3 de septiembre de 2014 8:39 hs

La cantidad de gente que se agolpa en las puertas de supermercados es inversamente proporcional a la cantidad de alimentos que exhiben las góndolas de las grandes superficies en Venezuela. Ni que hablar de los pequeñas almacenes, que cada vez sufren más el desabastecimiento, producto de los precios regulados por el gobierno que no han redundado en otra cosa que la reventa, el contrabando y, como final de la cadena, la escasez.

Medicamentos, útiles escolares, insumos para la industria y hasta el combustible son algunos de los variados rubros que, junto a los alimentarios, han obligado a los venezolanos a poner el grito en el cielo, mientras el gobierno del presidente Nicolás Maduro anuncia cambios de gabinete y medidas para limitar las compras por persona sin atacar las causas de semejante desajuste en el país.

Un ejemplo es la llamada máquina captahuellas, que se busca implementar para que cada persona no pueda repetir la compra, más allá de la debida, según los criterios marcados por el gobierno.

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Con esto, lo primero que se ataca es el almacenamiento y posterior reventa por parte de particulares, así como el contrabando de artículos que tras la frontera con Colombia tienen un precio muy superior, producto del subsidio del que gozan en tierras venezolanas.

Pero la situación arranca más atrás, en la etapa de industrialización de la cadena comercial. La imposibilidad de importar insumos para la manufactura de materias primas radica en la escasa asignación de divisas a los empresarios.

Así, la deficiencia de producción interna se refleja en la falta de artículos en los estantes de las tiendas. Esto se suma a la inestabilidad en la distribución de las mercaderías, lo que hace que los consumidores deban acudir a los supermercados varias veces a la semana para completar su compra, según informa el diario venezolano El Universal.

El matutino cita al presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA), Luis Rodríguez, quien asegura que cada día se recibe un producto diferente de cada proveedor.

“Eso hace que la gente vaya todos los días, porque un día llega la harina, otro día el aceite, otro el jabón y eso hace que nunca se acabe la cola, porque la demanda está centrada sobre los productos de la cesta (canasta) básica”, indicó Rodríguez.

La situación de caos que se vive ha llevado a que los comercios limiten el ingreso a los establecimientos, obligando a que las colas ganen las calles. Esta fue la única manera de que los dueños y responsables de los supermercados encontraron para evitar los destrozos dentro de los comercios, producto de los amontonamientos.

Si bien esta situación ha llevado a la desesperación de algunas personas, también ha sido una oportunidad para quienes se aprovechan de las circunstancias.

“Hay mafias que funcionan así: llega un camión cargado de personas, la gente se baja, compran y cuando entregan la mercancía les pagan. Eso es complicado de manejar porque no tenemos pruebas y no es nuestro trabajo tampoco y es peligroso porque pueden arremeter contra el negocio y los trabajadores. Nuestro trabajo es vender”, expresó Rodríguez al diario local.



Medicamentos

El desabastecimiento también ha golpeado el área de la salud, ya que los usuarios no encuentran sus medicamentos –muchos de necesidad extrema– ni en hospitales ni en farmacias de plaza.

Pese a que el gobierno aseguró haber surtido farmacias y algunos centros de salud, los enfermos no se cansan de decir que no pueden conseguir sus medicinas.

En Maracaibo, por ejemplo, pacientes y familiares se reunieron en las afueras del Hospital Central de la ciudad para protestar por la situación vivida.

Según algunos testimonios recogidos por El Universal, muchos de los afectados han apelado a familiares o amigos que les consiguen los medicamentos en Colombia, Panamá o EEUU. Algunos aseguran que se trata de la peor crisis hospitalaria de la historia venezolana y se preguntan a dónde fue a parar el dinero dispuesto para la compra de medicamentos y equipos.

“No hay fármacos de ningún tipo, pese a que se han aprobado grandes cantidades de dinero a través de créditos adicionales. No hay ni para hacer química sanguínea, ni para hacer rayos X. Los tomógrafos están todos paralizados porque los convenios que hay con Argentina para su mantenimiento no se honraron finalmente en el gobierno de la exministra del Poder Popular de Salud, Eugenia Sader, que por cierto tiene una acusación en el Ministerio Público por peculado de uso y asociación para delinquir”, dijo el diputado opositor William Barrientos.

Las críticas crecen y las acciones o justificaciones del gobierno no son suficientes para detener el contrabando ni las olas de consumidores que presionan en las puertas de los comercios.

Con este escenario, la problemática de la escasez entró en una espiral muy peligrosa, ya que las medidas para intentar frenar el caos –como la de cortar la exportación de alimentos– van en detrimento de la economía lo que, a la larga, agudizará más la situación de desabastecimiento.

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