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undefined undefined "Los rusos siempre han estado en competencia, trataron de llegar a la Luna, pero el presidente (John Fitzgerald) Kennedy se propuso ser el primero", recordó Cabana.
Siempre ha existido el "deseo" de Estados Unidos de liderar la carrera espacial y eso se demostró desde un principio con el Explorer 1, pues hay una permanente competencia con rusos, chinos y "los poderes mundiales que dominen el espacio".
En aquel entonces, alarmado al quedar rezagado en la carrera espacial mientras se intensificaba la Guerra Fría, el Gobierno estadounidense ordenó al Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por su sigla en inglés) y a la Agencia de Misiles Balísticos del Ejército llevar a cabo el lanzamiento de un satélite lo más pronto posible.
Además de ser el primer cohete espacial estadounidense, el Explorer 1 fue pionero en llevar instrumentos científicos y en realizar un descubrimiento de la era espacial: el cinturón Van Allen de alta radiación que rodea al planeta.
Cabana manifestó que el lanzamiento del Explorer 1 impulsó también la creación de la NASA en octubre de 1958 y transformó el JPL, dedicado hasta entonces al diseño y fabricación de misiles, en un centro para la exploración espacial.
El satélite en sí, de 2,03 metros (80 pulgadas) de largo, 15,9 centímetros (6,25 pulgadas) de diámetro y 14 kilogramos (30,66 libras), hizo su transmisión final en mayo de 1958.
Doce años después ingresó en la atmósfera de la Tierra y se quemó después de más de 58.000 órbitas.
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undefined undefined Al aniversario acudió John Meisenheimer, de 84 años, el oficial que dio el visto bueno meteorológico para la operación después de frustrarla los dos días anteriores debido a la malas condiciones.
Meisenheimer relató la presión que tuvo de altos cargos que le pedían que "manejara la situación" el 29 y el 30 de enero cuando advirtió de los fuertes vientos.
"Yo no podía hacer nada (para manejarlo)", expresó.
Recordó que sintió alivio cuando uno de los militares lo apoyó y le dijo que hiciera lo que tuviera que hacer, hasta que tuvo una "ventana de oportunidad" el 31 de enero.
Con equipos que calificó de "primitivos", Meisenheimer contribuyó en la emblemática operación que impulsó no solo la exploración espacial y científica, sino que alivió a los estadounidenses de la vergüenza de un intento fallido con el Vanguard en el marco de un complicado momento geopolítico.