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Con Arata está robado: Christians campeón con un partido perfecto de su figura

El azul goleó 43-13 en la final a Old Boys y es campeón uruguayo, tras un primer tiempo parejo, el medioscrum hizo la diferencia

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17 de noviembre de 2019 a las 00:22

De vez en cuando, a algún veterano del rugby le da escozor cuando en las transmisiones de TV se elige al jugador del partido. El rugby es un deporte de equipo y las estrellas no existen, aseguran. Y a grandes rasgos tienen razón. Es cierto que siempre hay figuras, pero como en ningún otro deporte, la figura no puede hacer nada sin sus compañeros.

Eso siguió siendo cierto hoy en la final del Campeonato Uruguayo, en la que Old Christians goleó 43-13 a Old Boys para levantar la cuarta copa en cinco años. No se gana con un solo jugador ni con una sola idea o argumento. Pero también es cierto que, esta tarde, un jugador tuvo una actuación desnivelante. De otra galaxia..Demasiado superior a la media. Tanto, que fue el factor decisivo: el que destrabó un partido parejo y abrió la puerta a que Old Christians concretara todas las virtudes que había dejado entrever en el partido.

Ese factor X se llama Santiago Arata. Un jugador de nivel europeo jugando el campeonato uruguayo, que apareció en todos los momentos clave. Concretó un hattrick, con los dos primeros tries viniendo de tapping en salidas de Old Boys, mostrando su velocidad física y mental. Estuvo afuera en cuartos de final y en semifinales, recuperándose de una lesión en la mano que sufrió en el Mundial. No jugó al 100% en la final, lo que deja planteada la duda de cuánto más hubiese hecho jugando al 100%.

Hasta las apariciones estelares de Arata era un partido muy parejo, en el que ambos mostraban algunas de sus armas pero no podían terminar de desarrollarlas. Ante todo mucho pie: ambos decididos en usarlo hasta agujerear una nube y aburrir a los espectadores, buscando el error rival para tener buenas condiciones de terreno para largar su juego.

¿Cual era el juego de Christians? Se mostraba superior en el scrum, y también en el contacto cuando conseguía ganar el duelo de kicks y se largaba a jugar en campo rival. Pero no terminaba de aprovecharlo por algunos errores de manejo y por una buena defensa de Old Boys que entreveraba el breakdown. ¿Cuál era el de Old Boys? Arrinconar a Christians con el pie, obtener en el line out y hacerle daño con el maul o con el juego abierto, especialmente cuando ponía a Juan Manuel Cat  en posición de correr y atacar espacios. Además le robaba cuatro lines al azul, que así perdía una herramienta de obtención clave.

Pero todo eso no alcanzaba más que para un penal para Christians (desde un scrum) y uno en el breakdown de Old Boys, luego de robar un line azul. El resto era el try de Arata a los 39’: se escondió del lado del ruck del que los medios de Old Boys tenían menos campo visual, se puso de cuclillas como un corredor de 100 metros, arrancó con aceleración supersónica cuando Stefani sacó el pase atrás a Panchi López, y cuando éste soltó la pelota para patear, ya tenía al Rata encima, que tapó el kick para el primer try.

El partido de iba al descanso 10-6 y con los dos sabiendo claramente lo que necesitaban corregir. El tema fue que, a partir de ese momento, todo, absolutamente todo, fue de Christians. 

El quiebre fue a los 43, con la misma receta del primero: ruck, pase atrás del 9 al 15 y otra vez la rata escondida en su escondite, para salir, correr, tapar , recuperar y apoyar. Tan supersónico que el referee Francisco González consultó al tmo para chequear si no habia offside. No había manera de tapar esa pelota tan rápido, al menos para un terrícola.

Fue el quiebre del partido. Nueve puntos arriba, Christians se sintió más cómodo que nunca y arrinconó con el pie y la presión defensiva a Old Boys, que cometía errores de manejo y con eso le regalaba la mejor formación del azul, el scrum, que a esta altura pasaba a ser apabullante. Tanto que a los 20’ conseguía un penal bajo los palos (después de una jugada de varias fases yendo hacia adelante, con inercia como no había tenido en todo el partido) y el azul pidió scrum. Se llevó puesto al scrum azulgrana y Diana apoyó el 22-6. Y cuatro minutos después, tras otro scrum, Arata recibió de Diana, Alfonso Cat salió a taparle el pase afuera y el Rata, con una rendijita de espacio abierta, enfiló para adentro, se le fue a Juan Manuel Cat y apoyó su hattrick, para el 29-6.

A partir de ahí ya no hubo más partido. Old Boys salió a quemar las naves, tuvo sus mejores minutos del partido y llegó a un try de tapping, de Albanell tras patada de Favaro, para el 29-13-. Pero Christians era superior en el juego y sobre todo de la cabeza, y llegaba a otro try: presión en campo rival, mala patada de Davanzo y Manuel Martínez, que había entrado como medioscrum (Atata siguió pero como wing) recibió, amagó el pase pero vio que enfrente no tenía marcas y apoyó el 36-13. Y un par de minutos después, tras un pick and go desde un line, Felipe Inciarte apoyaba el try que marcaba una diferencia de 43-13. Impresionante para una final, pero la diferencia de tener en cancha a Santiago Arata, que hizo lo suyo y le abrió la puerta a que Christians trasladara a puntos todas las virtudes que tuvo en la tarde del Charrúa.

Christians vuelve a levantar una copa, esa que en 2018 se le escapó por no más de 10 centìmetros, en la definición por penales ante Trébol. En un año donde perdió a muchos de sus jugadores de selección y lo sintió (pero los recuperó en la final y fueron clave), donde perdió a Guzmán Barreiro, su head coach y el hombre que transformó la mentalidad competitiva del club y la arquitectura de un plantel que hoy tiene más de 100 jugadores y es el secreto detrás del éxito. Donde perdió con claridad con Polo y Old Boys en la fase regular, y fue apabullado por momentos por el azulgrana en el scrum en el año. Christians se repuso a todo eso y mostró que es un club, con mayúsculas. Que cuando falta uno aparece otro. Y que su modelo de éxito ha marcado la era contemporánea del rugby uruguayo, haciendo que el resto trate de imitar. Además de todo eso, hoy, tuvo a un extraterrestre, Y todo eso es demasiada diferencia.
 

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