22 de octubre 2013 - 16:34hs

A una cuadra de la rambla, en una esquina de Malvín, viven los tres hermanos Dalton, como los bautizaron por su parecido con unos dibujitos animados que homenajeaban a célebres ladrones estadounidenses. Ellos son: Orlando Fernández, el mayor, bajista de Buitres; Marcelo Fernández, el menor, guitarrista de Buenos Muchachos; y Pedro Dalton, el del medio, voz de Buenos Muchachos.

El viejo hogar parió cuatro casas: una para cada hermano y otra para Martha Borsani, dueña de los rasgos que estampó en las caras de sus tres criaturas. El padre de los Dalton, Orlando Fernández, saxofonista que tocaba jazz en cabarets y el clarinete en la banda Policial, falleció hace unos años. “Piraba con nuestra música”, recuerda Pedro.

En un libro publicado este mes, “Rengos con Nike. Conversaciones con Pedro Dalton y Los Buenos Muchachos”, el periodista Nelson Barceló reconstruye la historia de la familia, de Pedro y su banda. En esta entrevista, Pedro cuenta algo que quedó fuera del libro: los problemas respiratorios que curten su voz.

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"Rengos con Nike", de editorial Estuario, es una joya para fanáticos. Y si algo tiene Buenos Muchachos, además de discos espesos y puntiagudos que perforan piel y corazón, es fanáticos. No son muchos, no son multitud, pero llenan cada sala. Esta noche y mañana, coparán por primera vez la sala mayor del Teatro Solís.

¿Cuesta ver la vida en un libro?
En un momento no podía entender las cosas que yo decía y la manera en que las decía. Esto está mal dicho. Está todo mal. Y el loco (Nelson Barceló, el autor) me dijo: “Esa es la gracia un poco de tu forma de hablar”. Como hablo mucho y desordenado, lo empecé a ver reflejado, que nunca me había dado cuenta. Lo terminé entendiendo y me encantó.

En una entrevista que tiene algunos años, Carlos Tanco se define como “un clásico burgués con culpa”. Usted cuenta en el libro que se crió en un apartamento de Pocitos "con una empleada con cama". ¿Sintió alguna vez esa culpa burguesa?
Así como nací en Pocitos, fui al Elbio Fernández, un liceo privado, después de ahí me pasé al Suárez (el liceo público de Pocitos), después fui a la UTU de ayudante de arquitecto y milité en la juventud comunista. Yo no tengo culpa de nada. Los sentimientos son los sentimientos y las ideologías son las ideologías. En realidad, sí tuve una transición de tiempo que me daba culpa, cuando me gustaba el punk rock y todo eso. “Ah, mirá el nene de Pocitos que viene para acá”. Esas cosas obviamente me pasaron, pero más que nada cuando era más pendejo. Después de grande dije: “Soy esto, yo no tengo culpa de nada”. Vivo acá en Malvín porque era un terreno de mi abuelo, porque yo no podría pagar un alquiler acá con la guita de Buenos Muchachos. O sea, si tendría que pagar cualquier alquiler tendría que estar trabajando, me tendría que haber puesto a pintar de vuelta, porque no es fluida la historia de la guita. Con Buenos Muchachos vas, tomás whisky importado ahí en el fondo de La Trastienda, tenés las cocacolitas, tenés todos los sandwiches. Y al otro día, hasta que no cobrás, pintó el pan con manteca. Lo lindo de la vida es como que la riqueza también está en curtirlas todas. Mi primer trabajo era con un flaco que hacía reformas de casas y yo era peón.

¿Cuándo fue eso?
En el 99, en la época del Aire Rico (el segundo disco de la banda). Empecé haciendo eso y después aprendí a pintar y me quedé pintando casas. Después conseguí laburo en casa de unos amigos de unos familiares. Viven en Carrasco, tienen una casa muy grande. Les hacía el mantenimiento, laburaba todo el año ahí, lijando madera, barnizándola.

¿Hace cuánto largó eso y vive de Buenos Muchachos?
Creo que llevo como tres años ya. Viviendo calladito la boca, pagando las cuentitas que hay que pagar pero sin pagar alquiler. Si tengo que pagar alquiler… Una noche que nos juntamos con Juan Zas, de la Vela (Puerca), me dijo: “Tocando solo en Uruguay no vivís de la música, ni ahí”. La Vela es una banda que mete una vez al año 18 lucas de gente (tocaron ayer y repiten hoy en el Teatro de Verano). Pero esa guita no te da para todo el año ni a palos. Entonces, giras en Alemania, España, Argentina. En Alemania creo que hicieron 57 fechas en 60 días. Ojalá que sí, pero yo no sé si aguanto la toma esa a esta edad. La Vela es una banda que tiene mucho entrenamiento y se la rebancan. Siempre están acostumbrados a shows de dos horas y media. Nosotros somos una banda que fue creciendo la cantidad de tiempo (de los toques) y nos endulzamos a meter más temas. Acostumbramos a la gente a tocar 28 temas de Buenos Muchachos, largos, de siete u ocho minutos, con el miedo de “se van a aburrir”. Pero siempre piden más, siempre piden más.

