Nosferatu es un verdadero clásico del cine y uno de los retratos más icónicos de Drácula, el legendario vampiro concebido por Bram Stoker. La adaptación no autorizada de la novela del autor irlandés es un referente del género del terror y Friedrich Wilhelm Murnau, su director, es considerado un maestro gracias al uso dinámico de la cámara (para la época), la iluminación y la creación de un ambiente lúgubre que la tiene como un título muy influyente del expresionismo alemán.
Pero lo más notorio de la película es que, hasta hoy, sigue siendo capaz de poner los pelos de punta gracias a la actuación del alemán Max Schreck como el Conde Orlok, el vampiro de aspecto cercano a una rata antropomórfica que protagoniza la cinta muda en blanco y negro estrenada en 1922.
Casi un siglo después, el filme puede verse y descargarse legalmente en su totalidad en el Archivo de Internet (archive.org). Pero en vísperas de Halloween y el Día de los Muertos, existe una mejor cita para disfrutar y atemorizarse con la obra de Murnau en Uruguay. Ayer y hoy el Teatro Solís –en una coproducción con el Teatro Colón de Buenos Aires y el Centro Cultural de España– exhibe Nosferatu con la música en vivo de la Orquesta Filarmónica de la Intendencia de Montevideo, que contará con la partitura del compositor español José María Sánchez-Verdú.
Con una partitura creada originalmente por encargo del Teatro de la Zarzuela y la Orquesta de la Comunidad de Madrid en 2002, el español compuso la música para el filme en cinco actos diferentes. Sánchez-Verdú no se considera un compositor de cine, según explicó en entrevista con El Observador, por lo que tomó una aproximación más "contemporánea y personal" al momento de concebir una interpretación de esta magnitud.
"Es una música personal. El ruido está integrado. Los instrumentistas utilizan técnicas no tradicionales. No juega con clichés de la música de cine. Prácticamente no hay melodías", explicó el español, quien explicó que su música trata de seguir la narrativa interna de los personajes. "Todo es un fluir, desde el principio hasta el final. Hay silencios y texturas casi irreconocibles, como si fuera el rumor de los proyectores antiguos", describió.
Así es que Sánchez-Verdú provee de sonidos y sensaciones a una obra que casi perece en el ostracismo. Debido a que Murnau no quiso pagar las regalías a la familia de Stoker por basar el guión en la novela, alteró los nombres y su locación. Sin embargo, la viuda del autor, Florence Stoker, ordenó quemar varias de las copias originales de la película. Pero gracias a la inmortalidad que rodea a todo vampiro, otras copias conservadas de la obra fueron apareciendo y para 1928 Nosferatu terminó en las manos de los estudios Universal, quienes lanzaron el filme con los nombres originales de los personajes de Drácula.