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 Durante la final del mundo, ¿no se podrá salir con un cartel que diga no a la ejecución de Amir?

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La pelota sí se manchó de petróleo en Qatar 2022

La mancha que dejará este mundial será enorme si se juega la final con un jugador sentenciado a muerte

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17 de diciembre de 2022 a las 05:04

En los años 70, en Uruguay, en cierto momento se llegó a prohibir jugar al fútbol en la playa. Los marineros tocaban pito y debía frenarse un partido de fútbol “clandestino”. Los pelotazos a los demás podían ser un problema, prohíbase.

Esta curiosa prohibición que recuerdo y que no se si era por decreto o qué, generaba un fenómeno curioso: al atardecer, cuando la autoridad se retiraba se armaban gigantescos partidos de futbol. En aquellos partidos se mezclaba el Boligoma, joven galán carrasquense con el William Noble, que alternaba jugar en primera división con corretear por la arena y hacer goles y más goles.

Las canchas eran muy grandes y en mi recuerdo de niño, se jugaba como 20 y pico contra 20 y pico y la dimensión de la cancha llevaba a que el outball, u óbol, era difícil de delimitar: el lateral terminaba siendo el agua.

En aquellos años en los que el ecologismo prácticamente no existía, los cargueros limpiaban las bodegas donde se les antojaba. Y habitualmente se les antojaba cerca de la costa, y los restos de petróleo terminaban a veces en el plumaje de una gaviota o en invierno de algún pingüino que llegaban empetrolados y moribundos a la costa.

Era un mundo donde lo ambiental importaba cero y el petróleo se había disparado tras la guerra del 73, que fue además la primera guerra donde se uso la restricción en la oferta del petróleo como un arma de extorsión a Occidente como castigo por apoyar a Israel.

De modo que cuando la pelota durante el partido se iba cerca de la orilla era habitual que se manchara con petróleo. Bleque, se le decía, y frecuentemente manchaba a los caminantes con algo que recordaba a pisar la caca de un perro descalzo. Desagradable, incómodo, pero el bleke, mucho más difícil de sacar. La mancha del petróleo es desagadablemente perdurable. Y en el partido, iba manchando a cada uno que tocaba la pelota. Trancabas, dos con bleque, atajabas, manos con mancha negra.

El de este año es el mundial más contaminante de la historia en todos los sentidos de la palabra. Mientras el mundo se preocupa por las emisiones y por acercarse a la neutralidad el actual mundial  ha sido obscenamente el de más emisiones de carbono. Ha sido tóxico no solo para la atmósfera sino por el mensaje que da a la humanidad: si tienes suficiente dinero, puedes lo que sea.

¿Puedes organizar un mundial sin nunca haber aportado una selección o un club relevante al futbol mundial siendo que la mayoría de los organizadores anteriores tienen trayectoria futbolística? Si tienes suficiente dinero, puedes.

¿Puedes en la tanda hacer publicidad de camionetas cuatro por cuatro que ruedan sin ton ni son rompiendo las dunas silvestres y emitiendo carbono al santo botón? Si tienes el suficiente dinero, puedes.

¿Puedes censurar el arco iris si tienes suficiente dinero y lo pones como condición? Sí puedes. Cosa curiosa, si alguien fuera con una remera del maravilloso disco de Pink Floyd, el lado oscuro de la luna, no te dejarían ver el partido. ¿verdad que es muy absurdo? Pero si eres una dictadura con suficiente dinero como Qatar puedes prohibir absurdidades y que nadie te critique. “Es política” pasó a ser el argumento, como si prohibir el arco iris no fuera política.

¿Pero puedes organizar un mundial con trabajo esclavo y que mueran cientos de trabajadores? Nuevamente, si tienes la suficiente cantidad de dinero puedes.

Hasta ahora el mundial del petróleo venía sorteando el autoritarismo aceptado, y la corrupción  a mansalva.

La impunidad parecía total y garantizada. Que ya todo el mundo sabe que para que este mundial se realice en un lugar así, se ha coimeado a troche, moche, y moroche. Cientos o miles de mandos medios y altos le pidieron a los reyes magos qataríes su regalito y los regalos llegaron generosos, contantes y sonantes.

La trama era perfecta, pero el autoritarismo suele tener esas brutalidades que cruzan todos los límites de la grosería universal y que pueden arruinar la trama.

En la época que yo era niño y jugaba al fútbol en la playa la dictadura nos obligaba a los varones a que el pelo no cruzara el límite del cuello de la camisa, la frente y las orejas.

Que el Estado controle tu pelo es muy fuerte. Es algo completamente personal y no hay que ser un experto en psicología o semiótica para darse cuenta que simboliza que la dictadura puede controlar tu cabeza a su antojo. La indignación es universalmente obvia: “es mi pelo y yo lo llevo como a mi me parezca”. La sanción era ridícula, pero llevar una falta en un liceo también es ridículo comparado con que lisa y llanamente te asesinen. Y obviamente en el caso iraní significa una opresión sistemática que soportan las mujeres en aquellas partes del mundo.

