Por lo tanto, la técnica del doble tap se utiliza "para duplicar la potencia sobre el cuerpo que lo amenaza. Máximo hoy cuando la mayoría de los delincuentes usan chaleco antibalas. Entonces si bien un impacto lo puede neutralizar un poco o parar, dos duplica".
El juez Marcelo Malvar –que terminó condenando al policía a dos años y ocho meses de prisión– hizo énfasis en estas afirmaciones. "A pesar del tono moderado y los eufemismos utilizados por el testigo (Abreu), se revela que los policías son entrenados para enfrentarse cuerpo a cuerpo con los sospechosos, y son entrenados para disparar a zonas vitales con la innegable finalidad de detener con violencia los ataques".
"La policía no enseña a tirar a las piernas ni a las manos, sino al torso o a la cabeza y aunque nadie desee la muerte del atacante, ella es casi inevitable con las técnicas que se enseñan, las que evidentemente están diseñadas para preservar la vida de los habitantes y de los propios funcionarios", complementó.
"El acusado entonces actuó conforme las enseñanzas de la academia, cuya pertinencia o no es un tema de técnica policial y de combate que no corresponde juzgar en este proceso", cerró en esa instancia. En otro pasaje, reiteró que no corresponde juzgar eso sino destacar que son las que "se enseña en la academia" y que no es imputable las eventuales discrepancias con ellas y "mucho menos cuando ellas provendrían de personas inidóneas como los operadores judiciales".
Más adelante –y teniendo en cuenta más argumentos– concluyó que hubo disparos que resultaron excesivos y por eso la condena.
¿Hasta cuándo puede disparar un policía?
En este juicio, también declaró el exsubdirector ejecutivo de la Policía Nacional Jorge Berriel –actualmente imputado por el caso Astesiano– quien consultado cuándo cesa la amenaza de quien empuña un arma de fuego, contestó: "Es una situación adrenalínica muy grande (...) La amenaza termina, puede ser cuando se le indica que deponga su actitud y cuando llegue a usar el arma la persona se sienta herida, tire el arma o deponga la actitud de la agresión. Ahí cesaría la amenaza. Mientras el arma esté empuñada y en condición de herir, hay una amenaza".
También destacó que no hay un número de disparos estipulados que sean necesarios.
Abreu, al respecto, señaló que el uso de arma de fuego hay que hacerlo "cumpliendo la norma y en la academia se enseña lo que dice la norma". A continuación, un fragmento del intercambio que tuvo con la Fiscalía.
–¿Usted considera que el doble tap se debe utilizar cuando hay una persona tirada en el piso, herida y desarmada?
El uso de esa técnica, como puede haber otras, es en un momento de enfrentamiento que se den las circunstancias para utilizar el arma de fuego. No se enseña a eso que usted me dice. Es una técnica, que ayuda a neutralizar y cortar el movimiento físico del agresor.
–¿O sea que si el agresor está sin movimiento físico, en el piso, no sería necesario utilizar el doble tap?
Pero no sabemos si, por más de que esté en el piso, puede estar ejerciendo movimientos que pueden ser ofensivos aún en el piso.
–¿En el piso, herido, desarmado?
Le podría decir que no.
Después de eso, la defensa le preguntó si se puede utilizar si la persona está en el piso pero armada y empuñando un arma. A lo que contestó: "Si el agresor aún tiene posibilidad de movimiento y no está inhabilitado por los disparos, lo que se configura es una posible reacción y cuántos policías tenemos, capaz fallecidos, porque nos confiamos y... (...) Son momentos únicos que mucho estrés, que, obviamente y con las disculpas del caso, capaz no estaríamos acá si no hubiera una persona fallecida, pero por lo menos no tengo que lamentar la muerte de un policía como ha pasado en otro momento. Es solamente una apreciación personal. Si el agresor todavía tiene posibilidad de movimiento y está armado y el policía no tiene esa situación dominada, sí, los disparos se pueden dar".
