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El caso Gavazzo: un eslabón más de lo inexplicable

Hay demasiadas cosas inexplicables y turbias cada vez que se aborda el pasado reciente.

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28 de septiembre de 2019 a las 05:00

La primera confesión de Gavazzo no ocurrió en el Tribunal de Honor: fue en 2016 en el libro “Gavazzo. Sin Piedad”.

Allí Gavazzo admitió haberle arrojado al tupamaro preso Eduardo Pérez Silveira una granada de gas que lo dejó grave, por lo que debió ser llevado al Hospital Militar donde fue visto por última vez.

En el libro, Gavazzo dice que Pérez Silvera se había sublevado y por eso le arrojó la granada. 

Como siempre, Gavazzo mezcla verdad y mentira. Con seguridad, la granada fue el último escalón de una tortura despiadada a la que fue sometido un prisionero que se negaba a hablar. Hay testigos de ese martirio. En el Tribunal de Honor, Jorge Silveira sostuvo que la granada fue parte de un interrogatorio y que Gavazzo fue el responsable. 

¿Qué pasó con la confesión de Gavazzo en el libro? Nada. A pesar de que la causa por la muerte de Pérez Silveira existía en un juzgado, ningún fiscal, juez o funcionario se interesó por ella. Me llamaron de una fiscalía argentina interesados en datos del libro. Pero en Uruguay, curiosamente, nada.

Pérez Silveira fue el segundo muerto en el cuartel de Artillería 1 entre 1973 y 1974, mientras el teniente coronel Alfredo Rubio era el jefe y Gavazzo el segundo jefe.

El primero fue Roberto Gomensoro.

En el Tribunal de Honor, Gavazzo dijo que tras la muerte (el homicidio) de Gomensoro, fue con el comandante Rubio a pedirle instrucciones al general Cristi. Y que él le ordenó desaparecer el cuerpo.

Silveira, en cambio, relató que Rubio y Gavazzo discutieron tras la muerte de Gomensoro. Y no dijo nada de la supuesta orden de Cristi.

Como sea que haya sido, Rubio era un testimonio de primera mano. Y también un responsable importante: él era el jefe del cuartel donde dos prisioneros indefensos fueron muertos.

Sin embargo, a pesar de que decenas de testigos fueron llamados a declarar por el caso Gomensoro en el juicio que se sustanció en Paso de los Toros, por una razón misteriosa Rubio nunca fue citado.

Falleció sin jamás pisar un juzgado.

Hay demasiadas cosas inexplicables y turbias cada vez que se aborda el pasado reciente. Demasiadas opacidades y secretos.

El caso del Tribunal de Honor de Gavazzo es uno más en la cadena de misterios sin explicaciones claras.
Gavazzo confesó haber tirado un desaparecido al río Negro en su primera declaración ante el Tribunal de Honor, el 10 de abril de 2018.

Un año después el expediente seguía girando, la denuncia penal no se había hecho y la opinión pública no sabía nada del caso.

El artículo denunciando lo ocurrido se publicó en El Observador el 30 de marzo de 2019. La Presidencia ya había publicado la homologación de los fallos del Tribunal de Honor, con reservas, pero sin una sola línea que dijera los horrores que Gavazzo y Silveira habían confesado. Otra vez lo inexplicable.

En estos días el exsubsecretario de Defensa, Daniel Montiel, ha recorrido las radios menospreciando una investigación que comenzó con el libro antes citado, tratando de “traidor” a la fuente que permitió que se conociera la confesión de Gavazzo, y asegurando que no hubo ningún secreto, que se estaba trabajando en la presentación de todo ante la justicia.

Llevaban 45 días trabajando.

La verdad es que el expediente era grande, pero lo sustancial estaba en las declaraciones de Gavazzo y Silveira que no eran tan extensas. Leerlas era  trabajo para unas horas. Doy fe. Ellos llevaban casi siete semanas y todavía no habían terminado.

La explicación oficial es que estaban trabajando para separar las denuncias por caso. Que se buscaba deglosar del expediente lo referente a cada caso judicial, para presentar cada fragmento en el juzgado correspondiente.  

¿Era necesario hacerlo? 

Un año antes, en febrero de 2018, el gobierno había instalado una Fiscalía Especializada en Delitos de Lesa Humanidad, a cargo del fiscal Ricardo Perciballe. Su inauguración tuvo una amplísima difusión. 

La diputada Macarena Gelman, entrevistada por radio Uruguay, celebró la creación de la fiscalía especializada: “Se va a poder utilizar de mejor manera, maximizar el uso de la información que está dispersa en distintas causas. Muchas veces hay causas que comparten prueba y salvo cuestiones salvo fortuitas, esa información no se cruza. Es necesario tratar las causas como un todo y no únicamente como casos aislados”.

Un ejemplo de lo que dice Gelman son los casos de Gomensoro y Pérez Silveira: murieron en el mismo lugar y bajo el mismo mando.

Si la política oficial es centralizar todo en una fiscalía especializada, ¿por qué en este caso se eligió el camino opuesto, el de fragmentarlo todo por personal no especializado?

Otra vez lo inexplicable.

Llevaban siete semanas. Si no aparecía el “traidor”, capaz que todavía estaban en eso.
 

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