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El inglés que trajo consigo la Revolución Industrial

George Drabble instaló los primeros frigoríficos en Argentina y Uruguay y financió las empresas británicas

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16 de agosto de 2017 a las 03:00

El inglés George Wilkinson Drabble cumplió un papel decisivo en el proceso de modernización de Argentina y Uruguay, dos nuevos Estados que en la segunda mitad del siglo XIX prosperaron a gran ritmo pese a su primitivismo socio-económico y político. Él encabezó empresas esenciales en la región del Río de la Plata, cuando el capitalismo y la Revolución Industrial arribaron junto con oleadas de inmigrantes de toda Europa.

La inversión británica –y su gerenciamiento– configuró la infraestructura de ambos Estados, desde los ferrocarriles hasta el suministro de agua potable.

También Drabble, ahora olvidado, destacó por haber puesto los primeros frigoríficos de ambos países en 1883-1884, y por liderar el Banco de Londres, que financió los principales emprendimientos británicos en el Plata.

Inmigrantes en la Guerra Grande

George Wilkinson Drabble nació en 1823 o 1825 en Sheffield, en el corazón de la naciente Inglaterra industrial. Fue el cuarto de los diez hijos del comerciante James Drabble y su esposa Marianne Brownell.

George, quien recibió educación secundaria, arribó a Montevideo en 1847, junto a su hermano menor Charles Thompson, y en 1848 viajó a Buenos Aires.

La capital uruguaya entonces estaba sitiada por las fuerzas federales de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, y por los blancos de Manuel Oribe, asentados en el Cerrito. La ciudad, que albergaba a los colorados uruguayos, unitarios argentinos y una gran cantidad de inmigrantes europeos, se sostenía gracias a la pasividad de los sitiadores, la resistencia de sus defensores, y a buques de guerra británicos y franceses que impidieron el estrangulamiento.

Montevideo era "una especie de refugio para todos los vagabundos descontentos de todos los países de Europa", escribió el pintor y viajero inglés Robert Elwes, que publicó sus memorias de viaje en 1853.

La posición de Londres, que estaba dispuesto a la intervención e incluso a promover la "balcanización" de la región para evitar la expansión argentina y mantener el libre comercio y la libre navegación de los ríos interiores, se moderó con el acceso al gobierno de los liberales. El primer ministro whig John Russell promovió negociaciones que finalizaron con la firma de la paz con Buenos Aires en 1849. Finalmente Juan Manuel de Rosas sería derrotado en 1852, después de la ruptura con el líder entrerriano Justó José de Urquiza.

George Drabble y su hermano establecieron en Montevideo y Buenos Aires la representación de la firma que fundara su padre, Drabble Brothers, comisionista en Manchester y especialista en la exportación de productos textiles. Luego los Drabble abrieron otras sucursales y ampliaron el negocio a varios rubros de comercio exterior.

Los países del Plata exportaban tasajo y cueros de yeguarizos y vacunos e importaba casi todo lo demás. Según los registros aduaneros de entonces, los británicos vendían en la región hierro, loza, platos de estaño, cubiertos, cuerdas, cerveza, carbón, muebles, perfumes, cueros curtidos, artículos de talabartería, herramientas, máquinas y proporcionaban los barcos para flete.

George se casó en Buenos Aires en 1857 con Elizabeth White, nacida en el país aunque integrante de la cerrada colectividad británica en el Río de la Plata. Tuvieron cuatro hijos y una hija. Su hermano Charles Thompson Drabble se casó en 1862 con Marianne White, hermana de Isabel.

Los Drabble adquirieron grandes extensiones de campo en Argentina, que con los años sumarían unas 60.000 hectáreas, y también en Uruguay, en los departamentos de Colonia, Soriano y San José. Introdujeron nuevas razas y métodos de explotación, dentro de la corriente de vanguardia agropecuaria innovadora.

El ferrocarril inglés

George Drabble se asoció con otros empresarios británicos para explotar el ferrocarril en Argentina a partir de la década de 1860.

Fue el principal accionista y presidente del Ferrocarril Central Argentino, una de las líneas de una red que sería la más grande de América Latina.

A partir de 1870 también lideró a los accionistas de la compañía de tranvías de la ciudad de Buenos Aires, que creció a gran ritmo en los años siguientes, y de la compañía de abastecimiento de agua potable y saneamiento ("Aguas Corrientes").

