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Estados Unidos registra un muerto por sobredosis cada cinco minutos

Las estadísticas oficiales señalan que solo en 2021 se registraron 107 mil decesos por sobredosis y más de la mitad por drogas sintéticas como el fentanilo

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19 de julio de 2022 a las 05:01

Según las autoridades sanitarias de Estados Unidos, la cifra de muertos por sobredosis registrada durante el año pasado significa un aumento del 15% en comparación con 2020 y más del 50% de esos decesos se deben al uso de opioides sintéticos, como el fentanilo, cuyos precursores químicos son importados por los carteles mexicanos desde China, Taiwán y Hong Kong.

Los funcionarios estiman que una persona cada cinco minutos pierde la vida en algún lugar del país por una sobredosis. Según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), más de 70.000 de las muertes están relacionadas con opioides sintéticos. Un ranking de letalidad que lo completan los estimulantes como la metanfetamina con más de 30.000 muertes, la cocaína con casi 25.000 y los opiáceos naturales o semisintéticos, como la heroína, con unos 13.000 decesos.

Los laboratorios de fentanilo crecieron en el norte mexicano durante los últimos años. Según las fuerzas de seguridad estadounidenses, se localizan en su mayoría en los estados de Michoacán, Jalisco, Sinaloa, Durango y Baja California, donde los carteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa controlan una producción que requiere de los precursores químicos traficados desde China, Taiwán y Hong Kong.

Según la DEA, los precursores del fentanilo, muy adictivo y más barato de fabricar que otros opioides, llegan camuflados en barcos a los puertos y costas del Océano Pacífico. Allí, los carteles los mezclan con cocaína o heroína, y les dan forma de píldoras o dosis en polvo. Una vez terminada la elaboración, la producción se envía a Estados Unidos a través de Tijuana, Baja California y San Diego.

La lucha contra la drogadicción y el tráfico de drogas

Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de los Estados Unidos, calificó el crecimiento de las muertes y de la proporción de ellas en base al fentanilo como “cifras verdaderamente asombrosas". La especialista, además, advirtió mediante un comunicado que el país tiene cada vez “más personas, incluidos los consumidores ocasionales y los adolescentes, expuestas a estas potentes sustancias que pueden causar una sobredosis incluso con una exposición relativamente baja".

Por su parte, la Casa Blanca emitió un comunicado en que calificó de "inaceptable" la aceleración de las muertes por sobredosis. Ante el desafío sanitario y social, el gobierno de Joe Biden lanzó en abril último una nueva Estrategia Nacional de Control de Drogas, que consiste esencialmente en un plan de acción centrado en dos aspectos: más atención a los adictos y mejorar la eficiencia en la lucha contra el narcotráfico.

El programa incluye la llamada "reducción de daños", que implica entre otros aspectos la distribución de naloxona -un antídoto capaz de reanimar a una persona con sobredosis-, pruebas gratuitas para verificar la presencia o no de fentanilo en las pastillas que circulan en las calles y programas de cambio de las jeringas usadas por otras limpias para quienes abusan de las sustancias inyectables.

La iniciativa también apunta a mejorar el acceso a los tratamientos. "Vamos a duplicar el número de admisiones para las poblaciones con mayor riesgo de morir por sobredosis", prometió el Rahul Gupta, director de la Oficina de Control de Drogas de la Casa Blanca durante una conferencia de prensa en abril.

En los últimos 20 años, las muertes por sobredosis han registrado un sostenido aumento pese a los programas oficiales. Los expertos afirman además que la crisis de los opioides se agravó por la epidemia de Covid-19 debido al aislamiento de las personas y de poblaciones enteras. Por ejemplo, el mayor incremento de decesos en 2021 se produjo en Alaska, donde las muertes se incrementaron en más de un 75%.

Cuando la Casa Blanca anunció el nuevo programa federal para el control de drogas y la atención de los adictos, el país había superado por primera vez en su historia la cifra de 100.000 muertes anuales por sobredosis. La suba del 15% con relación a 2021 fue, sin embargo, inferior al incremento del 30% reportado entre 2019 y 2020.

La ruta de oriente

La creciente presencia del opioide en México alteró el mercado ilegal del narcotráfico, según los especialistas y las autoridades. Las drogas sintéticas, por ejemplo, desplazaron a productos como la marihuana y la heroína como principales fuentes de financiamiento de las organizaciones criminales.

El tema es también una preocupación trasnacional. De acuerdo con las autoridades de México y Estados Unidos, en los últimos años se estableció una red entre los carteles mexicanos y de China, Taiwán y Hong Kong para elaborar la droga, que se envía después a Estados Unidos. El proceso de tráfico cambió desde 2017, según la DEA y la Fiscalía General de la República.

Hasta ese año, el opioide solía enviarse desde China a las ciudades estadounidenses. Sin embargo, en los últimos cinco años, los carteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa empezaron a importar los precursores para elaborar el fentanilo directamente en sus propios laboratorios. No obstante, el punto de origen de los precursores siguen siendo los laboratorios ilegales que operan en el sudeste asiático.

Según datos del Departamento de Justicia de Estados Unidos existen al menos 5.000 sitios en China donde se produce fentanilo, sustancias alternativas a la droga o los componentes para elaborarla. De acuerdo con la DEA hay distintas maneras de introducir el fentanilo en Estados Unidos. Originalmente eran envíos directos por correo, o en embarques vía área, que a veces se negocian en la llamada "internet profunda".

Otra modalidad es enviar contenedores en barcos mercantes que zarpan de los principales puertos de China, Hong Kong o Taiwán. En estos casos, la droga llega disfrazada en contenedores de jabón, dentro de muñecos o de otros productos importados a los puertos mexicanos en el Pacífico, sobre todo Manzanillo, Colima y Lázaro Cárdenas, en Michoacán. Sin embargo, no son las únicas puertas de entrada. La Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional mexicanas han detectado arribos también en los aeropuertos internacionales de Culiacán, Manzanillo y Ciudad de México.

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