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Los desafíos del gobierno para cambiar el humor de los consumidores

Tarifas y gasto son algunos de los temas en los que debe centrarse para generar un escenario de tranquilidad para el resto del año

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04 de febrero de 2018 a las 05:00

Esperemos que este sea mejor que el pasado". Ese es uno de los deseos más comunes que se escuchan en cada comienzo de año. En esa fecha, cada uno ya hizo el balance del que pasó y comienza a hacer sus proyecciones para el año entrante, basadas fundamentalmente en expectativas económicas, salariales o de consumo. Para eso también es necesario conocer qué pasos dará el gobierno para solidificarlas.

Allí juega también la percepción de lo que debería hacer respecto a lo que efectivamente podrá concretar, y de esa forma se moldean las expectativas que después condicionarán el comportamiento de los consumidores.

En buena parte de este período de gobierno, una de las principales preocupaciones del equipo económico fue combatir la suba de precios. La mayor presión la recibió en mayo de 2016, cuando la inflación llegó a 11%.

Luego se estabilizó, cerró el año en 8,10% y en 2017 se ubicó en 6,55%, dentro de la meta oficial de entre 3% y 7%. Ese fue un problema menos para el equipo comandado por el ministro de Economía, Danilo Astori, que se enfocó el año pasado en cuidar el tipo de cambio y en intentar mitigar el déficit fiscal.

El presidente del Banco Central (BCU), Mario Bergara, tiene una muletilla para definir el rol del gobierno en materia económica: la analogía de los "platitos chinos".

Bajo esa premisa, debe lograr que todos los platitos (tipo de cambio y competitividad, inflación, déficit fiscal, entre otros) se mantengan girando a la vez y de forma ininterrumpida en un ejercicio de equilibrio casi acrobático.

El año pasado, los "platitos" que preocuparon al equipo económico fueron el empleo y el déficit fiscal (que cerró en 3,5% del PIB, por encima de la meta de 3,3%), ya que había logrado mantener estable el dólar interviniendo en el mercado cambiario y la suba de precios estaba controlada de la mano de un tipo de cambio bajo. Igualmente, el valor del dólar hizo que le llegaran críticas del sector exportador, que repitió hasta el cansancio que ya no le era posible hacer frente a la pérdida de competitividad.

Por el otro lado, el consumo comenzó a mostrarse más dinámico y las personas retomaron su predisposición de compra.

Pero eso también varió sobre fines de año. En noviembre, último registro disponible, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) bajó 3,3 puntos y revirtió una recuperación verificada un mes antes. El indicador permaneció además en una zona de "moderado pesimismo", según el informe elaborado por la Cátedra Sura de Confianza Económica de la Universidad Católica y Equipos Consultores.

La contracción registrada respondió a una caída simultanea de los tres subíndices que conforman el ICC: la situación económica personal (-2%), la económica del país (-3%) y la "predisposición a la compra de bienes durables", que fue el de mayor contracción en el mes con una baja de 18,6%.

Por otra parte, en los últimos años hubo un aspecto que en el verano modificó el humor de los ciudadanos: la suba de tarifas. Desde enero,el precio de la energía eléctrica aumentó 3,2% –cuando los números de UTE incluso recomendaban una reducción–; la nafta ajustó 9,8% y el gasoil 4,8%.

Tomando como base esos datos, la pregunta sería qué es lo que debería hacer el gobierno este año para mejorar la confianza de los consumidores.

Se trata, además, del último año en el que el gobierno podrá incluir en el proyecto de Rendición de Cuentas un incremento de partidas presupuestales.

A su vez, tendrá la última ronda de Consejos de Salarios, que será la más grande de este período, en un escenario de poca generación de empleo y con el sector empresarial renuente en otorgar aumentos por encima de la inflación.

Por último, es el año previo al electoral, donde el Frente Amplio deberá exhibir sus logros para conseguir nuevamente la mayoría de los votos que lo coloquen por cuarta vez consecutiva en el gobierno.

En ese contexto, analistas consultados por El Observador señalaron algunos aspectos que el gobierno debería tomar en cuenta para cambiar el humor de los ciudadanos y para que se cumpla
el deseo original: "Esperemos que este año sea mejor que el anterior".

Tarifas y gasto público

La suba de las tarifas en enero calentó un poco más la temperatura del verano y la administración recibió críticas de los usuarios y los sectores productivos. Al respecto, el economista de Oikos Pablo Moya indicó que el gobierno "debería mostrar claramente cuál es la política de fijación de precios de las tarifas de los servicios que administra y tratar de estructurar una campaña para bajarlas, fundamentalmente las de energía eléctrica y combustibles".

El manejo del gasto público fue otro de los temas que se le criticó al gobierno. Al respecto, el economista de KPMG Marcelo Sibille señaló que es "hora de que el sector público comience a dar señales de contribuir al ahorro nacional para poder mejorar la competitividad de la economía".

