Charlie Watts murió el pasado 24 de agosto a los 80 años AFP
5 de septiembre de 2021 5:05 hs
Los últimos días han sido extraños en el mundo de la música. Y la palabra extraño hace alusión a las extrañas simetrías que de pronto emergen en la realidad, en esta ocasión, con tintes fúnebres. El 24 de agosto falleció en un hospital londinense Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones. Dos días después, en un hospital de Nashville, Tennessee, murió Kenny Malone, considerado el principal baterista de la música country, el Gene Krupa de Dixieland, quien impuso su estilo a decenas de canciones clásicas del género, entre otras Jolene, que en la voz de Dolly Parton llegó al número uno en varios países y que es posiblemente la canción country que mayor popularidad tuvo en Uruguay cuando Radio Panamericana lideraba en audiencia. El 29 de agosto, mientras tanto, en el Hospital Santa Monica de Los Ángeles, murió Ron Bushy, legendario baterista de Iron Butterfly, grupo pionero del heavy metal. El comunicado, de tono muy parecido al relacionado a Watts, decía: “Ron Bushy, nuestro amado y legendario baterista, falleció pacíficamente, con su esposa Nancy a su lado, a las 12:05 am del 29 de agosto en el UCLA Santa Monica Hospital. Sus tres hijas también estaban con él. Fue un verdadero luchador... ¡Lo extrañaremos profundamente!”.
Watts (1941–2021) murió al parecer del cáncer a la garganta que se le descubrió en 2004 y que desde entonces había podido mantener bajo control. La causa de la muerte de Malone (1938–2021) fue covid-19. Bushy (1941–2021) murió de cáncer de esófago. Aunque los tres habían llegado a esa edad que suele denominarse “avanzada” (por más que el cuerpo vaya para atrás), estaban lejos de pasar pronto a cuarteles de invierno. Tenían planes profesionales, y se mantenían activos y con la suficiente fuerza física como para mantener actualizado el conocimiento del instrumento musical por el cual quedarán en la historia. Antes de tener la recaída de salud que, obviamente, fue más grave de lo esperado, Watts planeaba participar de la gira de los Rolling Stones que comienza el 24 de este mes en St. Louis, Missouri. Malone, cuya batería le impuso el sello característico a Drift away, de Dobie Gray, de las mejores canciones de la década de 1970, tenía infinidad de ofertas para trabajar en la grabación de nuevos discos de estrellas prestigiosas y de nuevos artistas, hasta que el virus debilitó su cuerpo hasta un punto de no retorno. Bushy, por su parte, hasta muy poco antes de que la enfermedad declarara la gravedad con la que había regresado, consideraba salir a la ruta con los miembros sobrevivientes de Iron Butterfly, pues las acciones del grupo están otra vez en alza puesto que las nuevas generaciones la han convertido en una banda de culto por la cantidad de puertas que en el sonido rock abrieron.
Criado en los tiempos en que predominaba la teoría de que el baterista era un simple acompañante del resto del grupo, Watts es parte, junto con Chaplin y Parker, del trío de grandes Carlitos de la época moderna. Le otorgó a su instrumento otra presencia, una prestancia que para la música pop rock era desconocida en la época en que los Rolling Stones hicieron su eclosión. Corría el año 1964. En los comienzos del género, la batería en un grupo de rock no tenía la preponderancia que alcanzó a tener a partir de fines de la década de 1960. Fue el solo de Ron Bushy en In-A-Gadda-Da-Vida, de 1968, canción que dura 17 minutos, el que otorgó protagonismo a la batería. El solo de Ron Bushy dura dos minutos y medio. Los bateristas de una banda de rock fueron por años las figuras relegadas del elenco que presiden, por orden de volumen de aplausos, el cantante, el primer guitarrista y el bajista. Cuando el baterista es moderado, tanto en sus modales fuera del escenario como en la gestualidad al entrarle a su instrumento, como fue el caso de Watts, corre el riesgo de pasar a segundo plano a la hora de las recompensas. Por una cuestión de personalidad, Watts no ejerció la extravagancia escénica de bateristas muertos en forma prematura y cuya gloria estuvo cimentada en la cantidad de platillos que podían golpear o el número de tambores que tenían en el kit de la batería que había sido transportada en un semirremolque de 18 ruedas, como John Bonham y Keith Moon. Su forma de conseguir destaque fue a partir de la música, de la música exclusivamente, de la sincronización de los tempos en los que la banda descansaba y de los cuales dependía para sonar mejor. Su condición de fuera de lugar radicó en las afueras de cualquier lugar del ritmo controlado por la previsibilidad. El tono moderado que le impuso a su estilo podía generar desconcierto en medio de la parafernalia operática de los Stones, piedras innovadoras en lo que fue hacer que el sonido de varias generaciones necesitara de nuevos bulevares por los cuales transitar.
