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La gráfica más importante del mundo se interrumpe

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La gráfica más importante del mundo se interrumpe

La gráfica Kelling muestra cómo crece la contaminación de la atmósfera

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04 de diciembre de 2022 a las 05:00

Cuando Charles Keeling obtuvo su doctorado en química en 1953 bajo la tutoría de Malcolm Dole, su destino más probable era trabajar para la industria petrolera, como casi todos los discípulos del profesor Dole. Pero Charles, según reportan sus biógrafos “tuvo un problema viendo el futuro de esta manera” aunque se había interesado especialmente en la geología.

De modo que en 1956 siguió sus estudios en el Instituto de Oceanografía de Scripps en 1956, y fue nombrado profesor de oceanografía en 1968. Ese camino lo llevó a diseñar y construir  el primer instrumento para medir el dióxido de carbono en muestras atmosféricas. Keeling acampó en Big Sur, donde usó su nuevo dispositivo para medir el nivel de dióxido de carbono y descubrió que había aumentado desde el siglo XIX.

En 1957–58 Keeling recibió fondos de IGY para establecer una base en Mauna Loa en Hawái, a dos millas (3,000 m) sobre el nivel del mar. Es el mayor volcán del mundo, lejos de las zonas industriales del mundo, de los lugares con aire más puro del undo.

Keeling comenzó a recolectar muestras de dióxido de carbono en la base en 1958. Para 1960, había establecido que existen fuertes variaciones estacionales en los niveles de dióxido de carbono con niveles máximos alcanzados en el invierno del hemisferio Norte. Verificó que se producía una reducción en el dióxido de carbono durante la primavera y a principios del verano de cada año a medida que aumentaba el crecimiento de las plantas en el hemisferio norte rico en tierras. En 1961, Keeling proporcionó datos que mostraban que los niveles de dióxido de carbono aumentaban constantemente en lo que se conoció como la “Curva de Keeling”.

Esto muestra dos aspectos interesantes: por un lado la Tierra literalmente respira. Cuando en el hemisferio Norte, donde está la mayor cantidad de superficie de tierra firme, las plantas rebrotan y construyen hojas capturando carbono de la atmósfera a través de la fotosíntesis, “limpian” transitoriamente la atmósfera y bajan su contenido de co2. Pero luego eso cesaba y los niveles máximos ocurren siempre en el invierno.

En segundo lugar, cada año la concentración de CO2 va en aumento lo que muestra que la actividad del ser humano es determinante del calentamiento. La relación entre concentración de CO2 y temperatura ya había sido establecida por el Nobel de Químca Svante Arrhenius mucho tiempo atrás. Keeling fue construyendo con esos datos una gráfica, de las más famosas e importantes de la ciencia, la curva de Keeling, que va mostrando como la contaminación de la atmósfera de CO2 crece.

A principios de la década de 1960, la National Science Foundation dejó de apoyar su investigación, calificando el resultado como “rutina”.

A pesar de esta falta de interés, la Fundación utilizó la investigación de Keeling en su advertencia en 1963 de cantidades cada vez mayores de gases que atrapan el calor. Un informe de 1965 del Comité Asesor Científico del presidente Johnson advirtió de manera similar sobre los peligros de los gases que atrapan el calor, los cuales hacen que la temperatura de la Tierra aumente. La recopilación de datos iniciada por Keeling y continuada en Mauna Loa es el registro continuo más largo de dióxido de carbono atmosférico en el mundo y se considera un indicador confiable de la tendencia mundial. La investigación de Keeling mostró que la concentración atmosférica de dióxido de carbono aumentó de 315 partes por millón (ppm) en 1958 a 380 (ppm) en 2005, y este viernes 2 de diciembre está en 417 partes por millón.

En paralelo, mediciones de las burbujas atrapadas en los hielos han permitido establecer que antes de la revolución industrial la concentración de dióxido de carbono era menor a 300 ppm y que el nivel de co2 actual es el mayor desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. También sabemos que hubo un momento en que la concentración llegó a 440 ppm y que la temperatura era 7 grados mayor a la actual y casi no había hielos en los polos por lo que el nivel del mar era mucho mayor al actual.

Charles Keeling falleció en 2015 pero su tarea ha sido continuada por su hijo Ralph que trabaja para el Instituto Scripps de Oceanografía. Esta semana el volcán Mauna Loa entró en erupción y de acuerdo a los reportes de prensa la lava ha cortado los caminos y derribado las torres de suministro de los laboratorios, por lo que los registros puede que se interrumpan.
Por lo pronto, Ralph ha explicado a la prensa que hay que esperar que la lava se enfríe, se instalen nuevamente las torres del tendido eléctrico y se reconstruyan los caminos, algo que llevará meses.

 Aplanar la curva de Keeling es algo que llevará muchas décadas y que, de no lograrse llevará a un caos climático. Aprovechemos la erupción del Mauna Loa y la interrupción de este registro vital, para divulgar lo más posible la gráfica de la que depende la vida de nuestros nietos. La curva, que tras el Covid, nos toca aplanar como tarea de la humanidad entera. 

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