16 de enero de 2021 5:01 hs

Esta nota comienza con una advertencia: el fin de la crisis sanitaria será un proceso largo y progresivo. La vacunación no se realizará de un día para el otro, la posibilidad de alcanzar la inmunidad de rebaño aún ni siquiera es una certeza en el ambiente científico y las medidas de distanciamiento físico continuarán acompañando al mundo entero por un rato más.

Pero también se permite una dosis de esperanza: y es que más allá de matices y llamados a no ver la vacuna como la “varita mágica”, el comienzo de la campaña de inmunización, cuando finalmente se ponga en marcha en Uruguay, puede situar al país a las puertas de una nueva fase de la pandemia.

Como dos caras de una misma moneda, la espera por las vacunas está marcada en partes iguales por la expectativa y el llamado a la cautela, tanto por los expertos científicos y las autoridades del gobierno, que ven en el plan de vacunación el “inicio del fin” de la emergencia sanitaria que tiene en vilo al mundo. O como lo definió el coordinador del Grupo Asesor Científico honorario (GACH), Rafael Radi, la “luz” dentro de esta “hora oscura”. 

La expectativa

Buena parte de la expectativa en los efectos más próximos de la vacuna están atados a la confianza en que la inmunización de los grupos de mayor riesgo ya contribuirá a reducir el número de susceptibles a sufrir las peores manifestaciones de la enfermedad, y que ello hará caer los niveles de internación y ocupación de camas en el CTI.

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“Esa es un poco la idea detrás del plan de vacunación”, resume el inmunólogo Alejandro Chabalgoity, en referencia al cronograma que ya tiene trazado el MSP y que pone como poblaciones prioritarias a los trabajadores de la salud, los mayores de 65 años y otros pacientes de alto riesgo.

Con esa hipótesis sobre la mesa –en concreto, que la protección de los adultos mayores y el personal de la salud derivará en un descenso de la letalidad–, el “objetivo” del gobierno es mantener el sistema sanitario sin saturar hasta que se logre avanzar en la vacunación de esa población.

RADEK MICA / AFP

¿Cuánto se puede demorar en alcanzar ese primer mojón? En el Poder Ejecutivo trabajan para llegar a un umbral mínimo de 600 mil dosis por mes una vez que se confirmen cuáles serán las marcas con las que trabajará Uruguay. 

De acuerdo a los números incluidos en el plan presentado en el Parlamento a comienzos de enero –y en proceso de actualización “constante”– esa población abarca a unas 600 mil personas, por lo que llevaría unos dos meses completar las dos dosis para cada uno. El cálculo se complejiza, según advierten las autoridades, si se toma en cuenta que la vacunación será no obligatoria y no todos  elegirán hacerlo.  

La segunda etapa de la vacunación, que incluirá a servicios esenciales como la educación y el transporte, así como personas de entre 45 y 65 años, abarca a otras 900 mil personas. 

En cuanto a los plazos de inmunización, Chabalgoity explicó que la vacuna “ya está haciendo efecto a partir del séptimo día” pero es “a los veinte días de la segunda dosis cuando alcanza el “efecto máximo”.

La infectóloga Graciela Pérez, añade  que “ya con la primera dosis se empieza a adquirir un porcentaje de inmunidad”, y, en ese sentido, datos preliminares de Pfizer divulgados en Israel –el país con mayor avance en la campaña de vacunación– mostraron una reducción de los contagios entre los que recibieron la primera dosis, al cabo de unos 14 días.

La cautela

El pedido de cautela, sin embargo, tiene sus razones fundadas. Los expertos insisten en que los datos son prematuros; las autoridadesdel gobierno advierten que la situación es volátil e incierta. 

Entre los científicos remarcan por ejemplo que la eficiencia de la vacunación y su impacto en la incidencia del covid-19 sobre la población recién se podrá confirmar una vez que se comience a aplicar a escala nacional. 

Lo que tampoco es posible saber de antemano, agregan, es el momento en el que el avance de la vacunación permitirá relajar las medidas de restricción de la movilidad y de distanciamiento físico, esas que técnicamente se conocen como “no farmacológicas”. 

Ante la duda y la incertidumbre, los expertos eligen hablar de “meses” y de “no bajar la guardia”. 

Así lo expresó la epidemióloga Mónica Pujadas, de la Comisión Nacional Asesora de Vacunaciones, el pasado 5 de enero ante la comisión de Salud del Senado: “Lo que todavía el mundo no ha podido responder, por mucha expectativa que haya, es si con la vacunación será posible modificar lo que son las medidas no farmacológicas de control de la epidemia. Y tampoco se ha respondido a la pregunta de cuál sería la cobertura necesaria a alcanzar para poder modificar esas medidas. Lo que sí es importante considerar y también trasmitir a la población, es que en el mejor escenario, de todos modos, la campaña llevaría muchos meses por lo que es importante que se comprenda que para lograr el control de la epidemia se deben mantener las medidas no farmacológicas”, expresó.

“Habrá que mantener las medidas. Por cuanto tiempo se irá viendo”, acota Pérez. Según la infectóloga, más allá de que se trate de una “herramienta fundamental” que “ayudará mucho”, se debe “tener claro que una vez que se comience la vacunación, no es algo inmediato, ni es la bala de plata”.

Según Pérez, las medidas se irán relajando “de acuerdo a cómo responda la curva de contagios y no de acuerdo a la cantidad de vacunas”. “Hay que ver cómo va evolucionando todo y cómo está la curva en ese momento (...) Es diferente si está la situación bastante controlada a si está descontrolada”, agregó. 

En una línea similar, el ministro de Salud Daniel Salinas dijo ante los legisladores que la campaña de vacunación incluye objetivos escalonados, primero asegurando “la protección del esquema sanitario”, luego “disminuir la morbimortalidad” y en una última etapa “conseguir un efecto de inmunización de rebaño, que ni la OMS tiene claro a cuánto asciende”. 

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