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29 de octubre de 2021 14:27 hs

En julio de 2009, el argentino Pablo Silva llegó a Uruguay con un pack de aerosoles. Se juntó debajo de la Tribuna Ámsterdam con el entonces presidente del Colegio de Árbitros Carlos Mena y le ofreció a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) un aerosol que creó para que los jueces marcaran la distancia en los tiros libres. Poco después, para la temporada 2009-2010, el producto comenzó a utilizarse en el Campeonato Uruguayo. 

Argentina y Chile fueron los primeros mercados donde se empezó a utilizar. 

A nivel de selecciones, Conmebol lo adoptó a partir de la Copa América 2011 y la FIFA lo utilizó en forma experimental en el Mundial sub 20 de 2013 y luego le dio vía libre en el Mundial de Brasil 2014. 

@PabloCesarSilva Silca con Sergio Batista

Sin embargo, la muerte de Julio Grondona, amigo personal de Silva, y la abrupta salida de Joseph Blatter de FIFA determinó que a Silva dejaran de abonarle la patente de uso del producto. 

Los dueños del mismo, Silva comparte los derechos con el brasileño Heine Allemagne, intimaron a FIFA a sentarse a negociar, luego reclamaron el pago y finalmente entablaron una demanda cuya sentencia se conoció este viernes. La misma condena a FIFA a pagarle a los dueños del spray un monto de US$ 20 millones por el uso no permitido del aerosol que a Uruguay llegó con el nombre de el 9-15 Fair Play Limit (9-15 FPL) pero que ahora se denomina simplemente 9,15. 

Silva le dedicó el fallo favorable a Humberto Grondona. 

“La idea surgió en el año 2000 cuando jugaba la final de un torneo entre ex alumnos de mi colegio. Faltaban un par de minutos para terminar el partido y teníamos un tiro libre a favor. Perdíamos por un gol y yo fui a patear pero al momento de la ejecución tenía la barrera a tres metros. Obviamente que rebotó y yo terminé expulsado por protestar. Cuando llegué a casa, la idea me surgió de la bronca que todavía sentía”, explicó Silva a Referí en 2009. 

“Fue un proceso largo porque había que lograr un producto con duración temporal, que funcionara en distintas temperaturas, que su aplicación fuese visible en césped y tierra, con lluvia o bajo sol, que fuera inocuo para los protagonistas y que no dañara la capa de ozono”, agregó. La culminación del producto le llevó tres años. 

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