29 de enero de 2013 19:21 hs

En 2009, Kathryn Bigelow hizo historia cuando se convirtió en la primera directora de cine en alzarse con un premio Oscar por su película The hurt locker, con el que derrotó a Avatar, al revolucionario filme en 3D de su exmarido, James Cameron. Este año, sus chances parecen bastante más escuetas, y no porque La noche más oscura no sea acaso la mejor cinta estadounidense del 2012, sino porque se enfrenta a la combinación de dos próceres inobjetables (Lincoln, por Steven Spielberg) y a una Argo, de Ben Affleck, que conjuga el heroísmo americano con los entretelones de Hollywood. La Academia se derrite por ambas.

Por si fuera poco, al filme de Bigelow le llovieron las acusaciones antes de que fuera estrenada. En el ala republicana hubo quienes señalaron que la película era propaganda para Barack Obama, bajo cuyo mandato fue asesinado Osama bin Laden, lo que generó que finalmente el filme se estrenará tiempo después de las elecciones. También se acusó a la administración del actual presidente de proveer información clasificada.

Pero el principal motivo por el que la cinta de Bigelow tiene pocas chances de ganar es por el retrato que hace de la tortura, en el que se ve cómo la CIA somete a uno de los detenidos de Al Qaeda a distintas vejaciones. Luego de que tres miembros del Senado calificaron la película de inexacta, el Comité de Inteligencia del Senado de EEUU ha abierto una investigación al respecto. No obstante, el director de la CIA, Michael Morell, admitió que parte de la información para el rastreo de Bin Laden provino de detenidos sujetos a “técnicas coercitivas”. Bigelow y su guionista-periodista Mark Boal afirman haber obtenido la información de fuentes confidenciales.

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Sin embargo, acaso las críticas más severas provienen de aquellos que consideran que la recreación de la tortura es retratada como clave para conseguir un dato que luego, después de años de investigación, conducirá a Bin Laden. Para los detractores esto es prueba de que Bigelow justifica la tortura. La escritora Naomi Wolf llegó incluso a comparar a la cineasta con la propagandista nazi Leni Riefenstahl.

Afirmar que mostrar la tortura es hacer apología de ella, es casi como pretender que los filmes sobre el nazismo no retraten los campos de concentración. En el fondo de lo que se trata es de una cuestión de confianza: si creemos que Bigelow y Bowel se ciñeron a lo que sus fuentes les dijeron. Si es así, no tiene ninguna justificación dejar a la tortura fuera de la pantalla. ¿No resulta un poco inocente pensar que los procedimientos utilizados en Guantánamo no fueran usados por la CIA para atrapar al enemigo número uno de EEUU?

Pero La noche más oscura no es un libro de historia sino una película, pese a que el debate que ha generado obnubiló la calidad cinematográfica del mejor filme de Bigelow a la fecha. Se trata de un thriller vertiginoso que narra las idas y venidas de la operación militar que acabó con la vida de Bin Laden. Su protagonista es Maya (una creíble e hipnótica Jessica Chastain), una agente obsesionada con su trabajo, destinada a investigar al líder de Al Qaeda en la Embajada de EEUU en Pakistán.

La cinta comprime en sus primeras dos horas, los 10 años de la investigación que condujeron a atrapar a Bin Laden. En los últimos 20 minutos tiene lugar la reconstrucción casi en tiempo real del ataque de la armada de EEUU al interior de la casa-escondite de Bin Laden en Abbottabad, Pakistán.

Bigelow recrea este fragmento con maestría y una edición impecable. El efecto documental, que ya utilizara en The hurt locker, hace sentir al espectador como uno más de los soldados implicados en el asalto. La eficacia del filme es tal que, pese a sus 157 minutos y a que evade mucho de los convencionalismos de Hollywood (no hay historia de amor, no sabemos nada de la vida privada de sus personajes, no hay golpes bajos), es capaz de mantener al espectador aferrado a la butaca del cine.

Una de las críticas que se le había hecho a The hurt locker era que era un filme que no tomaba una posición ideológica, ya que mostraba la lucha por sobrevivir de un grupo de soldados en Irak y se mantenía ajena a los entretelones de la guerra. A La noche más oscura se le achaca lo contrario, pese a que el filme resuma sobriedad. El cine nunca es completamente objetivo, como tampoco lo son las lecturas que hace el público de él. Es allí donde la obra de Bigelow adquiere su fuerza: en generar un cine que al mismo tiempo que muestra al espectador los costos que subyacen a la muerte del enemigo, lo enfrenta a los recovecos de sus propias creencias.

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