Entre el 25 de febrero y el 29 de febrero de 1964, los Rolling Stones grabaron su segundo álbum, 12 X 5, el cual incluye varios covers, como por ejemplo, Around and around, de Chuck Berry, It’s all over now, de Bobby Womack, Susie Q, del pionero y muy olvidado Dale Hawkins, If you need me, de Wilson Picket, Time is on my side, de Norman Meade (una de las primeras canciones emblema del sonido Rolling Stone), y Under the boardwalk, del dúo de compositores, Kenny Young y Arthur Resnick, autores de varios hits de esa década. En la perfecta versión que hizo el grupo de Under the boardwalk –una de las mejores interpretaciones melódicas de la historia de la música pop, con un Jagger descollante–, la batería de Watts hacía notar desde el vamos que no quería tener un papel secundario en la maravillosa película del rock que por entonces comenzaba a filmarse. De ahí, con la cómplice colaboración del trabajo de Ringo Starr en los Beatles, la batería dejaría de ser la hija paria de esa familia en crecimiento.
La grandeza de Watts como baterista queda evidenciada en las variantes innovadoras que logró imprimirle a álbumes clave grabados uno tras otro en un periodo de cinco años: Beggars banquet (1968), Let it bleed (1969), Sticky fingers (1971), Exile on Main St. (1972) y Goats head soup (1973), en los últimos cuatro de los mencionados con Mick Taylor como guitarrista principal. El sonido de varias canciones de Exile on Main St. fue definido por su presencia, sin embargo, en la canción que más difusión tuvo, Happy, el baterista fue James Miller (1942-1994), quien produjo los álbumes mencionados en este párrafo. Las versiones sobre por qué Watts no estuvo presente en la grabación de Happy varían y una de ellas dice que no se apareció el día en que iban a grabar la canción pues “no podía tocar el ritmo correcto”, causa que habría motivado la participación también de Miller en otros temas históricos, como Honky Tonk women, You can’t always get what you want, Tumbling dice y Shine a light.
Gran parte de la leyenda que afirma que las verdaderas estrellas de rock mueren jóvenes, ha estado basada en la historia de vida y muerte de varios de los bateristas que deslumbraron con su instrumento. Keith Moon, baterista de los Who, murió el 7 de setiembre de 1978, a la edad de 32 años. Como si ambos fueran parte del mismo guion escrito por quien sabe quién, el 24 de setiembre de 1980 falleció John Bonham, baterista de Led Zeppelin. Tenía la misma edad de Moon. Jeff Porcaro, baterista de Toto, murió a los 38 años de edad, debido a un ataque cardiaco consecuencia del uso de cocaína de manera sostenida. Considerado “el padre fundador de la batería moderna” y omnipresente en todas las listas de los mejores bateristas de todos los tiempos, Gene Krupa tenía 64 años cuando murió en 1973. Mitch Mitchell, baterista de The Jimi Hendrix Experience, recordado por su sublime performance en el festival de Woodstock en 1969, murió a los 62 años, en 2008.
Una década antes, el 5 de abril de 1998, Cozy Powell, quien fue baterista de Black Sabbath, Whitesnake y Rainbow, entre otros grupos, se mató mientras manejaba a 170 kilómetros de velocidad en una carretera en mal estado. Acababa de cumplir 50 años de edad. A Vinnie Paul, leyenda del heavy metal y baterista del grupo Pantera, lo encontraron muerto en su casa de Las Vegas, el 22 de junio de 2018, a causa de un fulminante ataque cardiaco. Tenía 54 años. Cáncer gastrointestinal fue la causa de muerte, a los 65 años, de Tommy Ramone, baterista de los Ramones. Maestro que influyó en la técnica de muchísimos bateristas, el llamado “niño prodigio”, Buddy Rich murió a los 69 años de un tumor cerebral que le descubrieron cuando estaba de gira. Dos años menos tenía Neil Peart al fallecer en 2020. A la lista hay que sumar al ya citado James Miller, uno de los artífices del sonido característico de los Rolling Stones, muerto a los 52 años de una falla renal. El baterista negro Steve Jordan, de 64 años de edad, y con buena salud, será el reemplazante de Watts en la gira estadounidense que los Rolling Stones iniciarán a fines de este mes. El espectáculo, con o sin parca de por medio, debe continuar. De eso me voy a ocupar, no la próxima, sino la semana siguiente.