Las preguntas sin respuesta sobre la sorpresiva masacre de Hamás en Israel el pasado sábado 7 de octubre crecen día a día. No es la primera que viene a la mente, pero a fin de echar un poco de luz sobre el asunto, podríamos tratar de responderlas en el siguiente orden:
¿Por qué Hamás decidió cometer estos actos de barbarie? ¿Y por qué ahora?
Sobre esto hay varias hipótesis. La primera apunta a una supuesta intención del grupo extremista que controla la Franja de Gaza de no perder seguidores a manos de otros grupos armados palestinos más pequeños pero supuestamente más radicales.
Como es sabido, Hamás manda en Gaza, y Fatah, la vieja organización palestina fundada en 1958 por Yasser Arafat, preside la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania. Mientras que Hamás es un grupo de corte islamista que hunde sus raíces en el fundamentalismo de los Hermanos Musulmanes, Fatah siempre ha sido un movimiento político laico, originalmente de ideología guerrillera de izquierda al estilo de los movimientos de liberación nacional de los años sesenta.
Últimamente ambos eran objeto de críticas entre los palestinos más jóvenes, que los acusaban de no enfrentar al gobierno de Israel, y empezaban a volcarse a otros grupos armados más radicales en Cisjordania, como La Guarida de los Leones, con base en Nablus, y otras milicias radicales que operan desde Yenín.
Así, según esta hipótesis, los ataques del sábado habrían sido en respuesta a ello, la manera de Hamás de decir “no hay nadie más radicales que nosotros”.
Una segunda hipótesis, la que más replicantes encuentra en los análisis de los medios occidentales, sugiere que como Israel “estaba a punto” de firmar un acuerdo con Arabia Saudita y esta ponía como condición la solución a la cuestión de Palestina, los ataques habrían tenido como fin frustrar esas negociaciones.
A mí esta es la que menos me convence. Es cierto que Israel ya había firmado los llamados Acuerdos de Abraham, con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos, y que últimamente había estado en conversaciones para tratar de hacer lo propio con Riad. Es cierto también que todo esto había despertado frustración entre los palestinos, que sentían que su causa era relegada en pos de la reconciliación entre Israel y los países árabes que siempre los han apoyado. Pero que Israel y Arabia Saudita estuvieran ahora a punto de firmar, cuando en realidad desde 2018 que están en estas vueltas y las condiciones que ponen los saudíes son precisamente solucionar lo que en 75 años no ha tenido solución, me parece un ejercicio un tanto voluntarioso de la imaginación.
Pero las interrogantes que pueden arrojar más luz sobre los hechos del fin de semana tal vez sean las que siguen: Primero, ¿cómo es posible que la frontera más monitoreada del planeta y el “Iron Dome”, el escudo antimisiles más impenetrable, hayan sido vulnerados de manera tan pedestre, ingresando en motos y en parapentes y disparando unos cohetes que nunca habían hecho la menor mella en la cúpula de hierro? Y luego, la pregunta clave en todo esto: Cui bono, como diría Séneca, ¿quién se beneficia?
En cuanto a la primera, se ha insistido mucho en la comparación con la Guerra de Yom Kipur en 1973, cuando Siria y Egipto atacaron Israel el Día del Perdón para recuperar los territorios perdidos en la guerra de 1967, la Guerra de los Seis Días.
Es verdad que aquel también fue un ataque sorpresa y un día trágico para los israelíes alrededor de la misma fecha. Pero ahí se acaban las similitudes. En el caso de Yom Kipur fueron dos países los que iniciaron hostilidades contra Israel. Hamás no deja de ser una milicia armada de Gaza con infinitamente menos poder de fuego que cualquier país; y además, 50 años después, con todos los avances tecnológicos que ahora permiten prevenir este tipo de atentados.
Realmente no hay punto de comparación. Y en algún momento, cuando pase todo esto, el gobierno de Bejamín Netanyhau va a tener que enfrentar esa pregunta quemante: ¿Cómo ha sido esto posible? ¿Cómo fue que fallaron todos los dispositivos de seguridad, la inteligencia, el ejército?
En la próxima entrega analizaré las demás preguntas sin respuesta (son varias), les hablaré de las claves geopolíticas del conflicto, cómo este va encajando en el ya desde antes convulsionado tablero de las relaciones internacionales y cómo se van posicionando los diferentes actores nacionales.
Mientras tanto, mis pensamientos están con las víctimas inocentes y sus familiares que han sufrido y están sufriendo desde el sábado. Condenar sin ambages los actos de barbarie perpetrados por Hamás en Israel. Y al mismo tiempo, dejar claro que no todos los palestinos son Hamás. El castigo colectivo sobre los habitantes de Gaza, cortándoles la luz, el agua y los alimentos, bombardear edificios de 14 pisos donde viven familias civiles también constituye una violación inaceptable del derecho internacional humanitario.