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El FA y los esquivos electores de centro

Nunca, en las elecciones del último tiempo, el FA tuvo un desafío tan complejo para poder ganar 

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19 de septiembre de 2018 a las 05:04

La intención de voto al Frente Amplio, a casi un año de la elección nacional, sigue siendo impactantemente baja. Conspiran contra el apoyo popular al partido de gobierno muchos factores que se han ido mencionando en esta página en diferentes oportunidades: el debilitamiento del liderazgo presidencial (Vázquez 2 es diferente Vázquez 1), el enlentecimiento del ritmo del crecimiento económico, la destrucción de puestos de trabajo, la instalación de las sospechas de corrupción (a los escándalos domésticos hay que sumar los procesamientos y condenas de buenos amigos del FA en la región, desde Lula a Cristina Fernández), la persistencia de la sensación de inseguridad (desde que entró en vigencia el nuevo Código de Proceso Penal ha quedado claro que no es solamente una “sensación”), el ajuste fiscal de 2016, la promesa incumplida de cambiar el ADN de la educación… Ahora sí, a diferencia de 2009 y 2014, el FA corre el riesgo real de ser derrotado por la oposición. 

Los que acabo de mencionar no son los únicos factores que ayudan a explicar por qué el FA está en problemas. Quiero detenerme en otro que no depende de la dinámica de la demanda desde China, de los eventos políticos y económicos de la región, de la baja intensidad del liderazgo presidencial o de la aplicación del nuevo CPP. Una parte de los problemas del FA derivan de haber olvidado una lección fundamental derivada de su propia experiencia política: dadas las reglas electorales vigentes desde hace dos décadas (la exigencia de mayoría absoluta), para ganar la elección está obligado a conquistar a los tradicionalmente esquivos electores centristas. Entre 1989 y 2004 se las ingenió para trepar 20% a 50%. Lo hizo, como ha sido largamente explicado por la mayoría de mis colegas, virando sin prisa pero sin pausa desde la izquierda al centro. Repasemos rápidamente esta historia.

Tabaré Vázquez jugó un papel muy importante en este proceso. Luego de ejercer exitosamente el cargo de intendente de Montevideo auspició la construcción del Encuentro Progresista junto a Rodolfo Nin Novoa. El FA creció 10% entre 1994 y 1999. Luego de cinco años de confrontar sistemáticamente con Danilo Astori, que pasó rápidamente de ser el más claro referente de la tradición frenteamplista (cuando creó Asamblea Uruguay) a ser, junto a Líber Seregni, los dirigentes de izquierda con más capacidad de diálogo con los demás partidos, se atrevió a confirmar, en julio de 2004, que su rival en la interna por una década sería su ministro de Economía y Finanzas en caso de ser electo presidente. El gesto fue decisivo. Impulsado, además, por el viento de la crisis económica y social, el FA volvió a crecer 10%. 
Durante su primera década en el gobierno el FA siguió mimando a los electores centristas. Astori fue nuevamente clave en este sentido, primero como “primer ministro” de Vázquez y, luego, como vicepresidente de José Mujica. La dinámica económica también hizo lo suyo. Los buenos resultados económicos hicieron posible el despliegue de una amplia batería de políticas sociales. En este contexto, el FA logró conservar casi intacto su capital político. 

En 2014, Vázquez fue electo presidente por segunda vez. Por las dudas, acudió otra vez al expediente de julio de 2004: anunció en plena campaña electoral que Astori sería nuevamente su ministro de Economía. En verdad, ya no era necesario. Vázquez había dejado de ser “astoridependiente”. Durante su mandato había dejado de ser un líder de izquierda para ser un presidente centrista. De todos modos, teniendo en cuenta las dificultades que ha venido atravesando la economía, la decisión fue correcta. 
Pero, de un tiempo a esta parte, el FA parece haber olvidado su propia historia. No advierto gestos políticos hacia los electores centristas. Todo lo contrario. Cuando, a fines del año pasado, Mujica deslizó que había llegado el momento de respaldar la candidatura presidencial de su compañero de fórmula en 2009 nadie lo escuchó. Para la inmensa mayoría (supongo que hasta para el propio Astori) el anuncio resultaba poco creíble, apenas una maniobra política más, propia de su reconocida picardía. El hecho es que el FA, por primera vez en muchos años, no contará en la primera fila con ninguno de sus referentes políticos más centristas. No estará Vázquez. Tampoco Astori será candidato a la presidencia. Esto no condena al FA a perder la elección. Pero es un problema de primer orden.

Si el razonamiento anterior es correcto, una de las claves de la próxima elección es cómo resuelve el FA este desafío. Vázquez y Mujica apelaron a Astori para ser electos en 2004 y 2009. ¿Existe algún dirigente político frenteamplista que pueda jugar el mismo papel en términos electorales? Suena el nombre del economista Mario Bergara, presidente del Banco Central y ex mano derecha del ministro que, lentamente y a regañadientes, va haciendo mutis por el foro. ¿Se confirmará su precandidatura? Llegado el caso, ¿podrá ofrecer las mismas garantías? No es imposible. Pero tampoco es tan sencillo. Cualquier observador bien informado sabe que ha sido una pieza clave en el gobierno de la economía a lo largo de toda la era progresista. Sin embargo, es mucho menos conocido por el público que Astori hace quince años. Si Daniel Martínez fuera candidato, ¿quién sería su ministro de Economía? Como en 2004, una parte del partido se juega ahí.

 

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