Francia insumisa, el partido de Jean Luc Melenchon, quedó tercero en la última encuesta del periódico Libération.

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En Francia y Alemania, los partidos de izquierda pierden posiciones

Las encuestas y los resultados electorales en distintos distritos marcan un retroceso del voto de izquierda y paralelamente un avance de la derecha
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06 de noviembre de 2023 a las 05:01

En las últimas semanas se produjeron grandes cambios en la izquierda en Francia y Alemania. La crisis económica motorizada por la decisión europea de sumarse a la estrategia estadounidense en Ucrania y en abierta tensión competitiva con China se expresa en una crisis política que inevitablemente repercute en los partidos y agrupaciones tanto de izquierda como de derecha.

En Francia, el estatus político de la líder fascista Marine Le Pen y su partido Reunión Nacional (RN) (anteriormente conocido como Frente Nacional) avanzó, y una encuesta realizada el mes pasado la reveló como la segunda política más popular del país.

La encuesta, encargada por el periódico Libération, mostró que RN estaba un 20%, por delante del partido del presidente Emmanuel Macron, Renaissance, con un 15%. La alianza de izquierda, Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES, por sus siglas en francés), encabezada por Jean Luc Melenchon, obtuvo sólo el 14%. Los restos del gaullismo en Les Republicains alcanzaban el 13%.

El Partido Comunista Francés (PCF) llegói a la conclusión de que el NUPES se encuentra en un punto muerto y pidió la apertura de "una nueva página en el encuentro de la izquierda y los ecologistas". El objetivo es constituir un “nuevo frente popular” capaz de ser mayoritario.

Entre los factores que condujeron a la división estuvo la reinstalación en el grupo parlamentario por parte de La France Insoumise (LFI), el mayor componente de NUPES, del diputado Adrien Quatennens, un aliado de Melenchon, a pesar de su condena por violencia doméstica. Melenchon lo reivindicó contra la oposición de muchos, incluidas las diputadas feministas.

En el movimiento sindical, la LFI en general y Melenchon en particular son criticadas por la falta de respeto que mostraron hacia los sindicatos durante las poderosas protestas por las pensiones que debilitaron tan dramáticamente la posición de Macron a principios de este año.

También, la insensibilidad política en la visión de Melenchon sobre la violencia urbana que siguió a la muerte de la adolescente Nahel Merzouk, baleada por un oficial de Policía, provocó una brecha abierta.

En los graves disturbios hubo dos muertos, un número desconocido de civiles resultaron heridos, al igual que más de 800 policías; 1.000 edificios resultaron dañados y más de 5.000 vehículos fueron incendiados, con un daño total estimado en € 650 millones (US$ 686 millones).

A los jóvenes que protestaban, Melenchon se limitó a aconsejarles que no “toquen escuelas, bibliotecas y gimnasios”, a los que llamó “nuestra propiedad común”.

A juicio del PCF, esta postura no logró conectarse con la creciente sensación de que las personas que vivían en barrios de clase trabajadora eran las más afectadas por la violencia.

Detrás de esto había una clara sensación de que Melenchon no había comprendido los peligros de permitir que la derecha fuera dueña de la alarma sobre las violaciones del “orden republicano”.

A diferencia del llamado a la tranquilidad que era la posición común de otros partidos, Melenchon contrapuso un llamado a la “justicia”, argumentando que la Policía tenía la culpa y que eran los pobres los que se amotinaban.

Esta dicotomía expuso una clara falla en las narrativas dominantes sobre la raza en la sociedad francesa, en las que la ceguera oficial para monitorear la discriminación se disfraza de los llamados valores republicanos, a los que suscribe un sector importante de la izquierda.

Estas tensiones se vieron intensificadas en los últimos días por las divisiones relacionadas con el ataque militar de Hamás a los asentamientos fronterizos israelíes y la guerra contra Gaza que siguió.

El hecho de que Melenchon no calificara la acción de Hamás como terrorismo dio lugar a que la líder del Partido Verde, Marine Tondelier, argumentara que había “quitado toda credibilidad a la coalición de izquierda”, mientras que el líder del Partido Socialista, Olivier Faure, pidió una “ruptura con el método Melenchon”.

En una discusión con el secretario general del Partido Comunista, Fabien Roussel, Melenchon comparó al líder del PCF con Jacques Doriot, un renegado del PCF de antes de la guerra que encabezó una formación fascista. En una publicación en las redes sociales, Melenchon dijo: "La historia se repite, hay un Doriot en Roussel".

