Ese maldito título que nos deja tan desnudos

Es más peligroso un obsecuente que un narcotraficante

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18 de agosto de 2018 a las 05:00

En estos días me daban vuelta en la cabeza algunas conversaciones con choferes de Uber que vinculaba con el dato de que 40 mil puestos de trabajo que se han perdido en el tres años y con que el desempleo entre los jóvenes está entre los peores que se recuerden. En un país cuya economía, aún, crece. "Si me fracasa esto tengo que dejar mi casa y levantarme un rancho o algo así en un asentamiento", me dijo un trabajador de Uber.

En estos pensamientos estaba cuando el diario El Observador publicó un informe de varios académicos sobre la pobreza y lo tituló: "El 40% de los hogares uruguayos está en riesgo de caer en la pobreza, según estudio". ¡Para qué!

Voceros de la izquierda, algunos serios y otros los inmorales de siempre, dijeron de todo sobre ese título porque el informe también tenía otros datos, tales como que los hogares ubicados en situación de pobreza, que representaban un 60% del total en 2004 pasaron a un 21% en 2016.

No voy a ingresar aquí en explicaciones periodísticas sobre cómo titular (tarea que adoro), primero porque muchos de los críticos no lo entenderían y para algunos de los que sí entenderían el periodismo es otra cosa, como una vía para hacer política o extorsionar a incautos.

Voy a enfocar en la trascendencia, importancia y todo lo que dice ese título. Porque en ese título está comprendido el chofer de Uber que temía terminar en un rancho o los miles de jóvenes desempleados.

En ese título están reflejadas tangencialmente las críticas que dirigentes oficialistas empiezan a esbozar sobre las políticas sociales: fueron buenas, pero ya no lo son. En el polémico título está resumida la situación de todos aquellos que por haber recibido 500 pesos más que los que recibía, sobrepasaron la línea de pobreza medida por ingresos y fueron parte de títulos positivos: "La pobreza bajó...".

Ese título dice, de otra manera, lo que le pasa a ese ciudadano, que para las estadísticas salió de la pobreza pero que sigue viviendo en el mismo rancho, del mismo barrio donde manda el narco, sus hijos ya no estudian pero, paradójicamente, con su sueldo si es que trabajan, aumentan los ingresos y contribuyen a que su situación sea presentada como una buena noticia.

Sobre los argumentos de por qué la violencia, de la mano de la marginalidad, sube como leche hervida, he ido, y venido, y vuelto a ir. Combatir la desigualdad para disminuir la delincuencia, planteado así, se reveló un error. Pero como lo planteábamos mal, lo borramos del menú. Y eso fue un terrible error. Sáqueselo con peine fino o con una 9 milímetros: si no combatimos la desigualdad, la delincuencia seguirá en auge, porque por algo casi todos los presos provienen de hogares pobres, y porque los pobres, por el solo hecho de serlo, viven en la violencia.

Acosado por la entendible vocinglera del miedo, el gobierno reculó y sus últimas medidas contra la violencia están todas del lado de la represión.

Esta semana, en una entrevista en VTV, el economista Ernesto Talvi ,que lanzó su precandidatura por el Partido Colorado, dijo que el ministro Bonomi "está corriendo el problema de atrás y cualquiera que hubiera estado donde está Bonomi hubiera fracasado. Porque el Frente fracasó de manera estrepitosa donde no debió y donde nunca pensamos que podía fracasar", que fue en la educación y en otras políticas sociales.

Eso también está dicho, a su manera, en el polémico título de El Observador, el que no voy a fundamentar periodísticamente porque muchos de sus críticos no lo entenderían, y los que por ahí entienden en vez de periodistas son obsecuentes. Y no lo olvide: es más peligroso un obsecuente que un narco.





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