2 de mayo de 2014 18:00 hs

Con más de tres décadas de carrera y después de discos inolvidables como Olho de Peixe (1994) y Na Pressão (1999) se podría decir que Lenine, de 55 años, se tomó demasiado tiempo en visitar Uruguay para ofrecer su música.

¿Por qué tardó tanto en llegar?, es la pregunta. “Tal vez sea culpa del tratado de Tordesillas”, responde Lenine, y aunque la entrevista sea por mail se las arregla para hacer un chiste y transmitir algo de esa aura de paz y buen humor que reflejan su música y su persona.

No obstante, desde que vino por primera vez a Uruguay, el músico brasileño, uno de los cantautores más importantes de su país, ha regresado con asiduidad. La primera vez fue en febrero de 2008, cuando actuó en el Festival Brasil en Lapataia y luego, en junio de ese mismo año, realizó dos funciones en el Teatro Solís. Su última visita fue en 2012, cuando presentó su disco Chão en el Sodre. Ahora, regresa el 14 y 15 de mayo al Solís para brindar un espectáculo de guitarra y voz junto María Gadú.

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Nacido en Recife, Pernambuco, pero residente hace décadas en Río de Janeiro, el brasileño lleva casado más de 30 años con una periodista (quizá por eso le guste autodenominarse como un “cronista”) y es padre de tres hijos. Lenine, a su vez, es hijo de un padre comunista amante de la música y una madre católica practicante. Fue nombrado en honor al revolucionario ruso, siguiendo el pacto de sus padres de dividirse la elección del nombre de acuerdo al sexo: por ello sus hermanas se llaman María Teresa y María de las Gracias, y su hermano lleva por nombre el apellido del filósofo francés (Ernest) Renan.

Gadú, paulista de 28 años y con gran renombre en su país, es dueña de una música que fusiona el samba, el afro -beat y el funk y ha tocado con artistas como Caetano Veloso y Milton Nascimento. Junto a Lenine realizarán una gira que comienza en Montevideo, para luego ir a Buenos Aires y a Santiago de Chile.

“Este encuentro con Gadú ya sucedió otras veces, porque ella forma parte de una línea evolutiva de cantautores brasileños. Somos de generaciones diferentes, pero transitamos un mismo universo, el de la música popular brasileña”, comenta Lenine, quien además de haber ganado cinco premios Grammy compone para otros artistas y produjo trabajos de intérpretes como María Rita (hija de Ellis Regina) y Pedro Luiz.

El concierto que ofrecerán tiene que ver con la “oportunidad de conocer la canción desnuda, de la manera en que fue creada”, algo que recuerda al último disco de Lenine, Chão, en el que el cantante brinda un repertorio sin percusión y con los sonidos de su cotidianeidad (una máquina de escribir, un canario, el canto de las cigarras). Un disco, que como toda la obra del autor, transmite serenidad, aquella que pedía su canción más exitosa, Paciencia.

¿Cómo evalúa la música brasileña en la actualidad si la compara con la que se hacía en sus inicios?
La música brasileña va muy bien. Tenemos nuevos creadores en cada región del país, mezclando culturas regionales con informaciones de música contemporánea, lo que está generando nuevos híbridos.

¿Le molesta que pese a vivir hace décadas en Río de Janeiro se siga hablando de usted como un artista pernambucano?
No, de ninguna manera. Pero tengo la impresión de que cualquier adjetivo para la música es reductor. Yo prefiero la música y punto, sin adjetivos. Además, siento que lo que hago tiene que ver con la crónica, con el periodismo. Todo lo que me conmueve y me inquieta es materia para usar en mis canciones.

¿Por qué compone más para los demás que para usted?
Porque soy compositor antes que cantante. Como compositor soy infinitamente más libre y más capaz de producir. Como intérprete no, tengo una limitación vocal y de discurso, no me siento capaz de cantar todo.

Usted ha dicho que se considera un cronista de su tiempo. A nivel letrístico, ¿cuál cree que es el relato más importante que ha atravesado su música en todos estos años?
El amor. Tan simple como eso. Tan sentimental como eso.

A la vez su música, especialmente en discos como Chão, es muy sensorial. ¿Qué es lo más importante de la experiencia que usted propone?
Cada nuevo proyecto que hice durante toda mi carrera fue acompañado de una preocupación real de crear un relieve sonoro. Antes de hacer mis discos, comienzo con un banco de ruidos. En Chão, por no tener batería ni percusión o trabajar con un sintetizador, eso se hizo más evidente. Pero en todos mis discos tengo una preocupación de autoría de esa arquitectura sonora.

¿Qué le gusta de la música y de la cultura uruguaya?
Además de Jorge Drexler, que es mi amigo, creo que Uruguay tiene tan buena música que sería una temeridad citar apenas algunos nombres.

Hijo de un padre comunista, ¿le interesa la política? ¿Cómo evalúa el gobierno de Dilma Rousseff?
Para mí no existe arte que no sea político. Pero mi arte es apartidario. El gobierno de Dilma, a pesar de todo, no consiguió despegarse del de Lula. No creo que sea beneficioso para el país la permanencia en el poder por tanto tiempo de un mismo partido. ¡Ya es hora de cambiar!

¿Cómo ve la situación de Brasil de cara al Mundial?
Un caos.

¿Qué le queda de químico (estudio unos años la carrera), de católico y de comunista?
Mucho de alquímico, casi nada de católico y con un nombre como este, ¿qué le parece?

¿Cómo lleva la fama?
Tal vez porque mi carrera ha sido acumulativa y no explosiva, ese proceso fue de poco. Por lo tanto, convivo muy bien con ella, porque las personas llegan a mí de una forma muy respetuosa y cariñosa.

Se ha definido como un cabeza dura, ¿qué ideas en usted son inamovibles?
Nada es inmutable, pero a lo que me refería era a que podría haber optado por una música de entretenimiento o de fiesta y fui lo suficiente cabeza dura para seguir invirtiendo en el balance entre sonidos y palabras, con poesía.

¿Qué es lo más loco que ha hecho por su fascinación por las orquídeas?
Las orquídeas para mí se tornaron un banco de recuerdos. De cada planta que tengo registro la especie, el bioma en el que ocurre, la persona que me la dio, el show que hice próximo al lugar. En un universo de 6.000 plantas, yo tengo 80 o 100 flores sonriendo para mí. Se transformaron en un banco de memorias y le dieron un sabor especial a mi música. Después de 30 años de carrera, uno puede cansarse de tantos viajes, pero las orquídeas redoblan ese placer, porque cuanto más lejos me voy, mayores son las posibilidades de encontrar orquídeas.

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