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El epicentro del coronavirus gira hacia EEUU con un Trump errático y científicos que auguran un panorama negro

En crecimiento exponencial del virus, la potencia americana está pagando el retraso en los test y la minimización de la emergencia

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24 de marzo de 2020 a las 15:11

Con más de 46 mil casos confirmados — aunque los expertos estiman que el número real puede ser mucho mayor— Estados Unidos es el tercer país más contagiado por la pandemia del coronavirus, detrás de China, origen del brote a fines de diciembre, e Italia, que en las últimas horas mostró una desaceleración del número de infectados diarios, aunque los muertos volvieron a trepar.

La primera potencia del mundo, sin embargo, parece sorprendida, confundida y desunida frente a una crisis que algunas voces comparan con la Gran Depresión del año 29 del siglo pasado. Ahora mismo es el epicentro de la pandemia según un funcionario de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Y en el centro de la enorme crisis sanitaria, y del impredecible y temible impacto económico, está la figura del presidente Donald Trump, llamado por su cargo a liderar el esfuerzo de la nación por detener la propagación del virus y garantizar la salud y la vida de su población.

Pero Trump ha actuado como el Trump conocido en la borrasca de los días previos a la hecatombe anunciada del coronavirus.

(Gráfico El País de Madrid en base a datos de Johns Hopkins University)

Primero, el mandatario minimizó la emergencia que vendría; después en un vuelta de tuerca radical, declaró a su país en guerra; y ahora previendo un final rápido de las restricciones, afirmó que los ciudadanos quieren volver al trabajo.

La Casa Blanca presentó la semana pasada una serie de recomendaciones en un documento titulado "15 días para frenar la propagación" del virus y Trump prometió, entre exclamaciones: "'¡Tomaremos una decisión sobre el rumbo que queremos tomar!".

Pero para nada hay una visión compartida ni con los líderes parlamentarios para sacar adelante del plan de estímulo económico de dos billones de dólares  —cuya primera votación en el Senado, de mayoría republicana, estaba prevista para este martes—, ni con las autoridades sanitarias y tampoco con las cabezas de los gobiernos federales.

"Quiero que Estados Unidos lo entienda: esta semana la situación va a empeorar", avisó en el canal NBC el administrador de la salud pública, Jerome Adams, que instó a los ciudadanos a quedarse en sus casas, en sentido contrario a lo pretendido por el presidente Trump.

 Adams repite un sencillo y esclarecedor mensaje: lo peor está por llegar a Estados Unidos y, por tanto, no es hora de aflojar los esfuerzos, que obligan a uno de cada tres estadounidenses a estar confinados, más de 100 millones de personas.

Estados Unidos padece el retraso en el acceso a los test  —una parte de los kits iniciales resultaron defectuosos— pero hay evidencia consistente ahora de que el avance de la enfermedad es alarmante.

El gobernador de Nueva York, el demócrata Andrew Cuomo, sin criticar los tuits de medianoche del presidente, defendió las medidas drásticas adoptadas en Nueva York, donde se anida la mitad de los contagios del país y 5% de la pandemia mundial.

"Soy consciente, dijo sin embargo, que no es posible gestionar este estado o este país con una economía cerrada"

Cuomo, con la experiencia de nueve años al frente del estado neoyorquino, apaciguado y sereno, alude a la misma preocupación de Trump por la parálisis productiva pero advierte que se trata de hallar el punto donde las dos líneas se unen.

Además, Cuomo indicó que los casos en ese estado se están duplicando cada tres días, una tasa de contagio a la altura de las peores del mundo.

El exasesor de Barack Obama, David Axelrod, liberado de las tareas de ayudar a gobernar, confió que saca una conclusión aterradora cuando sigue las ruedas de prensa presidenciales. "Tenemos un enorme reto ante nosotros y un presidente minúsculo".

Pánico en la Gran Manzana

Nueva York no es Nueva York. Sin vida en las calles, con comercios cerrados y la gente confinada en sus hogares, la ciudad por la que buena parte del mundo siente una devoción especial, se prepara para semanas de temor, incertidumbre y dolor.

Su alcalde, Bill de Blasio, advirtió que se adentran en la crisis con escasez de respiradores e insuficiente personal médico para atender a todos las personas que resultarán afectadas.

"Esta semana será mala, y la semana que viene será peor (...) Este es solo el comienzo de algo que empeorará en abril y mayo, y tenemos que prepararnos, tenemos que cambiar la manera en que vivimos, y necesitamos absolutamente ayuda de Washington", dijo de Blasio al canal CNN al reclamar un aislamiento general.

De Blasio, que también pidió la ayuda del Ejército, dijo que espera que esta semana comience a funcionar un hospital temporal con 1.000 camas que está siendo construido en el Centro de conferencias Jacob Javits en Manhattan.

El buque hospital USNS Comfort con 1.000 habitaciones y quirófanos llegará a Nueva York en un par de semanas. El secretario de Defensa, Mark Esper, también aseguró que el USNS Mercy llegará a Los Ángeles, en California, esta misma semana.

Jerome Adams, la mayor autoridad médica del país, comparó  a Nueva York con Italia, que el sábado pasado alcanzó el número más alto de muertes en un día con 793

"Desafortunadamente, estamos viendo que Nueva York se está acercando a Italia. ¿Por qué? Porque los números de casos que se ven reflejan lo que pasó hace dos semanas. Demasiadas personas están dejando pasar demasiado tiempo para tomarse seriamente estos 15 días a fin de parar este contagio", advirtió Adams.

Cuomo afirmó que "Nueva York tiene de lejos la mayor parte del problema" y anticipó que la crisis durará meses y que el contagio puede afectar a la mayor parte de sus 8,6 millones de habitantes,

Además de Nueva York, Los Ángeles y Chicago están en aislamiento también por orden de sus gobernadores o acaldes. Desde el lunes Michigan y Miami Beach anunciaron cuarentena obligtoria que ya regía en Ohio y Lousiana.

(Con información de AFP)

Solo los hechos

Anthony Fauci, especialista en infectología reconocido mundialmente, se ha convertido en la voz autorizada del gobierno de Estados Unidos ante la crisis de la COVID-19.
"Camino por una línea floja", reconoció recientemente al diario The New York Times. "He dicho cosas al presidente que no quiere escuchar y he declarado públicamente cosas distintas de lo que él asegura". 
Cuando Trump dio a entender en una conferencia televisada a inicios de marzo que una vacuna estaría disponible de "tres a cuatro meses", el experto inmediatamente precisó: "No habrá una vacuna, se comenzarán los tests para una vacuna".
Más recientemente, el presidente exhibió con pompa un medicamento antimalaria para usar contra el nuevo virus. Interrogado al día siguiente sobre el tema, Fauci reveló que los estudios sobre la droga eran todavía "anecdóticos". 
Pero el experto minimiza esos desacuerdos públicos. "No estoy en desacuerdo sobre el fondo" con el presidente", dijo en una entrevista el domingo con Science Magazine.
Hijo de un farmacéutico, Anthony Fauci, entró al instituto nacional de la Salud (NIH) en 1968, dos años después de graduarse como médico y se especializó inmediatamente en inmunología.
Director del instituto nacional de enfermedades infecciosas desde los años 80, Fauci, de 79 años, se ha distinguido en la lucha contra varios virus, del Sida al Ébola.
"Yo solo quiero decir cuáles son los hechos", dijo al Times.
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