Hace poco en La Trastienda dieron dos shows. En el primero no hicieron ningún bis y en el segundo hicieron seis o siete. No paraban.
Eso fue tipo “ahora sí hay que quemar todos los cartuchos”. Pero tenés que cuidarte. Yo tengo 45 años, fumo mucho.

¿Cómo está de salud?
Bien. Me hice un chequeo a los 42 y no tengo nada. Colesterol malo, moderado. Colesterol bueno, muy alto. Estoy calladito la boca también. Hay que aprovechar la movida. Lo único que tengo que solucionar es que duermo muy mal y tengo problemas de apnea. Estás en el horno y cuanto más veterano eso empeora. Y te podés morir, te puede dar un ACV (accidente cerebrovascular). Yo tengo problemas respiratorios desde los nueve años, tengo esta voz desde los nueve años, mismo. Tuve una bronquitis de pendejo. Al ser gente bien comida también te salvás de un montón de pelotas. Ahora fui al neumólogo, me mandó el estudio del sueño, fui a dormir a un lugar, en Buenos Aires. Ronco como una bestia y tengo apnea severa. Son como muertes chiquititas: dejás de respirar. Me lo explicaron todo. Cuando dormís y tenés problemas respiratorios no le mandás oxígeno al cerebro. El hemisferio izquierdo duerme y descansa, y el derecho, sueña. El hemisferio izquierdo se tiene que despertar y mandar la orden a los pulmones de respirar. Entonces, nunca lográs el sueño profundo. Por eso yo me duermo en todos lados, en el bondi, en el cine. Me terminé comprando un CPAP, un aparato para respirar. Te ponés una máscara de noche, lo prendés y agarra el aire ambiente y manda el aire a los pulmones y de ahí al cerebro.

¿Duerme todos los días con el aparato?
Todos los días. Ahora no me lo traje. Lo dejé allá (en Buenos Aires, donde vive su pareja).

¿Pero se lo tomó en serio?
Y sí. No voy a morir de eso. Sería una desgracia, sería un pelotudo. Es como la ruleta rusa: estás jugando y tuc. Recién me lo compré. Dormí unos siete días con él. Y tuve problemas. Ya me dijeron, a todo el mundo le pasa. Dormí medio de costado, me quedó toda apretada la nariz, no me bancaba la máscara. Además me da un cachito de miedo. Solo con el aparato prendido al lado mío, no. Quiero que esté mi mujer ahí, por las dudas.

A los nueve años se rompió los dientes y hablaba como habla ahora. Ahí se convirtió en Pedro Dalton (Pedro, por su parecido con Picapiedra).
Cuando era chiquito tenía voz gruesa. Yo iba con Giguens, el de Peluffo Giguens, ese era mi médico, primo de mi vieja. Cuando empecé a fumar, a los 13 ó 14 años, me decía: “Tenés un ruido en los pulmones que te asustaría de solo pensarlo; largá el pucho”. Pero tampoco me podía decir mucho porque él fumaba como un animal. Un tipo alucinante.

¿No pintó dejar el cigarro?
No pintó. Ahora estoy pensando en fumar habanillos. Es como una forma de fumar menos.

Vamos al Solís. ¿Cómo surgió la idea?
A nosotros nos gustan mucho los teatros. Meternos en un teatro te coloca en una situación diferente. Cuando metés mucho boliche, tenés una lista de temas y vas y la tocás. Cuando hacés teatro, tenés que darle un nombre, tener un entorno. Lo lindo que tiene el teatro es que se ve muy bien y se escucha bien. Tiene dos contras: tenés que estar bien vestido y sonar de puta madre. Y si queremos hacer teatros, el ícono es el Solís. No era fácil, pero somos una banda conocida, tenemos 22 años, seis discos, hemos pasado por teatros, gente sentada, nunca se rompió una butaca, somos reprolijos.

¿Habrá invitados?
No. Vamos a tocar solos. Hacerlo solos genera intimidad y en un lugar tan grande queda bueno.

¿Qué van a hacer?
Agarramos cinco temas de cada disco. Son 30 canciones. Es un repertorio no tradicional y bastante raro. Las canciones más densas, las canciones más tranqui. No hay casi canciones de las que nos llevaron al Solís.

Los Buenos meten un toque grande cada tanto. Es como un empuje nuevo.
Es aire rico.

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