En 1870 volvió a Inglaterra para vivir en Londres, pero siguió controlando y ampliando sus inversiones. Según el libro Inglaterra y la tierra purpúrea, del historiador Peter Winn, Drabble convenció a muchos de sus compatriotas para que invirtieran en Uruguay. De hecho, esa fue su especialidad: reunir capitales para invertir en el Río de la Plata y muchas veces encabezar él mismo diversas iniciativas.

George Drabble participó en las gestiones para crear The Central Uruguay Railway Company of Montevideo.

Los ferrocarriles, que requerían una enorme inversión, se empezaron a instalar en Uruguay con relativo retraso frente al resto del mundo. En 1871 la mayoría del paquete accionario de esa empresa quedó en manos de capitalistas británicos encabezados por Drabble. El servicio por entonces no era rentable y superaba ampliamente las posibilidades de la empresa, pese al aporte de capital del Estado uruguayo.

Los gobiernos de Venancio Flores y Lorenzo Batlle, como los del Militarismo (1876-1890), garantizaron la rentabilidad con rendimientos de entre 7 y 16% de la inversión, para asegurarse la instalación del ferrocarril.

En 1872 la línea férrea llegó a Guadalupe, actual ciudad de Canelones, en 1874 a Florida y en 1876 se completó el tendido de 205 kilómetros hasta Durazno, y también un ramal que unía 25 de Agosto con San José. En 1887 el ferrocarril llegó al norte al atravesar el río Negro por Santa Isabel (Paso de los Toros), tras un tendido de 277 kilómetros de vía férrea desde la capital del país.

El ferrocarril británico revolucionó el transporte de carga y pasajeros y los modos de producir, comerciar y vivir. Y terminó de integrar un país dividido y "abrasilerado" en su frontera nordeste.

Una era dorada

En la segunda mitad del siglo XX los países del Plata crecieron a una tasa muy superior al promedio mundial. En apenas 20 años, entre 1852 y 1872, la población de Uruguay se multiplicó por 3,18. Y entre 1852 y 1908 los habitantes del país se multiplicaron casi por ocho, gracias al masivo arribo de inmigrantes, la alta natalidad y la abundancia de alimentos y oportunidades.

Pese a la inestabilidad política, muchas veces salpicada por violencia, la región del Río de la Plata ingresó a grandes pasos en la modernidad institucional y productiva, según un modelo agro-exportador que perduró con altibajos.

A fines del siglo XIX el ingreso per capita de los dos países del Plata se acercó al de las naciones europeas más desarrolladas, muy por encima del promedio latinoamericano.

George Drabble se ganó la confianza de los gobernantes, que apreciaban los rápidos progresos, aunque también tuvo detrás, en su apoyo, el poderío del imperio británico, entonces la principal potencia del mundo.

Ese extraordinario proceso de desarrollo socio-económico coincidió en Argentina con los gobiernos de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Nicolás Avellaneda, Julio A. Roca y siguientes. En Uruguay, en tanto, ocurrió después de la Guerra Grande, durante los gobiernos de Gabriel Pereyra, Bernardo P. Berro, Venancio Flores, Lorenzo Batlle, José Ellauri, Lorenzo Latorre, Máximo Santos, Máximo Tajes y Julio Herrera y Obes, entre otros.

El Banco de Londres

El Banco de Londres y Río de la Plata, fundado en 1862 por capitalistas británicos y que comenzó a operar en Montevideo y Buenos Aires al año siguiente, reclutó a Drabble en 1868, quien pasó a presidir su Directorio en 1870. Se mudó a Londres, después de vivir 23 años en Sudamérica, y lideró el banco hasta su muerte, casi tres décadas más tarde.

Durante las décadas finales del siglo XIX, la colectividad británica en Uruguay y Argentina (aunque no sólo ella, pues también actuaron empresarios criollos, franceses, alemanes, italianos, brasileños o estadounidenses) fue decisiva en el desarrollo de la industria cárnica, el transporte por ferrocarril o tranvía y los servicios de agua potable, telégrafo, teléfonos, gas, iluminación y bancos.

Próxima y última nota: El Banco de Londres y la inversión británica en el Plata; la renegociación de la deuda externa en 1872 y 1890; el primer frigorífico uruguayo en el Real de San Carlos; la estancia sobre el río San Juan.

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