La explicación del acusado
Para la fiscalía que encabeza Adriana Edelman el caso estaba claro y por eso pidió que se condene al policía acusado a siete años de prisión. Él corrió un ómnibus que terminó perdiendo, advertía que quien terminó siendo la víctima lo seguía –es decir, no lo tomó por sorpresa– y se preparó para eso.
Para la fiscalía, la víctima, que iba en bicicleta, nunca llegó a acercarse al acusado. El policía dice que le dijo "dame la plata o te quemo" y le mostró un arma –el gesto quedó grabado en las cámaras de seguridad– y que él le gritó "alto policía" y efectuó un disparo disuasorio.
"Quedó probado a través de los imágenes es que la víctima se acerca al imputado montado en su bicicleta, con un arma de juguete y sin entrar en contacto con este, de lejos, frente a lo que puede ser un ademan con su mano, el imputado comienza a disparar su arma de fuego, primero a una distancia de aproximadamente nueve metros, de donde efectúa tres disparos. Cayendo al impactar el segundo y perdiendo su arma. Posteriormente y ya caído su contrincante, dispara nuevamente", describió la fiscal Edelman.
–Fue puro ataque a partir del primer o segundo disparo –determinó y citó el artículo 18 de la ley orgánica policial. "El uso de la fuerza, incluyendo los distintos tipos de armas, debe ser moderado, racional, progresivo y proporcional, considerando el riesgo a enfrentar y el objetivo legítimo que se persiga", expresa la norma.
Remarcó que desde su ingreso a la policía –en 2014– no había realizado ningún curso (Abreu había declarado que la actualización era obligatoria) y que el enjuiciado había ultimado a otra persona en un hecho similar tiempo atrás pero que el caso se archivó porque no había ni cámaras ni testigos.
La defensa, por su parte, relató que el policía solo tuvo nueve segundos para decidir qué hacer y terminó repeliendo la agresión de acuerdo a las enseñanzas del Ministerio del Interior. Además, criticó que la fiscalía trajera a colación un caso donde se había desestimado la responsabilidad de su cliente.
El acusado, en sus palabras finales, las que emitió entre lágrimas, dijo: "Me defendí. Somos policías 24 horas. Me defendí. Cuando veo que el señor cae, veo que me sigue apuntando y por eso me sigo defendiendo. Y bueno, y cuando logro defenderme, no voy a seguir lastimándolo, incluso voy a asistirlo, llamo a la emergencia, paro a un auto que iba pasando y bueno, eso... No me siento contento por eso que pasó, no quise matar a nadie".
El juez Malvar dio crédito a la teoría del caso de la defensa, salvo por los últimos disparos que le parecieron excesivos. Entendió que hubo una agresión ilegítima de la víctima quien intentó asaltar al policía "desde atrás, apuntándolo con un objeto con forma de arma, y además lo acechó durante seis cuadras".
"Imaginó lo peor y repelió la agresión, cuando no era posible una respuesta alternativa atento a lo repentino del ataque, de donde puede concluirse que su defensa fue necesaria. La sorpresa y la rapidez del desarrollo del evento impidió la progresividad, y no creo que por lo menos al inicio, su respuesta haya sido desproporcionada e irracional", dijo, refiriéndose al artículo de la ley orgánica que obliga a la progresividad de la violencia a emplear.
Para el juez, la sucesión de hechos fue la siguiente: cuando la víctima fue a agredir al policía, él le dispara dos veces con la técnica doble tap –es decir, da cuatro tiros–, allí el atacante cae y luego intenta incorporarse, a lo que el policía efectúa otro disparo. Después, la víctima hace un "ademán con su brazo" y el policía vuelve a disparar (seis disparos). Pero luego de eso, el acusado dispara otro doble tap, llegando a disparar ocho proyectiles.
Entonces, el episodio, a su juicio inicialmente fue de una legítima defensa pero luego "continuó volviéndose una situación cada vez más gris, más dudosa, más turbia… culminando en una situación de exceso". Esa se cristaliza cuando él da los dos últimos disparos, frente a una persona que ya no representaba una amenaza.
Chimuris y Abal apelarán el fallo de Malvar.