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La vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, saluda durante la conmemoración del 50 aniversario del retorno del expresidente Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio, en La Plata (Argentina).

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Cristina, en su medida y armoniosamente

La vicepresidenta lideró un acto masivo y pasó un mensaje para los gordos de la CGT y el albertismo residual

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18 de noviembre de 2022 a las 13:07

La vicepresidenta protagonizó un acto masivo por el día de la militancia en el Estadio Único Diego Maradona de la Ciudad de La Plata. Abrió de par en par la puerta de su candidatura presidencial. No hubo confirmación, pero volvió a dejar en claro que el actual gobierno no la representa.  “Cuando fuimos gobierno”, dijo a pesar de haber llegado en el helicóptero presidencial.

Cristina Fernández de Kirchner lo hizo otra vez. Su trayectoria, su peso político y sus largos silencios construyeron otra vez una gran expectativa antes de su aparición. No falló. La centralidad política volvió a ser de ella. Los canales de televisión lo transmitieron como si se tratase de una cadena nacional. Pero esta vez los matices fueron diferentes. No cuestionó al gobierno de Alberto Fernández,  directamente lo omitió. Cambió el tono bélico por uno más moderado. Parada sobre la certeza de que las diferencias con la gestión de la que forma parte son claras decidió hablar del pasado, de los tres gobiernos kirchneristas, y del futuro.  

El acto montado para festejar los 50 años del regreso de Juan Perón a la Argentina tras 18 años de exilio pareció el lanzamiento de la campaña presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, pero no lo fue. La vicepresidenta pareció hacer un llamado al diálogo, pero tampoco fue así. Juega con la ventaja de saber que la oposición lo rechazará. Pareció llamar a dar una discusión profunda sobre la seguridad y dejar de lado el debate “berreta” entre “garantistas” y “mano dura”. CFK lee las encuestas como una precandidata lo haría y sabe que en la provincia, donde radica el mayor caudal electoral, la seguridad está al tope de las prioridades. Nunca había hablado de esto. La expresidenta pareció dar un discurso que la posicione por arriba del resto de la arena política, pero en realidad está pendiente de la chiquita, del armado de las listas para el 2023. Nada nuevo bajo el sol platense.

Atentado, violencia y después. ¿Hay margen para un nuevo acuerdo democrático? ¿Todo tiene destino de grieta en Argentina? CFK hizo referencia al atentado que sufrió. Pidió que la política se depure. Clamó por límites para “el lenguaje de odio”. Reivindicó el gobierno de Hipólito Yrigoyen, le hizo un guiño a los radicales y aprovechó para señalar la continuidad histórica del “partido militar” en el “partido judicial”. Todo caerá en saco roto. El dirigente es el mensaje. Nada que salga de la boca de CFK servirá para tender puentes. Ella lo sabe. Cuanta con el condicional apoyo de una buena parte de la oposición que cae en la trampa. Se amontonan en la puerta de Twitter para disparar 140 caracteres que los pongan primeros en el ranking de antikirchneristas.

¿Hace falta que CFK diga que va a ser candidata? “Todo en su medida y armoniosamente”, dijo la vicepresidenta cuando las más de 60 mil personas (según la organización) que colmaron el Estadio Diego Maradona cantaban: “Cristina presidenta, Cristina presidenta”.  Horas antes de que arranque el acto, la presidenta del bloque Unidad Ciudadana en el Senado de la Nación, Juliana Di Tullio, dijo: “No tengo dudas que será candidata”. Está claro, la vicepresidenta no tiene que anunciar su candidatura, sólo tiene que correrse en caso de que no quiera competir.  Genera suspicacias si, que esto se de a días de conocerse el veredicto judicial en la  causa Vialidad para la cual el fiscal le pidió 12 años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. La belicosidad contra lo que ella llama “el partido judicial” ¿ es una manera de anticiparse a un veredicto condenatorio?

El camino elegido por CFK para su discurso fue amplio y variopinto. En poco más de una hora habló de la proscripción del peronismo, hizo referencia al paso de Patricia Bullrich por Montoneros, aunque no mencionó con nombre y apellido a la presidenta del PRO. Marcó una continuidad entre lo que fue el “partido militar y el “partido judicial”. Repasó la distribución del ingreso a lo largo de los años. Habló de seguridad, pidió por el desembarco de gendarmes en la provincia de Buenos Aires “como en nuestro gobierno” (2003-2015). Convocó a los partidos políticos a establecer un nuevo pacto democrático para frenar la violencia. Fijó posición sobre Aerolíneas Argentinas. Destacó el potencial de Vaca Muerta. Más allá de la potencia del temario, la vicepresidenta nunca abandonó el tono moderado. “No es para silbar, es para pensar”, frenó en más de una oportunidad a la militancia. Porque el tono también es el mensaje.

La entonación elegida maridó bien con la escenografía. Colores alegres, DJs y corazones en las pantallas fueron parte del marco. Algo así como “el amor vence al odio”, pero versión audiovisual. La puesta en escena fue admirada desde las primeras filas por referentes de casi todas las ramas del kirchnerismo que fueron ubicados en unas incómodas sillas blancas de plástico. Desde Claudio Lozano hasta Pablo Moyano, pasando por intendentes, diputados y senadores.  

El camino marcado por Cristina Fernández de Kirchner en su discurso desembocó en una consigna sencilla y para nada novedosa. Una suerte de remake de “el candidato es el proyecto” o “hay que elegir entre dos modelos de país”. En este caso la vicepresidenta dijo: "Podemos volver a ser esa Argentina; la gente tiene que decidir si quiere". “Esa Argentina”, a la que se refirió, es la que gobernó el kirchnerismo entre 2003 y 2015. No ésta de la cual no se reconoce parte. Irónicamente, justo el jueves mientras Alberto Fernández volvía de su accidentada gira, era ella quien ejercía la presidencia.

El acto cumplió con su misión. Ratificación de identidad y de liderazgo. Dejó sembrada la posibilidad de la candidatura presidencial y evidenció el intento de utilización de un nuevo tono para el debate político. CFK se autoproclamó única garante de la unidad del peronismo. Mensaje para los gordos de la CGT y el albertismo residual. La carrera ya está en marcha, no hubo confirmación de candidatura, pero las encuestadoras ya tienen a quien medir.

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