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1 de septiembre 2022 - 8:33hs

Finlandia tiene como primera ministra a Sanna Marin, una joven de 36 años que frecuenta festivales de rock y dice sin complejos que quiere vivir como una persona de su edad. En un artículo publicado por la corresponsal en Helsinki de The New York Times, Katrin Bennhold, se pone en valor la mirada dividida de una sociedad frente a las imágenes filtradas en la que se ve a Marin en una fiesta.

Desde el 18 de agosto, los medios de todo el planeta se hicieron eco de esas imágenes. Pocos saben qué hace Marin al frente del gobierno. La pregunta que muchos se formulan es si es morbo ver a una joven jefa de Estado en su vida privada o si es que los públicos, a veces cansados de noticias poco impactantes, miran sin prejuicio a una líder política en una actividad lícita pero de orden privado.

Tres días después de que circulara el video con ella divirtiéndose en una fiesta que la propia Marin calificó de “salvaje”, la primera ministra de sometió a un test de drogas que dio negativo. Si bien pudo conjurar una parte de las miradas inquisidoras, las preguntas se centran en si “una joven” puede dirigir un Estado.

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El 8 de diciembre de 2019, las agencias de noticias, advertían que ella asumiría como primera ministra. El latiguillo de los títulos, por todos lados, era “asume la mujer más joven al frente de un gobierno”. Aunque la apariencia de ese encabezamiento es de “un gancho” para el lector, dos años y medio después puede plantearse la pregunta de qué es ser joven. ¿36 años es ser joven?

Antes de asumir la máxima responsabilidad del país, fue ministra de Transportes y Comunicaciones. Tras asumir fue nombrada presidenta del Partido Socialdemócrata de Finlandia, un país con menos de seis millones de habitantes y que figura en el puesto 16 entre 197 naciones sobre ingreso per cápita. En promedio, un habitante de ese país nórdico percibe €45.000 por año.

Marin condujo Finlandia durante la pandemia con una de las tasas de letalidad más bajas de Europa. Tomó decisiones que pueden despertar polémica pero sin duda revelan determinación. La líder socialdemócrata a principios de la invasión rusa a Ucrania pidió el ingreso de su país a la OTAN.

De los cuatro países escandinavos, tres tienen mujeres al frente. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, tiene 45 años, también es socialdemócrata. La primera ministra de Suecia es Eva Magdalena Andersson, de 55 años, también socialdemócrata. Erna Solberg, de 59 años y líder conservadora, fue primera ministra de Noruega hasta 2021. La sucedió el también socialdemócrata Jonas Gahr Støre, de 62 años.

Joven y bien vista

El índice de popularidad de Sanna Marin está cerca de su nivel más alto. Pero el debate sobre la fiesta puso en primer lugar “su derecho” a divertirse.

“El país se ha dividido entre quienes claman por su renuncia y quienes la animan”, advierte la corresponsal de The New York Times. “La cuestión es si, como mujer joven que lidera su país, Marin está sujeta a un estándar diferente al de los líderes masculinos de mayor edad”, agrega.

Marin se ha convertido “en una figura polarizadora en un país que, según algunos, no se ha dado cuenta del hecho de que se ha convertido en un modelo de modernidad progresista” dice la periodista.

“En el lapso de una generación, Finlandia ha pasado de ser una reservada sociedad protestante y sin alegría a algo muy moderno y digital”, dijo Roman Schatz, autor finlandés alemán de un libro sobre Finlandia, quien señaló que bailar era ilegal en el país durante la Segunda Guerra Mundial. “Sanna Marin es parte de esa nueva Finlandia”, agregó. “Estamos en el umbral del nacimiento de Finlandia 3,0”.

Lauri Tierala, exasesora de uno de los predecesores de Marin, lo expresó de esta manera: “Ella se ha convertido en un símbolo de lo que es aceptable y lo que no”.

