3 de diciembre de 2015 5:00 hs

Luego de 10 años de crecimiento "sostenido", "fuerte" e "inclusivo" en los que Uruguay logró reafirmar su capacidad de recuperación y reducir su vulnerabilidad a los impactos externos, el país se enfrenta a desafíos y obstáculos que han comenzado a limitar las oportunidades de desarrollo futuro y para poder mantener su senda de expansión.

Ese es uno de los planteos centrales del informe titulado Los desafíos de crecer con equidad, presentado ayer por el Banco Mundial y que realiza un diagnóstico del país. El trabajo destaca que "los sólidos resultados económicos" y el progreso registrado en relación a la reducción de la pobreza extrema y el impulso de la prosperidad compartida se han enmarcado en dos características: el hecho de que Uruguay es una economía pequeña y abierta, y su fuerte contrato social.

En ese contexto, se identifica algunos "cuellos de botella" que Uruguay debe considerar para tratar de sostener el crecimiento en un entorno externo complejo y que se vinculan con el empleo, la educación, la infraestructura y el envejecimiento de la población.

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El trabajo da cuenta en primer término de que el modelo de generación de empleo basado en la expansión hacia mercados mundiales, aumentos salariales dirigidos a reducir la desigualdad de ingresos y la ampliación progresiva de un modelo de bienestar social enfrenta desafíos.

Eso responde a las condiciones mundiales menos favorables, con precios más bajos para los productos básicos y una menor demanda.

Educación y formación


El déficit de la educación y las competencias es otro aspecto que se marca entre los desafíos a la sustentabilidad de los logros alcanzados hasta el momento. El economista del BM, Alan Fuchs, explicó a El Observador que los niveles de educación en Uruguay le ayudaron a crecer desde mediados del siglo pasado, y que la dotación de capital humano y de competencias del país han sido una "piedra angular" en su capacidad de innovar en áreas como agricultura, software y servicios no tradicionales.

"Se tiene que invertir mucho en el sistema educativo y en la capacitación en el trabajo", dijo Alan Fuchs, economista del Banco Mundial.

Pero ahora las competencias "parecen escasear" y existe una brecha en la dotación de mano de obra respecto a países comparables. En este sentido, el estudio señala que los resultados del sistema educativo "no condicen con las necesidades del país en términos de crecimiento basado en altas competencias, innovación y productividad". Más adelante se señala que las altas tasas de deserción educativa y el gran número de jóvenes que no estudia ni trabaja "puede contribuir a perpetuar la pobreza concentrada y crónica".

Productividad e infraestructura

Otro punto del informe se centra en la necesidad de "cerrar la brecha de productividad" que existe respecto a otros países . Según Fuchs, Uruguay como país pequeño y con "contrato social arraigado" no va a poder competir internacionalmente bajando los sueldos, sino que lo deberá hacer a través de una mayor productividad.

Además, entiende que si bien algunas cadenas de valor tienen un alto grado de innovación, los indicadores muestran que, en promedio, Uruguay está "muy rezagado" con respecto a "los tigres asiáticos y algunos países de medianos ingresos", en cuanto a su capacidades para innovar en la frontera tecnológica.

Con relación a la calidad de la infraestructura, el estudio considera que es "inadecuada" para el modelo de crecimiento y explica que mientras las exportaciones (especialmente agrícolas) aumentaron de forma exponencial en los últimos 10 años, eso no fue acompañado con aumentos en las inversiones o mantenimiento de la infraestructura del transporte. "Si no se invierte en mejorar la calidad, cada vez más van a aumentar los costos logísticos para los productores", afirmó Fuchs.

Una sociedad más vieja

El otro desafío se relaciona al envejecimiento de la sociedad. Según el estudio, ese fenómeno tendrá un impacto considerable sobre la seguridad social y el sistema de atención de la salud que verá aumentados sus costos. Para Fuchs, es algo que podría pasar en 40 o 50 años, por lo que en la medida que el sistema se prepare podría seguir siendo sostenible.

"Se tiene que invertir más en las generaciones futuras, en los jóvenes. Al menos hay una ventana de oportunidad en los siguientes 10, 20, 30 años en que todavía la población que va a entrar al mercado laboral seguirá creciendo. Pero más allá de este horizonte se va a empezar a cerrar esa ventana de oportunidad y sería muy importante que una proporción de los jóvenes no vaya a la escuela y no trabaje. Es una oportunidad que se puede estar perdiendo. Se debería evitar", dijo el experto.


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