran un pianito que tenían y comenzaba a cantar. "Seeeecauuuuu", repetía. Con la pronunciación propia de las palabras que tiene un niño de esa edad estaba entonando el tema Con los años que me quedan, de Gloria Stefan. "Sé que aún me queda una oportunidad", era el verso inicial de la canción.

Esa es la primera imagen que su madre, Lourdes Sommaruga (56 años), tiene de su hijo vinculada con la música. La siguiente incluye una guitarra. Sentado en la cama y con el instrumento en su falda, Agustín pedía que le dijeran una palabra y con ella componía una canción. Cuando era más grande llegaron las guitarreadas, esas que los padres organizaban con sus tres hijos en noches de apagón. Incluso a veces, sin que sus hijos se enteraran, bajaban la llave general para hacerles creer que había corte de luz y así dar comienzo a la ronda familiar.

Durante la infancia de sus hijos, las finanzas del hogar no siempre estuvieron del todo bien. La crisis de 2002 fue un golpe para ellos, como para muchísimos uruguayos, y debieron enviar a Agustín a la escuela pública. Nunca dejaron de tener qué comer, pero en ocasiones de "economía de guerra", lo que podían ofrecerles a sus hijos era un plato de arroz con atún. Ella recuerda ese período con cierta amargura, aunque se congratula de que esa sensación no bajaba a los más chicos de la casa. Tanto que un día, Agustín volvió de la escuela apenado porque habían tenido que contar sus problemas familiares y él se sintió mal al ver que sus compañeros expresaban diferentes situaciones y a él no se le ocurría ninguna. Era un niño feliz, y rodeado de canciones.

Sin embargo, Lourdes jamás pensó que su hijo menor se iba a terminar dedicando a la música, y mucho menos que fuera una estrella pop –primero con Márama y ahora en su carrera solista–, y por ende tampoco se imaginó lo que eso iba a acarrear.

Desde que su hijo saltó a la fama, el asedio de los (y sobre todo las) fans ha sido constante. Ya no atiende el timbre si no le avisaron antes que iban a ir por su casa, porque tocaban a cualquier hora con tal de poder ver a su hijo cuando aún vivía con ellos. E incluso cuando se fue siguieron tocando. Tampoco atiende el teléfono fijo, cuyo número está en la guía. La última vez que lo hizo, una señora del otro lado del tubo, que parecía no ser muy coherente en sus dichos, le pedía si le podía facilitar los contactos de Marcelo Tinelli y de Luis Suárez porque tenía propiedades para ofrecerles. Ese día, y después de una hora de perorata sin sentido, desconectó el aparato y nunca más lo volvió a enchufar.

Lourdes es una madre presente, al igual que el padre. En cada show que da en Montevideo se sienta en primera fila, o en el piso debajo del escenario, y escucha una y otra vez los mismos temas como si fuera la primera ocasión. Le saca fotos, graba videos, sonríe y canta sin parar. También, cuando puede, se escapa junto a Daniel a Buenos Aires, donde ahora vive su hijo, y le invaden por unos días su casa. Todavía le dice que se abrigue antes de salir a la calle, y se considera su principal fanática. "Si no soy la fan número 1, ¿quién va a ser?".

Él es menos demostrativo –a veces, solo a veces, un tibio mensaje de afecto con un "Ma, los extraño" le llega a Lourdes al celular–. Pero todavía depende en parte de ella. "¡Mamá, mamá! ¿Dónde está mamá? Necesito a mamá", le exclamaba la semana pasada a su padre mientras estaban en la inauguración de una tienda de ropa en Punta Carretas Shopping. Ambos lo habían acompañado al evento, para el que había sido contratado.

La relación de Lourdes con los fans no se limita a los momentos de acoso. Para ella es también una tarea agradable poder ser el nexo de las fanáticas con el ídolo teen. "Las fans te ven, y como no pueden ver a Agustín te tocan, o se ponen a llorar. En los primeros tiempos decíamos 'Dios mío, ¿qué es esto?'. Ahora ya nos acostumbramos un poquito más". Aún recuerda cuando tenía 25 años y, con toda la ilusión del mundo, fue a ver al Puma Rodríguez al Palacio Peñarol. Le tiró el reloj que le habían regalado a sus 15 con la esperanza de que lo viera y se le acercara para devolverlo y abrazarla, pero nunca ocurrió. El reloj quedó tirado sobre el escenario.

En los conciertos de su hijo, buena parte de los regalos que el público le lleva son recibidos por ella, y se asegura de llevarlos hasta el camarín de Agustín para que lleguen a buen destino. Además, cuando alguien le pide que quiere pasar al backstage a darle un beso o sacarse una foto con Agustín intenta mediar con el personal de seguridad para que el sueño se cumpla. Y cuando no lo logra, un abrazo maternal en el medio del llanto de las fans les sirve de consuelo.

"Que se pongan a llorar me da mucha pena, porque siento los nervios, la tristeza o la ilusión de que necesitan conocerlo. Yo no me doy cuenta porque soy la mamá, pero necesitan eso. Entonces tengo que volver atrás, a cuando tenía aquel fanatismo por el Puma".

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