Mittal decidió llevarse algunos especímenes a su laboratorio y filmarlos durante su salto para luego reproducirlo en cámara lenta.
Entre las cosas que pudo observar está el hecho de que los grillos intentan mantenerse derechos durante la mayor parte de su salto, pero antes de llegar a la cima mueven sus extremidades para estabilizarse en un ángulo de 55 a 60 grados. Ellos mantienen el ángulo hasta que sus patas traseras tocan el piso.
"Es como el aterrizaje de un avión", observó Mittal. "Caer primero de nariz sería un desastre". Caer primero con sus patas traseras, más fuertes que las otras, les permite estar preparados para saltar de nuevo.
El ingeniero señaló que entender el movimiento y la aerodinámica de los insectos podría ser potencialmente útil al diseñar robots pequeños. Sin embargo, Mittal dijo que del estudio surgió algo más: la belleza inesperada.