La forma de vida de Mujica es tan normal y él se muestra tan natural en su traje de político-campesino, que desentona. Desentona al lado del lujo que rodea a otros presidentes. Y no encaja con los valores dominantes en la civilización occidental.
Por eso Mujica se convirtió en un llamador para periodistas de todo el mundo y concedió decenas de entrevistas a medios internacionales, que uno tras otro vinieron a Uruguay a contar la misma historia: la de un hombre que es presidente y resuelve vivir con poco.
Es fácil advertir que el solo hecho de ser un exguerrillero que llega al gobierno por la vía democrática resulta curioso e interesante. Si a eso se añade que poco a poco los medios internacionales comenzaron a hacerse eco de los detalles anecdóticos de su forma de vivir, es comprensible que rápidamente el presidente uruguayo se haya convertido en un personaje solicitado para entrevistas y reportajes desde fuera de su país. Y Mujica, un hombre anciano, con un desconocimiento casi total de los fenómenos de comunicación que se gestan en las redes sociales pero con gran intuición para hacer interesante cualquier mensaje que quiere transmitir, aprovechó el momento.
El contexto histórico de su Presidencia fue el de profundas crisis económicas en los mercados centrales, que desataron cuestionamientos a principios de base de la sociedad capitalista contemporánea. Tal vez el más importante de todos fue a la participación del Estado en la economía, al rol del Estado como moderador de desigualdades que en los últimos años, tanto en Europa como en Estados Unidos, no hicieron más que profundizarse. ¿Estaban los Estados cumpliendo el papel que los ciudadanos esperaban en las repúblicas democráticas? La situación de descontento social, que dio origen a movimientos pacíficos de protesta con gran repercusión internacional como fue el caso de Occupy Wall Street o los Indignados en España, creó un contexto propicio para que algunos de los conceptos que el presidente uruguayo comenzó a repetir a diestra y siniestra por el mundo tuvieran una repercusión que él difícilmente hubiera imaginado. Y aunque tal vez no la esperaba, sí supo sacar partido de la situación para convertirse en un referente cuando habla de moderar el consumo, o cuando aboga por condiciones justas y normales de trabajo, o incluso cuando menciona deseos que reconoce imposibles, como el de crear un gran pacto mundial que permita evitar cualquier explotación de los trabajadores. Pudo convertirse en referente por una única y simple razón: es un hombre que vive según su prédica de austeridad, o sobriedad, como prefiere decir. De todas las frases que podrían elegirse para explicar por qué Mujica logra legitimar la construcción de su intrincada argumentación política en favor de una vida más sustentable, escojo una respuesta que le dio al periodista español Jordi Évole cuando lo entrevistó en 2014: «Hace 40 años que vivo así, desde que salí de la cárcel. Para ser marketing político, es medio largo». Es casi un tuit.
Mujica descubrió el impacto que su mensaje podía tener con las repercusiones de su primer gran discurso sobre temas globales, en la Cumbre de Río+20 en 2012. En el sitio de internet Youtube, en el que se comparten videos, el primer enlace a su discurso de 10 minutos en aquella reunión tiene más de 1 millón de visitas, un hecho inédito incluso para el mediático presidente uruguayo. Mujica comenzaba a convertirse en un fenómeno planetario, asentado en dos pilares: su prédica en favor de la vida como valor supremo y su propia forma de vivir, como sustento y legitimación de su discurso.
Entrevistado para este libro, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, lo resume así: “Yo creo que el presidente Mujica ha llegado a ser un personaje moral además de político. Las cosas que dice no son todas practicables, pero son ideales que uno quisiera plasmar alguna vez en su sociedad. Su queja permanente respecto a cantidad de valores y de conductas de la sociedad moderna tiene mucho eco en mucha gente. A lo mejor no las vamos a cambiar todas de la noche a la mañana, pero sobre la base de un país que es tremendamente más sobrio que muchos otros, él adquirió una estatura moral superior y eso es lo principal. Por eso es que tanta gente lo admira fuera del Uruguay, porque lo ven como un ejemplo a seguir, aunque probablemente muchos no lo vayan a seguir mañana”.
Las entrevistas con él son siempre una experiencia. Nunca se sabe hacia dónde puede derivar la conversación. Sus razonamientos pueden durar minutos en los preámbulos y segundos en conclusiones que pueden ser contundentes o relativas, según el tema tratado.
“Te voy a invitar para que la pruebes. Hay que ponerle un montón de tomate y te queda poquito”, le dijo Mujica a un periodista de la televisión holandesa a quien invitó a probar salsa de tomate casera en la cocina de su casa. Se trataba de una receta de su abuela, según explicó.
El programa no solo fue el más visto del año en Holanda, sino que las imágenes recorrieron el mundo. En su pequeña pero bien pertrechada cocina, Mujica le explicó a su visitante cómo elaborar la mezcla. “No es cocida. Es fermentada. Mirá. ¿Ves? Esa hace 15 días que está fermentando”, le dijo mostrándole un gran recipiente colocado en el piso.
“Son recetas antiguas. Aquella más blanca que está allá es para poner en la pizza. Esta es para comer cruda. Esta es fermentada. ¡Da un trabajo bárbaro! Si tenés 10 botellas, te queda una. Todos los días se entrevera hasta que no fermenta más. Cuando no fermenta más, la envasás y le ponés ajo picado, cuatro o cinco dientes de ajo, 20 cosos (granos) de pimienta, dos o tres hojitas de laurel”. Se tapa y ahí queda. Y le dio pan con salsa al reportero con quien también habló de la regulación de la marihuana, de narcotráfico y seguridad.
El presidente construye un discurso en el que una medida como la regulación del mercado de la marihuana, que puso los pelos de punta a algunos partidarios de la lucha armada contra el narcotráfico y rebeló a los burócratas de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas, tiene un nivel de importancia casi igual al de la preparación de una salsa casera de tomate. l
La revolución tranquila
Extractos de un nuevo libro sobre el estilo de José Mujica en la Presidencia