Después de Celestino Mibelli y de Eugenio Gómez, Rodney Arismendi era el líder del PC pero no se postulaba a presidente.
La unión completa de las izquierdas debutó electoralmente en 1971 y en marzo de aquel año presentó en sociedad a su candidato presidencial, el General retirado, Líber Seregni: “El Frente Amplio no es una simple suma de partidos o de grupos; es la nueva conciencia que levantará un nuevo Uruguay”.
Era candidato, pero todavía no era líder.
El liderazgo del Frente Amplio fue colectivo, porque eso correspondía a su característica de coalición. Aquel entramado de partidos de izquierda histórica y de sectores disidentes de los partidos fundacionales, con perfil más de izquierda, obligaba a un reconocimiento de equilibrios que diera garantías a todos de buscar un denominador común político, y que ningún sector coaligado se sintiera incómodo, por ser arrastrado por una mayoría circunstancial hacia posiciones que le pudieran incomodar.
En la previa a la fundación del FA, el liderazgo estuvo en lo que se conoció como el “grupo de los 5”: Rodney Arismendi, por el Partido Comunista; Luis Pedro Bonavita, por el Frente Izquierda de Liberación (Fidel), Juan Pablo Terra por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), y los senadores Zelmar Michelini, del Movimiento por el Gobierno del Pueblo (99), y Francisco Rodríguez Camusso por el Movimiento Blanco, Popular y Progresista (MBPP).
Para el ´71 ya operaba una conducción formal con la Mesa Ejecutiva y los representantes de los sectores, pero el liderazgo era de los dirigentes claves: Arismendi, Terra y Michelini.
Otros dirigentes tenían el peso de sus grupos, como José Pedro Cardoso del Partido Socialista o Enrique Erro, el ex Partido Nacional que llegaba con su lema Unión Popular y alianza con Movimiento Revolucionario Oriental y también con la simpatía del Movimiento Tupamaro que no apoyaba la vía electoral pero no quería quedar ajeno a este movimiento.
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Aquel general elegido como presidenciable se fue convirtiendo en líder, incluso con un peso por encima de los sectores. Proscripto en 1984, el candidato presidencial fue Juan José Crottogini y ahí se abrió una puja interna sobre candidaturas para 1989, entre Seregni y Hugo Batalla, sucesor de Michelini en la 99 y que había sido lo más votado dentro del Frente y eso terminó en ruptura de bloques.
Seregni allanaba el camino para un sucesor y el elegido era Danilo Astori, mientras emergía Tabaré Vázquez como nueva figura, y José Mujica entraba al Frente (con el MLN-T).
Ese año, 1989, sería el impulso a tres personalidades de altísima popularidad en los años siguientes.
Vázquez fue candidato presidencial en 1994 y no se conformó con eso, por lo que disputó el liderazgo y en 1996 fue cuando Seregni dio un paso al costado.
Tabaré fue líder claro del FA desde entonces y hasta fin de su primer gobierno, 2009, cuando la lógica de los hechos políticos determinó que la izquierda tuviera una tríada poderosa y popular.
En las primeras internas obligatorias, 1999, Vázquez ganó a Astori con amplitud (82,4% a 17,6%).
En 2004, Tabaré reunía todo el poder, líder y candidato, sin internas.
Con la izquierda en el gobierno, las internas de 2009 fueron para Mujica se impuso con 52% frente Astori con 39,6% y a Marcos Carámbula con 8,3%.
Hacia 2014 había dudas de la vuelta de Tabaré y el movimiento reinvidicativo de rol de la mujer impulso a la politóloga Constanza Moreira que tuvo apenas 18% frente al rotundo 82% de Vázquez.
Para 2019, el socialista Daniel Martínez ganó con 42%, seguido por Carolina Cosse (apoyada por el MPP y otros) con 25,5%, el comunista Oscar Andrade con 23% y Mario Bergara con 9,3%.
Los votantes fueron menos que otras veces, tanto en la interna como en las nacionales, y Martínez quedó como candidato perdedor.
El fallido intento de Daniel Martínez por suceder la tríada de Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica, dejó la puerta abierta a nuevos jugadores.
Vázquez falleció, Astori tiene 81 años y desde el inicio de pandemia no ejerce la banca del Senado; Mujica tiene 86 años y hace un año que se retiró del Parlamento.
No hay un líder en camino, pero hay varios potenciales precandidatos presidenciales.
Yamandú Orsi fue elegido por el MPP/MLN-T para ser candidato en 2024 y tiene buena popularidad.
Cosse dijo que prefiere dos períodos en la IMM pero está ahí; también tiene buena imagen en las encuestas.
El Boca es caudillo popular y sueña con la imagen de Lula.
Bergara logró atar (y quedar al frente) del bloque seregnista-progresista.
Alejandro Sánchez no está en el radar de los presidenciables (porque su movimiento ya tiene otro nombre) pero es uno de los mejores dirigentes, negociadores y parlamentarios.
Fernando Pereira asoma como “la sorpresa”, con experiencia en asambleas, con buen manejo de entrevistas de prensa, con discurso que levanta la platea militante, y con chance de reorganizar y reimpulsar la estructura frentista.
Entonces: ¿quién será la propuesta frentista para 2024?
Habrá varios precandidatos y el postulante dependerá de los acuerdos que se tejen en la interna; ahí Orsi venía en delantera, por ser visualizado como “el candidato” y porque el MPP se movió para sumar apoyos. Pero eso dependerá de cómo siga la política, porque además en la 609 ya algunos manejan que si Yamandú no se afirma y Pereira muestra más potencia y más chance de acuerdos amplios, habrá que considerar eso.
Carolina no se largará al vacío pero estará viendo si la izquierda se decide de una vez por todas, jugarse por una mujer para presidir el país.
Nadie está seguro, nadie está afuera.
Y para liderazgo general, hasta ahora solo se veía posible la idea de “un colegiado”, pero ahí aparece una chance para Pereira, que, sin llegar al mismo rol que Seregni, Tabaré o la tríada, puede convertirse en un conductor político de relevancia.