Opinión > ANÁLISIS

El gran salto cultural que aún falta para ser un verdadero Uruguay Natural

Este año sería conveniente que algunos problemas estuvieran sobre la mesa

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17 de febrero de 2019 a las 05:04

Estamos dispuestos a escuchar las alarmas? ¿Estamos dispuestos a ser Uruguay Natural? ¿Será esta la primera campaña electoral de la historia en la que los temas ambientales estén presentes? ¿Primarán los criterios científicos para tratar estos temas?

Tal vez ha llegado el momento en que tomemos a la ecología con seriedad, como una ciencia y una actitud.  Tal vez es la primera vez en que estos temas se instalan en la agenda de los políticos y de la gente común y tal vez se pueden tratar temas que se van gradualmente agravando en Uruguay y en el mundo.

Por un lado lo urgente tal vez sea tratar de asegurar que la explosión de cianobacterias que se da en cada verano se vaya atemperando.

Difícilmente se revierta la situación de un año para el otro, pero seguramente es imprescindible establecer controles para que la población estival vaya retrocediendo. Hay que revisarlo todo: la agricultura, la industria, el saneamiento, lo que llega de los países vecinos.

Puede tomarse esto como un motivo para prestarle más atención al monte nativo, que da el servicio de filtrado de las aguas imprescindible para la calidad de las mismas. Pero también se puede avanzar en algo que por ahora solo se trabaja a nivel académico, establecer cultivos que construyan una barrera entre la agricultura exportadora de alto rendimiento y los cursos de agua. Cultivos con sistemas radiculares profundos que se nutran del nitrógeno y fósforo que llega arrastrado por las lluvias desde las zonas de cultivos, de modo que no lleguen a los cauces de agua.

Seguramente hay muchas más medidas a tomar, por ejemplo referidas al pastoreo en “los bajos”, las zonas aledañas a los ríos y arroyos, y al manejo de los efluentes de tambos y concentraciones de ganado de carne. Mucho ya se hace, con estructuras de piletas de decantación. Pero habrá que revisar si hay más que precisa hacerse.

Pero los problemas ambientales van más allá de las cianobacterias. ¿Cuándo vamos a hacer como Chile que ha eliminado las bolsas de polietileno en los supermercados y limitar el uso de plásticos para lo estrictamente necesario? ¿Cuándo vamos a dar el cambio cultural de no tirar una sola bolsa, un solo envoltorio, una sola botella a las playas, el campo o las veredas? ¿Cuándo los fumadores dejarán de tirar los filtros al piso de un tiquiñazo elegante? Porque si por un lado hay que hacer el reclamo  correspondiente al gobierno nacional y a los gobiernos departamentales, también es cierto que hay que cambiar un montón de costumbres que todos tenemos arraigadas. ¿Cuántas veces se ve un conductor que baja el vidrio de su automóvil y suelta una bolsa al viento?

¿Cuándo clasificaremos  la basura en los hogares para que deje de ser basura? Plásticos, compostables, papeles, metales, vidrios, cada cosa en su recipiente, acumulada en lugares distintos e iniciando una cadena de valor. Tal vez sea un poco más incómodo y ocupe más lugar, tal vez genere más desafíos logísticos a la recolección. Pero seguir sin hacerlo es incompatible con nuestro bello slogan de Uruguay Natural.

¿Cuándo desembarcarán los plásticos compostables? Así cuando juntamos la caca del perro,  todo termina en compost y no como ahora que una combinación de materia fecal y plástico es un problema grave, mientras creemos que por sacar la caca de la vereda ya está todo solucionado.

¿Será esta la primera campaña en la que todos los candidatos se sientan en la obligación de hablar de ecología en serio? No se puede desaprovechar el momento. Habrá posturas diferentes. Estarán los que la emprenderán contra los transgénicos o contra las multinacionales o contra lo que llaman “el agronegocio”, y habrá otros que propondrán otras estrategias que busquen armonizar la producción agrícola con el cuidado del ambiente. Lo importante es que se hable de las posibles soluciones a  la descendiente población de abejas y otros polinizadores, de la crisis de biodiversidad que afecta al mundo en general pero también a las costas de Uruguay en particular, donde otrora abundaban los sapitos de Darwin y las corvinas cerca de la orilla, unos del lado de la arena, las otras a pocos metros aguas adentro. Cada vez más son una rareza ambas especies y tantas otras. 

Se podrá debatir desde los perimidos parámetros de “derecha/izquierda” o buscando chivos expiatorios y facturas políticas a pasar. O se podrá debatir comparando soluciones alternativas y tratando de llegar a consensos sobre las estrategias y objetivos posibles que puedan ser financiables en el corto, mediano y largo plazo.

Lo importante es que Uruguay tiene que limpiar sus aguas y sus aires, tiene que electrificar todo su sistema de transporte, tiene que tener un liderazgo claro en estos temas, que nos diferencian decisivamente de los demás países del Mercosur, que va totalmente alineado a la propuesta de Uruguay “natural” y “agrointeligente”, pero que principalmente son un deber ético para las generaciones que vienen detrás nuestro.

Y hablando de deberes éticos, es obligatorio que se informe cual es la composición del agua que tomamos  en todo el país y en cualquier arroyo o río donde un investigador o un vecino quieran tomar una muestra y analizarla. Sin censura ni autorización previa de ningún tipo. Como es estrictamente obligatorio que se sepa sin ambigüedad cual va a ser el impacto real de UPM2, un proyecto que no sabemos si nos puede costar además de los US$ 2.000 millones de vías férreas la eventualidad de que podamos disfrutar de la playa en verano, sea en San Gregorio o en Kiyú o en Punta del Este. Los uruguayos de los 19 departamentos tienen igual derecho al esparcimiento acuático en  verano.
Decía el gran Carl Sagan que uno de los problemas graves de la democracia era que la gran mayoría de los políticos no sabían nada de ciencia ni les interesaba. En esta campaña será importante hablar de ciencia y proponer acciones políticas basadas en ciencia para revertir lo que tiene diversas señales de deterioro. Nada menos que el ambiente en el que vivimos y sobre todo en el que vivirán los niños, que no votan pero que deben ser a quienes se priorice. Por ahora el mundo que les está quedando es un basural, la vida silvestre está cada vez más acorralada y el clima se va volviendo un caos. Uruguay debería aspirar a ser un ejemplo, como Holanda, de lo que la humanidad debe hacer para no colapsar. Por ahora está lejos de eso. 

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