Incluso para los estándares finlandeses, “Marin es excepcionalmente joven y su gobierno excepcionalmente femenino. Cuando asumió, se encontraba entre los líderes más jóvenes del mundo, más de 20 años menor que sus dos predecesores masculinos cuando estos asumieron el cargo”. Además, encabezó una coalición de cinco partidos, cuatro de ellos que tenían mujeres al frente de sus partidos. Mujeres tan jóvenes o más jóvenes que la propia Marin,

En su gabinete tiene diez ministras y nueve ministros.

Este panorama “lastima a cierto tipo de hombre mayor”, dijo Tarja Halonen a la corresponsal del diario neoyorkino. Halonen tenía 50 años cuando se convirtió en la primera mujer en ocupar la presidencia del país, en 2000. “Tienen miedo de la situación en la que cada vez es más normal que las mujeres de todas las edades asuman roles políticos y que ahora las mujeres son más la regla que la excepción”, agregó.

Marin no busca esconder su perfil de transformación cultural en Finlandia: “publica en Instagram imágenes amamantando a su hija y se pavonea en un concierto de rock con botas y pantalones cortos. Cuenta abiertamente que se crio en una “familia arcoíris” porque su madre se enamoró de una mujer tras divorciarse de su padre alcohólico”.

Sobre la falta de vergüenza pacata respecto de la homosexualidad se acuñó la frase “salir del closet”. Cómo debería designarse el desenfado ante culturas donde la hipocresía se esconde en esconder lo que se llama vida privada y decorar lo que se llama vida pública cuando se habla de figuras relevantes de la política.

Marin fue la primera de su familia en ir a la universidad. Pese al cargo que ocupa compra su ropa en el mercado de pulgas. Está casada con un exjugador de fútbol que tomó licencia parental para cuidar a su hija, que ahora tiene 4 años, cuando Marin asumió el cargo por primera vez.

“Represento a la generación más joven”, dijo Marin a la emisora pública finlandesa en octubre y señaló: “A veces parece que mi mera existencia es una provocación para algunos”.

El gusto por las fiestas le valió el apodo de Party Sanna.“¡Party Sanna ataca de nuevo! La primera ministra Marin toma cervezas, chasquea los dedos al cantinero y baila desenfrenadamente en la vida nocturna de Helsinki”, tituló la revista sensacionalista Seiska el pasado mes de diciembre, después de que Marin fuera vista en un bar llamado Grotesk y, más tarde, en un club nocturno llamado Butchers.

En medio del debate sobre la fiesta en la que estuvo la primera ministra, “apareció una fotografía de dos mujeres mostrando sus senos y besándose en la sala de prensa de la residencia oficial de la primera ministra durante otra fiesta, lo que reavivó la indignación”, consigna la corresponsal de The New York Times.

“¿Qué sigue? ¿Una película pornográfica?”, preguntó Matti Virtanen, un trabajador de la construcción de 59 años que esperaba el autobús en el centro de Helsinki.

Bruce J. Oreck, un exfisicoculturista que fue embajador estadounidense en Finlandia de 2009 a 2015 y que todavía pasa parte del año en el país, dijo que Estados Unidos debería tomar nota.

“Esto es tan generacional”, dijo Oreck, de 69 años. “Hay una increíble reticencia de la generación mayor a pasar la antorcha”, añadió, y señaló: “Ninguna decisión que tomen hoy estos cabezas de chorlito en el Congreso los afectará. No van a vivir la crisis climática”.

“El propósito de una institución es servir a la población actual y futura, no preservar la propia institución”, dijo el forzudo Oreck.

También el artículo consigna las aprobaciones de las jóvenes. “¡Es inspirador!”, dijo con una sonrisa Miisa Myllymäki, una camarera de 23 años cuyo amigo atendió recientemente a la primera ministra en Flow, uno de los festivales de música más grandes de Finlandia. “Ella demuestra que puedes ser joven, humana y aún hacer política en Finlandia, y eso es bueno porque a veces puede parecer que la política es solo para personas mayores”.

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