Según su visión, eso se conseguirá "reduciendo el déficit que debe lograrse atacando el gasto público, pues subir los impuestos o las tarifas recaería sobre el sector privado que no está en condiciones de asumir nuevos ajustes".

Por su parte, la economista de PwC Matilde Morales coincidió en que el manejo de las cuentas públicas ha sido una de las debilidades del gobierno.

"Capaz parecen algo que no afecta directamente el ánimo de los hogares, pero sí hace a la confianza del inversor, del empresario, y también por lo que se habla (los organismos internacionales, las calificadoras de riesgo o la prensa en general) que lo convierte en un factor que termina pesando en el ánimo de gran parte del resto de la población".

Salarios y empleo

Este año se definirán los ajustes salariales que regirán hasta fines de 2019. El salario es uno de los aspectos que más marca el humor de las personas y para esta ronda de negociación el PIT-CNT espera que haya un crecimiento real de salarios, mientras los empresarios aducen que lo primero será preservar el empleo. En medio, el gobierno deberá manejar las expectativas de los dos bandos.

Al respecto, el economista de Vixion Aldo Lema indicó que una señal potente sería que el Poder Ejecutivo mostrara "pautas salariales significativamente más cercanas a la inflación esperada". Pero aclaró que eso "choca con las agendas de algunos actores sociales y sindicales, por lo cual se ve improbable a las puertas de un nuevo ciclo electoral".

Para la anterior ronda el gobierno modificó las pautas y desligó los aumentos de la inflación para pasar a un esquema de ajuste nominal de salarios.

Sibille dijo que los lineamientos para la próxima negociación "deberán contener una señal que alivie la presión en los ajustes nominales, de tal modo que puede mejorar la competitividad de las empresas y a su vez contribuir a una reactivación en la demanda de trabajo que se ha venido resintiendo desde hace años".

Sobre el empleo, Morales dijo que sería necesario "identificar dónde está la demanda y luego invertir en políticas para la formación; hay nichos donde la demanda de trabajadores aún es importante y no hay gente con las capacidades para cubrir esos puestos".

Obras e inversión

Según los economistas consultados hay dos aspectos que generarían un cambio de humor en varios sectores: el fomento a la inversión y la realización de obras públicas, aunque en este último caso las repercusiones no serían en el corto plazo.
En ese sentido, Moya expresó que "sería muy positivo que ocurriera un shock de infraestructura, generaría un muy buen efecto y debería provocar un cambio de humor". Pero para el economista este tipo de señales son "de baja percepción y de largo plazo; la gente no lo percibe". Agregó que "lo percibiría si saliera a la calle y viera que por todos lados hay obra pública, ahí sí las personas dirían: se pusieron las pilas".

Por su parte, Morales indicó que "en un contexto de deterioro de las cuentas públicas, el margen del gobierno para actuar en materia de infraestructura queda más acotado". Ante eso, la economista señaló que "quizá un camino sea actuar a través de PPP (participación público privada)".

Sobre las inversiones, Sibille manifestó que deberían ser impulsadas con nuevos estímulos fiscales. "Máxime sabiendo que la inversión productiva es el eje de la creación de empleo sostenido", añadió.

El analista expresó que "puede haber muchas formas creativas de lograr esto sin necesidad de resentir los ingresos fiscales, como, por ejemplo, otorgar exoneraciones especiales a nuevos emprendimientos productivos que antes no pagaban impuestos por la sencilla razón de que no existían".

Expectativas y crecimiento

Para Lema, parte del malhumor de los consumidores se fundamenta en dos aspectos: altas expectativas creadas en la campaña electoral de 2014 y el desempeño económico que luego tuvo el gobierno.

"En 2014 y también en 2015 tardó en reconocer el cambio de escenario, la transición de un período de alto crecimiento a uno más parecido al potencial de Uruguay (3%)", dijo. En ese sentido, expresó que "hubo claramente un mal manejo de las expectativas; algunos habíamos advertido que era preferible pecar de pesimista que de optimista". Por eso, marcó que "faltó una autocrítica en su momento; nunca es tarde para hacerla, pero tengo dudas que ayude ahora".

Sostuvo que "el desempeño económico, si bien ha mejorado, no volvió a repetir tiempos de boom; la economía crece 3% y no 5%, el desempleo está en torno a 8% y no cerca de 6%, hay evidentes problemas de competitividad en algunos sectores y capacidad ociosa en otros".

El economista añadió que en el actual contexto "probablemente las expectativas estén a merced del viento; si el mejor entorno externo se consolida, quizá sigan mejorando, sobre todo a nivel de los consumidores".

En el tercer trimestre de 2017, último dato disponible, la economía tuvo un crecimiento interanual de 2,2%. El dato de todo 2017 se conocerá en marzo. La meta de crecimiento estimada por el gobierno es de 2%. Para este año, la previsión es que la expansión llegue a 2,5%.




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