El principal líder de la oposición israelí, el centrista Yair Lapid, achacó al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu el “imperdonable fracaso” de no haber logrado impedir la ofensiva del movimiento islamista palestino Hamás contra Israel y anunció que no se sumará al gobierno de unidad nacional convocado por el premier.
“El fracaso del sábado es imperdonable”, declaró Lapid en una alocución retransmitida por televisión, durante la cual aseguró que no se sumará al gobierno de emergencia anunciado en la víspera por el ultranacionalista Netanyahu y el exministro de Defensa Benny Gantz, integrante de otra fuerza opositora.
Lapid aseguró que, si bien apoya un “gobierno de unión nacional”, no quiere sumarse a un gobierno formado con “extremistas” y mencionó el caso de Itamar Ben Gvir, el ministro de Seguridad Nacional, del ala más ultraderechista del gobierno.
Lapid también mencionó la “responsabilidad” de Netanyahu y aseguró que “el que provoca un fracaso no puede arreglarlo”, declaraciones hechas en la previa de la reunión del Parlamento, sesión en la que está pautada la formación del gobierno de emergencia.
El ataque sorpresa de Hamás contra Israel sacudió los cimientos del gobierno de Netanyahu, ya bajo presión por un enredo político-judicial y compelido ahora a abocarse a una única tarea: desintegrar la infraestructura islamista en Gaza.
Según los analistas locales, el cambio de prioridades se explica por el trauma colectivo provocado por la operación llevada a cabo por Hamás, organización calificada de terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea.
“Netanyahu está acorralado. Todo el mundo lo presiona, incluso dentro de su partido”, afirmó el reconocido experto de la política israelí, Akiva Eldar. Según el especialista, ni siquiera el apoyo brindado a Netanyahu por el presidente estadounidense, Joe Biden, constituye un “cheque en blanco”.
“Bibi (apodo popular de Netanyahu) se ve obligado a destruir la infraestructura de Hamás. Pero si eso implica que los niños de Gaza empiecen a morir de hambre, la opinión pública mundial, por el momento favorable a Israel, cambiará”, afirmó Eldar.
Además, estimó que una operación militar contra Gaza presenta otros riesgos. “La respuesta debe ser proporcional a los horrores cometidos por Hamás, pero Netanyahu no puede permitirse cargar con la muerte de mil soldados y de los rehenes”, subrayó el analista.
El primer ministro al frente del gobierno más derechista de la historia de Israel debe evitar además la parálisis del país, como la ocurrida durante los 34 días de la guerra contra el Hezbolá libanés en 2006, advirtieron los economistas.
Es probable una parálisis, según algunas fuentes militares israelíes, dado que el ejército no estaría preparado para combatir en tres frentes: Gaza en el sur, el Hezbolá en el norte y un eventual levantamiento en Cisjordania ocupada, en el este.
Netanyahu y Gantz anunciaron el miércoles la formación de un gobierno de emergencia que permanecerá en funciones hasta el fin de la guerra. En su primera alocución al frente del nuevo gobierno, el mandatario prometió “aplastar a Hamás” y afirmó que cualquier miembro de esa organización podía considerarse “un hombre muerto”.
La entrada de Gantz al gobierno “reducirá las tensiones, sin cambiar nada en el fondo”, estimó el politólogo y exdiputado laborista Daniel Bensimon. “Netanyahu tiene los días contados y lo sabe. No sobrevivirá a esta crisis. Su carrera política está acabada. En Israel nunca había ocurrido algo semejante desde su fundación en 1948”, agregó.
Y sostuvo que “habrá una comisión de investigación sobre el ataque de Hamás. Será tremendo. Caerá con sus ministros en los basurales de la historia, con esa marca vergonzosa en la frente: la del mayor fiasco político y militar de Israel. Y él lo sabe”.
Reuven Hazan, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Jerusalén, previó que las manifestaciones masivas contra la reforma judicial impulsada por Netanyahu, que desde hace meses divide a la sociedad israelí, cobrarán mayor amplitud cuando las armas callen.
“Toda la estrategia de Netanyahu frente a Hamás se desmoronó y la opinión pública se lo hará pagar muy caro, cuando esta pesadilla acabe”, dijo el académico.
“Su concepción era errónea”, sostuvo Hazan, haciendo notar que Hamás, al frente de Gaza desde 2007, y Netanyahu, hombre fuerte de Israel desde 2009, “llegaron al poder casi al mismo tiempo y fue durante ese período que los islamistas consiguieron reforzarse hasta este punto”.
Según el general Yaakov Amidror, exasesor de seguridad nacional, las seis guerras desencadenadas por disparos de cohetes de Hamás desde 2005, cuando Israel se retiró de Gaza, no fueron de ninguna utilidad para el Estado hebreo. “Cometimos un enorme error al imaginar que una organización terrorista podía cambiar su ADN”, declaró esta semana.
La postura plantea la pregunta más acuciante del momento, formulada por el periódico Jerusalem Post: “¿Tal vez sea el momento de volver a ocupar la Franja de Gaza?”. Hamás afirmó que su ofensiva apuntaba a poner fin a “los crímenes de la ocupación” israelí en los territorios palestinos.
“Cuando se entra en Gaza, nunca se sabe cómo se saldrá –adviritió Eldar–. Ese es todo el dilema de Netanyahu. Queda por ver si será suficientemente racional como para tomar la decisión correcta”.
(Con información de AFP)