Este insulto calculado estaba diseñado para precipitar la división y resultó suficiente para que el PCF abandonara la alianza en desintegración. El proyecto NUPES no está del todo arruinado, pero el PCF resumió la situación: “Todo esto nos impide afrontar los desafíos. Nos impide ser tan fuertes como podría serlo la izquierda en materia de lucha social. Nos impide luchar eficazmente contra la extrema derecha trivializando el nazismo. Y nos impide organizar las manifestaciones que necesitamos para exigir la paz en Medio Oriente. Por eso convocamos a una nueva reunión de la izquierda que sea más amplia, más clara y útil para nuestras luchas comunes”.

Alemania

Una dinámica diferente está en marcha en Alemania, donde el crecimiento del partido Alternativa para Alemania (AfD) amenaza con romper el cordón sanitario que los partidos democráticos habían tejido alrededor de la extrema derecha.

Sahra Wagenknecht, ex líder del partido Die Linke (La Izquierda), y nueve de sus compañeros diputados se han separado del partido para formar una agrupación temporaria con vistas a constituir un nuevo partido político que exprese a la izquierda democrática.

Die Linke es la formación política que unió al ex Partido del Socialismo Democrático de Alemania Oriental con los socialdemócratas de izquierda de Occidente y ascendió hasta convertirse en el tercer partido más grande de Alemania antes de entrar en un fuerte declive en los últimos años.

Aprovechando la gran popularidad personal de Wagenknecht en Alemania (el 20% dice que consideraría votar por un partido liderado por ella) la nueva formación se llama Alianza Sahra Wagenknecht – Por la razón y la equidad (en alemán: Bundnis Sahra Wagenknecht/BSW – Fur Vernunft und Gerechtigkeit).

Con este nombre temporal, la nueva iniciativa pretende fundar formalmente el partido en enero del próximo año. Tres regiones del este de Alemania que formaban parte de la antigua República Democrática Alemana celebrarán elecciones en 2024, y el nuevo partido estima que tiene una oportunidad real allí. Además, se calcula que las elecciones parlamentarias de la UE de 2024 ofrecen otra buena oportunidad.

La guerra en Ucrania llevó a un punto crítico algunas de las divisiones preexistentes en Die Linke. Los miembros de BSW dicen que ya no ven ningún lugar para sus posiciones políticas en el partido.

Refiriéndose a la manifestación masiva “Levantamiento por la Paz” de febrero de 2023 organizada por iniciativa de Wagenknecht en repudio a la postura del gobierno con respecto a Ucrania, el BSW acusa a Die Linke de haberse puesto del lado de gobierno acusándolos de “estar abiertos a la derecha”.

Junto con una clara postura antiimperialista y pacifista, la orientación estratégica del nuevo proyecto es dar forma a un claro desafío clasista al avance de la derecha AfD, que ha crecido especialmente en la antigua Alemania Oriental (RDA).

Sus oponentes, tanto en los partidos del gobierno como en el propio Die Linke, caracterizan a la nueva formación como de izquierda en cuestiones económicas y “conservadora” en cuestiones sociales, ya que tanto Wagenknecht como sus seguidore se manifestaron en varias oportunidades contrarios a la permisividad en materia migratoria y a la promoción de las políticas afines a los colectivos LGBT+.

Al abordar los conflictos internos del partido, el BSW afirmó que “la historia de Die Linke desde las elecciones europeas de 2019 es la historia del fracaso político. Los respectivos dirigentes del partido y los funcionarios que los apoyaban a nivel estatal estaban decididos a no discutir críticamente este fracaso en ninguna circunstancia”.

El resultado de la división del partido es el debilitamiento de la izquierda en general y por consiguiente el crecimiento de oportunidades para el desarrollo de la extrema derecha del AfD.

En esencia, ninguno de estos acontecimientos se debe ninguna de las personalidades involucradas ni a las diferencias circunstanciales entre los protagonistas de la izquierda socialdemócrata. 

En la raíz del actual trauma económico y político de Europa, y especialmente de la crisis económica alemana, está la incapacidad de la elite europea de resistir el impulso estadounidense de frustrar cualquier desafío a su posición dominante global.

La crisis económica y política está destruyendo la base electoral de la socialdemocracia.

 

(People’s World)

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