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21 de febrero de 2012 23:25 hs

La tendencia se acentúa. Partido tras partido el equipo de Gregorio Pérez se parece cada vez más a aquel que en la década de 1990 ganó un quinquenio a nivel local y jamás picó en la escena internacional. El balón largo deja de ser recurso para volverse estilo. Y el equipo no se siente cómodo.

El partido del martes contra los colombianos fue una regresión a fases futboleras superadas en el tiempo. De un lado, Peñarol tirando pelotazos. Del otro, Nacional de Medellín cuidando la pelota con el sello colombiano y jugando con enganche, esa función en estado de extinción en el fútbol mundial.

Sin embargo, la solitaria presencia de Freitas para cubrir la zona media del campo, sembró un terreno fértil que explotó el creador del elenco colombiano. El 5 solitario, la vieja escuela del caudillo batallador que marcaba y empujaba al equipo, también es parte del pasado.

La presencia de Zalayeta, el 9 en el 4-3-3 del dibujo de Gregorio, parece obligar a sus compañeros al pelotazo. Estoyanoff y Mora a sus costados están más para pescar algún rebote e improvisar que para triangular y desbordar.

Aguiar se suma al desconcierto. Sube para buscar rebote cuando la bartolean los del fondo o se dedica a lanzar en largo. En Peñarol no hay creadores. No hay quien lleve la pelota. No hay transición de defensa a ataque. Todo es pelotazo a la olla. Todo se canaliza por arriba y por el medio. A lo que salga.

Involución
Cuando Gregorio sustituyó a Diego Aguirre el año pasado empezó jugando con el 4-4-2 que utilizaba quien ahora dirige en Catar.

A los pocos partidos cambió la figura. El brasileño Pedro, quien jugaba de doble cinco, pasó a ser enganche. El equipo pasó a jugar 4-3-1-2. Con enganche. El esquema resultó al principio pero en la medida que Pedro se fue quedando sin juego Peñarol quedó proporcionalmente inerme.

Decidido a relegar a Pedro al banco, Gregorio arrancó el año con un 4-3-3 definido. El juego que desplegó ayer el equipo obliga replanteos.

Sobre los 41 minutos de juego –el equipo perdía ya 1-0– la hinchada se cansó de alentar por las buenas. Reclamó “un poco más de huevo”. Hasta la hinchada se equivocó: “Un poco más de juego” entraba en el fraseo del cántico y se ajustaba mucho mejor a lo que el equipo necesita encontrar y no mejorar ya que la nada no es perfectible.

Goleada
El trámite después hizo lo suyo. Nacional aprovechó los espacios y la exasperante lentitud de la zaga rival y lo remató a puro contragolpe.

Peñarol perdió más que tres puntos. La chance de superar el grupo quedó muy lejos con seis puntos perdidos sobre seis disputados.

El estilo retro de Peñarol, obsoleto, caduco y en estado de vencimiento, ya lo dejó con un pie y medio afuera de la Copa.

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