Las mujeres iraníes se hartaron de la obligación impuesta por los varones en el poder de llevar el pelo cubierto si o si por un pañuelo. Se hartaron de la policía de la moral que literalmente muelen a golpes a las mujeres que se sacan el velo. Hasta que una mujer iraní étnicamente kurda, Mahsa Amini, fue literalmente matada a palazos por sacarse el velo el 22 de setiembre.

Racismo y machismo en su máxima expresión posible. Valientes periodistas iraníes desenmascararon las mentiras oficiales de una muerte “súbita” y la mostraron en el hospital con el cráneo destrozado.

Multitudes de mujeres y varones salieron a las calles y la represión fue propia de la Alemania nazi o de las distopías más horrendas que la imaginación humana haya especulado. Condenas a muertes por doquier, mujeres y jóvenes, niños y niñas asesinados sin piedad. Su asesinato, el 16 de setiembre, desató la mayor rebelión de mujeres que se recuerde, por la causa más justa posible y ante la fenomenal indiferencia del feminismo uruguayo que está en “otre cose”.

La dictadura iraní apuesta a llevar el terror a un límite tal que su pueblo sea vencido por el miedo. Las ejecuciones públicas se multiplican en las grúas de la construcción se ahorcan a jóvenes varones por la traición a Alá de defender a las mujeres en las calles. A las mujeres se les dispara con munición sobre la cara o los genitales.

Una semana después del asesinato de Mahsa Amini Uruguay jugó un “amistoso” con la selección iraní, que dio la pauta de lo que se venía. Uruguay perdió 1 a 0, el fin del invicto de Alonso con la selección.

Seguramente castigar a Irán con un boicot a ese juego (lo que pedían ya muchos iraníes) hubiese tenido una grave sanción económica. Debía afirmarse la idea de “dejar la política de lado”. Por otro lado castigar a los inocentes jugadores de fútbol del sufrido pueblo iraní perjudicando su preparación no sería del todo justo.

El mundial siguió su curso, en el partido de Uruguay y Portugal entró un valiente a la cancha con una bandera de la paz multicolor a cuadros, y con dos frases muy oportunas: respeto a las mujeres de Irán y Salvemos a Ucrania. Se diría de lo poco rescatable de ese gris partido.

Pero más allá de la anécdota, todo siguió su curso. Con un detalle. Los valientes jugadores de Irán se negaron a cantar el himno en apoyo a las mujeres de su país. Y el feroz régimen sigue en su carrera por escarmentar a quien sea porque el pueblo se niega a frenar la rebelión.

Y ha condenado a muerte según informa la mutual mundial de jugadores de fútbol a un futbolista, Amir Nasr-Azadani.

No me cabe en la cabeza que en el mundo en el que vivimos sucedan cosas como esta! Todo mi apoyo a Amir Nasr-Azadani y a su familia. Ojalá se pueda frenar esta barbaridad. Debemos hacer visible esta opresión que sufren miles de personas, escribió con valentía Diego Godín.

A todos a quienes nos encanta el fútbol nos tiene en vilo la final, el duelo Messi-Mbappé. La Scaloneta nos ha conquistado el corazón. Francia tiene un juego destacadísimo. Será un duelo maravilloso.

Mientras otros miles, sin ayuda de nadie ante la hasta ahora casi indiferencia global, estarán en vilo por quien sea ejecutado. Los jugadores de fútbol claman en las redes y en todas partes para que se pare la ejecución. Durante la final del mundo, ¿no se podrá salir con un cartel que diga no a la ejecución de Amir?

Ya sabemos que las mujeres iraníes no tienen protección de ningún tipo. ¿Los jugadores de fútbol, tampoco tienen ningún tipo de protección? ¿Tan poderoso omnipotente caballero es don dinero?

Agréguese a la tragedia de los derechos humanos el escándalo de las coimas que llegó esta semana a la destitución de la vicepresidente del Parlamento europeo, la griega Eva Kaili, que mordió la manzana de la tentación, el mayor escándalo de corrupción de la historia del Parlamento Europeo. La agarraron con bolsas de dinero contante y sonante. Detenida el viernes con “bolsas de dinero”, según la agencia France Press. También está detenido el compañero de Kaili, Francesco Giorgi, que a su vez es asistente parlamentario y consejero de la ONG Fight Impunity, una asociación dedicada a “luchar contra la impunidad de las violaciones de derechos humanos”.

Dijo Diego Maradona que la pelota no se podía manchar por sus excesos y su adicción a la blanca cocaína. Y tenía razón, su genialidad no cambia en lo más mínimo por su vida privada. Ni mucho menos el fútbol como deporte maravilloso.

Pero el petróleo, a la pelota sí que la ha manchado.  La mancha que dejará este mundial será enorme si además de todo lo que ya ha pasado, se juega una final con un jugador sentenciado a muerte por el delito de reclamar paz y libertad, y la Fifa mira para otro lado. Las mujeres iraníes siguen sosteniendo la primera revolución femenina “mujer, vida y libertad”, las feministas uruguayas mantienen otras prioridades,  los varones iraníes siguen siendo condenados a muerte, la bola sigue rodando, muy manchada. Y los jugadores uruguayos esperando la sanción de la FIFA por un empujón. El Mundial del petróleo dejará manchas muy difíciles de borrar.

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