24 de enero de 2013 21:43 hs

Con precisión perfecta, a tiempo para el estreno de la película basada en él, se editó en Uruguay por medio de Alfaguara la novela Las ventajas de ser invisible, del estadounidense Stephen Chbosky. Libro y filme, actualmente en cartelera, cuentan la historia de Charlie, un chico poco social, sus dificultades a la hora de entrar al liceo y encontrar su primer amor, y su amistad con Sam y Patrick, dos chicos mayores que lo hacen “implicarse”, como él dice, en el mundo real, y dejar de ser invisible para el resto.

Es algo contado mil y una veces, pero en este caso se agregan algunos factores que diferencian a esta historia de las otras.

Lo primero es que la novela es epistolar, es decir la que se cuenta por medio de cartas del protagonista. Charlie le escribe a una persona desconocida para el lector, solo porque alguien le dijo que esa persona sabe escuchar, y él está tan solo que lo precisa. La particularidad de las novelas epistolares es que permiten una entrada directa a la mente y las emociones del que escribe, además de ser la versión del protagonista, sin intermediarios. Charlie tiene unos cuántos problemas que le generan vaivenes emocionales, y la historia se vuelve triste y feliz por partes iguales, con momentos de mucho humor y otros de mucho drama.

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La enfermedad del protagonista le suma un aspecto trágico y de incertidumbre a la narración y está muy bien logrado. A pesar de sus problemas, Charlie sigue siendo entrañable. Esas fallas se repiten en el resto de los personajes, no hay nadie perfecto. A diferencia de otras, Las ventajas de ser invisible podría de verdad suceder, y genera entonces una mayor chance de conexión con el lector. Los rasgos más duros hacen reflexionar mucho, y a pesar del final esperanzador el sabor agridulce que deja la novela no se va por días.

Pero, sobre todo, lo que el mecanismo permite es tratar temas controversiales y complicados de un modo objetivo, porque el personaje es de una inocencia conmovedora. Ese es el segundo factor. Drogas, homosexualidad, sexo y otros puntos pesados que de revelarse estropearían la experiencia pasan a través de los ojos de Charlie sin ningún juicio de valor. Las cosas simplemente pasan, y eso es muy positivo. Chbosky maneja los elementos complicados sin criticar y sin caer en la indulgencia exagerada.

Literatura rock
El último punto, que lo hacía muy apto para ser filmado, es la intertextualidad del libro, no solo con literatura sino con música. Charlie lee mucho, impulsado por un profesor que se vuelve una figura clave y que le da muchos clásicos: El gran Gatsby, El guardián entre el centeno, El extranjero y otras joyas que da ganas de leer y revisitar. Pero la música es protagonista y da color a la historia: U2, los Smiths, los Beatles y Billie Holiday, entre otros, cumplen el rol de crear una banda sonora para la novela, al estilo del británico Nick Hornby. Estas referencias, al igual que en la vida real, afectan las emociones. Un poema provoca un piso de depresión y Asleep, de los Smiths, un punto alto.

Para el cine, Chbosky se vale de esa banda sonora genial, uno de los aspectos más recordables, y el uso que se le da a un tema en particular, un clásico del rock que nunca se nombra (y por tanto no se nombrará en esta crítica) es perfecto. Sobre el poder emotivo de la música se ha hablado largo y tendido, pero vale mencionar que el escalofrío que recorre la espalda cuando suena esa canción al final se siente hasta bien después de terminada la película.

Lo mejor de la película de Las ventajas de ser invisible es que el mismo Chbosky adaptó el guion y la dirigió, por lo que es su misma visión. En su debut detrás de cámaras, Chbosky hace un buen trabajo, a pesar de un par de momentos un poco desprolijos que molestan, y de no atreverse mucho con las controversias. En general, el director captura la esencia de su novela. Para ello se sirve de un muy buen casting, con Logan Lerman (Percy Jackson) ejecutando al pie de la letra la inocencia de Charlie, su tristeza y su alegría. Ezra Miller y Emma Watson (en su primer papel grande post Harry Potter) dan excelentes performances al darle vida a sus amigos: el primero es muy gracioso y la segunda logra captar la belleza y alegría superficiales y el conflicto interno de su personaje. Paul Rudd interpreta al profesor, y difícilmente podría pensarse de un actor mejor para encarnarlo.

Tanto libro como película de Las ventajas de ser invisible son experiencias separadas y muy disfrutables por sí solas. Ninguno de los dos es perfecto –la película, sobre todo, tiene más de un momento en que las cosas no quedan del todo claras, además de las desprolijidades en la edición–, pero ambas cumplen su función de tocar al espectador/lector en lo más profundo, de dejar algo aparte del puro entretenimiento. Se sitúan en el medio: no son El código Da Vinci ni El extranjero, no son El séptimo sello ni Transformers. Entretienen y dejan reflexionando, y eso es algo que se precisa.

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