30 de agosto de 2017 6:49 hs

A día de hoy, es casi imposible:

  • estimar acertadamente qué cantidad de nutrientes y energía tiene un alimento para hacer una referencia.
  • conocer cuánto se parece el alimento que se come a ese que una vez se analizó.
  • saber cuánto aprovecha el cuerpo.
  • conocer cómo responde el organismo ante ello.

Para eso el organismo utiliza un mecanismo que funcionaría como una especie de termostato que envía señales de cuánto se debe consumir. Ese mecanismo se llama apetito.

Sin embargo, en un mundo obesogénico como el que vivimos consumir los alimentos conforme indica el apetito es algo prácticamente imposible. Desde que uno se levanta de la cama está expuesto a estímulos que conducen al consumo excesivo tales como publicidades, disponibilidad exagerada de alimentos, múltiples puntos de adquisición de los mismos. Asimismo, la mayoría de los alimentos a los que se accede son de escasa calidad nutricional, con ingredientes baratos, vidas útiles muy largas y muy palatables.

Más noticias

Es conveniente crear un entorno saludable que permita comer sano en este ambiente. Para ello, uno debe rodearse de alimentos saludables, lo más naturales o mínimamente procesados que sea posible. En ese contexto, el apetito sí servirá como una guía para satisfacer las necesidades energéticas, porque así se considera otro aspecto muy importante que es la saciedad.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos