21 de octubre 2015 - 5:00hs
Belle and Sebastian tiene canciones para todos los gustos. Canciones cuyo único cometido es bailar y canciones que desgarran por abrirse de par en par y volcar todo en su letra. Tiene temas divertidos, protagonizadas por personajes incomprendidos o considerados extraños, y baladas con la intimidad de una habitación cerrada. Cada fanático tiene sus favoritos y por eso es difícil que un único repertorio deje 100% feliz a todos. Sin embargo, en su primer show en Montevideo, la banda escocesa hizo su mejor intento.

En su presentación –que pasó del Teatro de Verano a la intimidad apretada de La Trastienda, cambio que salió favorecido por la lluvia– el baile se mantuvo en alto, la emoción al firme y los chistes a tono.

El grupo, que puede llegar a 10 músicos, se ubicó sobre el escenario y, salvo el baterista Richard Colburn, intercambiaron instrumentos. Sobre su líder, Stuart Murdoch, voz, compositor, guitarrista y pianista, se depositó el peso del espectáculo.
Más noticias

A pesar de que el tecladista Chris Geddes tenía un mejor manejo del español y ofició de presentador del grupo, Murdoch con su escaso manejo del idioma fue el principal vínculo con el público. Además de presentar algunos temas, bromeó sobre los cambios de hora que aquejan a la región (vienen de San Pablo, donde hay una hora más), sobre su llegada al sur, los cambios del sol y la luna (sobre el cual junto a la multinstrumentalista Sarah Martin lograron hacer un chiste sobre la menstruación sin caer en el mal gusto) y principalmente, celebrar su debut en Montevideo, dejando todo sobre el escenario.

Temas viejos y nuevos se sucedieron. Sonaron clásicos de sus primeros discos, como Expectations, Seeing Other People, Sukie in the Graveyard y Judy and the Dream of Horses, que ofició como final bailable previo a los bises. Sin embargo, el plato fuerte fueron los temas de su más reciente disco, Girls in Peacetime Want to Dance, con temas imparables como The Party Line, Allie y Perfect Couples o la autobiográfica Nobody's Empire.

Uno de los puntos altos fue la interpretación de Piazza, New York Catcher, una canción que según contó Murdoch tiene como trasfondo el baseball pero en realidad se trata sobre su esposa. Sentado en el borde del escenario, el cantante de voz tersa que parece no haber cambiado en estos casi 20 años, causó la desesperación de los fanáticos de las primeras filas. En un segundo una horda de celulares se prendió sobre su rostro, mientras el público oscilaba a ritmo marítimo al son de una de las baladas preferidas.

Con The Boy with the Arab Strap la banda abrió su escenario para que una decena de fanáticos subiera a bailar con ellos. Todos extremadamente jóvenes –hecho que sorprendió al mismo Murdoch cuando dio una mirada al público– y portando sus smartphones como apéndice, interrupían su baile para sacarse selfies hasta que la siguiente canción, Legal Man, llegó a su fin.

El cierre de esta fiesta sensible se coronó con Get me away from here I'm dying, una canción que narra su mismo proceso de creación, de finales que producen llanto y palabras que lastiman. Como sus canciones, el show tuvo ese sabor dulzón salpicado de la acidez del humor inglés con el golpe final del sentimentalismo. En su show, también como en sus canciones, se puede bailar al mismo tiempo que se emociona.
Temas:

Música

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos