27 de enero 2021 - 16:48hs

Emprender en medio de una pandemia en un rubro que ha sido bastante golpeado como el gastronómico no es para cualquiera. Estos emprendedores ya venían trabajando desde antes en sus proyectos y la emergencia sanitaria los agarró en pleno proceso. La interrogante era si seguir o no. Y se arriesgaron.

Casa Pastora, un multiespacio en el corazón de Parque Rodó

En enero de 2020, los hermanos Álvaro y María Noel Arijón junto a Jorge Bruzzese tenían armado y organizado el negocio en el que iban a emprender juntos: Casa Pastora, un multiespacio que albergaría a varios proyectos gastronómicos y tiendas en una casona emblemática del Parque Rodó.

Si bien los tres provienen del rubro comercial —los hermanos Arijón son propietarios del bazar Ehause Kitchen & Cooking—, la llegada a sus manos de una marca de cafeteras de origen catalán los inspiró a traer el producto a Uruguay y organizar en 2019 la primera feria de café en Uruguay, en su local de Punta Gorda. El éxito obtenido en la feria les demostró que había interés y potencial en el tema, y se pusieron a buscar un nuevo lugar para su bazar y para vender cafeteras y máquinas de café.

En la búsqueda se toparon con la casona ubicada en la proa que se forma entre las calles bulevar España, Maldonado y Pablo de María, de unos 1.200 metros cuadrados en el corazón de Parque Rodó. “El potencial de este lugar era distinto a lo que necesitábamos y se me ocurrió fraccionar los metros cuadrados para poder subarrendar espacios” explica Álvaro Arijón a Café y Negocios.

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En febrero de 2020 comenzaron las obras de remodelación de la casa, a cargo de María Noel, que es arquitecta, y un mes después se desató la emergencia sanitaria en Uruguay por el coronavirus. El equipo decidió seguir adelante de todas formas con el proyecto y el 17 de julio abrió parte del subsuelo y la planta baja de Casa Pastora, donde se ubica Cardenal Coffee Roasters, una cafetería de especialidad, con un menú acotado de cafetería y algunas opciones de almuerzo.

El segundo piso y la terraza de Casa Pastora se inauguraron a principios de diciembre de 2020 y es donde se encuentra la propuesta gastronómica y de tragos más variada. Allí, conviven los emprendimientos  Gallaghers, Ortiz Tapas & Bar, Gato Negro, Burger Club, Iki Bistró y Sumi Sushi.

“Se logró un equipo de trabajo tremendo, con mucha sinergia entre los inquilinos. Una vez por semana nos juntamos a trabajar y organizar”, dice Arijón. La elección de los emprendimientos no fue al azar. De todos los que se presentaron con propuestas, los socios detrás de Pastora optaron por aquellos que estaban más alineados con la impronta y el perfil del lugar. “Casi todos los locales están atendidos por sus dueños y eso es un plus aparte”, agrega el emprendedor.

Abrir en diciembre fue todo un desafío, ya que fue el mes en el que los casos de covid-19 comenzaron a crecer de forma acelerada en Uruguay. Esto impactó en el flujo de clientes de Casa Pastora, lo que generó nerviosísmo entre los inquilinos, pero según el empresario, hace dos semanas empezaron a facturar lo previsto y ahora están todos los días con reservas totales.

Pese a la incertidumbre, los planes a mediano plazo son de crecimiento. Recientemente sumaron en el segundo piso y la terraza una opción de brunch, que funciona sábados y  domingos de 12 a 15.30 horas como complemento de la opción para la noche y además, planean ampliar las ofertas.

“Estamos trabajando para definir a los próximos integrantes del subsuelo, ya que tenemos un área de unos 160 metros cuadrados con entrada por bulevar. España”, dice Arijón, quien se dedicará en febrero a contactar a los posibles futuros inquilinos de ese sector. “Nuestra ambición ahí es poder tener un mercadito de feria permanente, con puestos de frutas y verduras, de quesos y fiambres, de panificados, entre otros. Queremos hacer un paseo de compras, donde el residente de la zona pueda comprar las cosas para el día de su casa”.

Inspirada en los mercaditos europeos, Casa Pastora busca ser un paseo y un lugar de experiencia para sus clientes. “Para mí, lo más importante que logramos fue la marca Casa Pastora y estamos muy contentos con el desarrollo”.

Nona, la opción sin gluten en Carrasco

María Jesús Lestido es celíaca y eso, sumado a su gusto por la cocina y a su título de nutricionista, la llevó en 2015 a lanzar un microemprendimiento de comida sin gluten. Por otro lado, al empresario gastronómico Jerónimo Sánchez Varela (propietario de La Latina Café  y de Botánico) le ofrecieron un espacio en una casa de la esquina emblemática de Costa Rica y Carlos Federico Sáez de Carrasco. Al ver su potencial, Sánchez pensó en Lestido para crear un nuevo emprendimiento gastronómico, ya que la conocía por haber hecho algunos brunch en La Latina. A ella le gustó la idea de hacer algo juntos y en octubre de 2019 decidieron embarcarse en el emprendimiento con miras a abrir en marzo de 2020.

La obra de la casa se fue atrasando —al ser un bien patrimonial todo llevaba un poco más de tiempo—, por lo que marzo se descartó como fecha de lanzamiento. Pero el 13 de ese mismo mes el panorama cambió. “En marzo, cuando explotó todo, ya estábamos con más de la mitad de la inversión hecha, ya teníamos más que un pie adentro y no íbamos a echarnos para atrás”, explicó Lestido a Café y Negocios.

Así que en julio de 2020 abrieron al público con Nona, una propuesta cien por ciento sin gluten. “Y la verdad que la respuesta fue impresionante, no esperábamos que viniera tanta gente por el tema del coronavirus, pero en ese momento nos fue bastante bien”, dice Lestido, quien está a cargo de la cocina.

La propuesta consiste en desayunos, almuerzos y meriendas (de 8 a 20 horas entre semana y de 10 a 20 horas sábado y domingo) con la característica principal de que todo es elaborado sin gluten.

La carrot cake y los alfabrownies de la tarde, junto con las milanesas con puré del mediodía son las vedettes de Nona, que además cuenta en la carta con tartas, ensaladas, platos del día, tostados y medialunas, entre otros. “Apuntamos a los celíacos, pero nuestra idea es que quiera venir gente que no sea celíaca, que venga porque le gusta el lugar y la comida”.

En noviembre y diciembre los emprendedores detectaron que la clientela que se acercaba a Nona comenzó a disminuir, por lo que optaron por agregar la opción de delivery, algo que inicialmente querían implementar, pero más adelante. “Y la verdad que anduvo bastante bien”, destacó Lestido.

En enero cerraron las primeras semanas y retomaron actividad el 18, pero el flujo de movimiento ha sido bajo. “Estamos a la espera de ver qué pasa, si esta tranquilidad es por el verano o por el coronavirus”, señala la cocinera emprendedora. “Yo tengo fe de que sea por el verano, he visto que la gente se está animando más a salir a comer y con la noticia de la vacuna esperamos que para julio esté todo un poco más normalizado”, acotó. 

En general los productos sin gluten son más caros, por lo que los precios de Nona tuvieron que adaptarse un poco a la realidad de las materias primas que usan. “Es un poco más caro producir sin gluten, pero la gente lo sabe y está dispuesta a pagar un precio un poco más elevado por la seguridad. Es horrible porque no es una elección, no te queda otra que pagar un producto más caro por algo que en realidad debería ser lo mismo”, comenta Lestido, quien vive esta realidad en carne propia como empresaria y como consumidora celíaca.

La Guinda

Carolina Mena trabaja en el rubro gastronómico desde hace 18 años, fue finalista de Masterchef Masters en 2018 y a finales de 2020 pudo concretar su sueño de tener su propio restaurante, una idea que empezó a gestarse en mayo de 2019.

En ese momento, Mena junto con sus socios Santiago Romero y Ramiro Cabrera comenzaron la búsqueda del futuro local que albergaría a La Guinda. La casa elegida terminó siendo la ubicada en la calle Maldonado 1983, entre Juan D. Jackson y Juan Manuel Blanes, que data de 1920, tiene unos 140 metros cuadrados y que les llevó un año de obra para dejarla puesta a punto.  

Cuando llegó el coronavirus a Uruguay en marzo, La Guinda estaba en plena construcción y proceso de trámites, y la pandemia tomó a los emprendedores por sorpresa. “Pero seguimos con la energía y las fuerzas, porque no teníamos margen de echar para atrás. Había que hacerlo”, dice Mena.

Finalmente, la apertura del local se hizo el 22 de octubre y a los nervios propios de abrir un emprendimiento, se les sumaron los de la responsabilidad de tener personal a cargo en un contexto de mucha incertidumbre

“Toda mi vida fui empleada y lo último que quiero hacer es desvincular gente, por suerte, con mis socios en eso nos alineamos”, cuenta Mena. “En un mundo ideal me hubiese encantado que este emprendimiento se diera en otra situación socioeconómica del país, pero bueno, estamos tratando de adaptarnos y de mejorar”, agrega la chef, que además de estar a cargo de la cocina se encarga de la logística del local.

La recepción del público fue buena y durante noviembre y diciembre el local funcionó bien. “Cuando abrimos quedamos súper contentos y asombrados porque, si bien uno hace todo el proceso para que venga la gente y lo disfrute, siempre tiene ese miedo de que no venga nadie”. La propuesta de La Guinda abarca almuerzo, merienda y cena, está abierto de 12 a 00:00 horas y se caracteriza por sus platos y tragos de autor.

Carolina Mena

El lugar tiene capacidad para atender a unas 55 personas y ya está en trámites para poder habilitar mesas en la vereda. “Tenemos la suerte de que uno de los espacios de la casa tiene una claraboya que se abre toda, por lo que, mucha gente que viene se siente segura por la circulación del aire”, explica Mena.

Si bien a finales de octubre y en noviembre el movimiento fue bueno, en diciembre bajó. En enero el local se tomó unos días de licencia y la vuelta ha sido variada en cuanto a la cantidad de clientes. “Nuestra expectativa es que se mueva. En breve vamos a empezar a salir con pastas caseras crudas en caja para que la gente pase a buscar packs con salsa y pan caseros, queso y las pastas. Nuestro plan es aguantar a ver qué pasa, ver qué medidas se toman, y procurar mantenernos positivos”, señala la emprendedora.

In her oven, de las redes a Pocitos

In her oven (“en su horno”) es el nombre del emprendimiento de la pastelera Luisina Papa, que comenzó en 2014 a través de las redes y que en febrero de 2021 se materializará en un local propio en Pocitos, ubicado en Libertad 2526 esquina Quebracho.

Papa estudió Pastelería y Gestión Gastronómica en el Instituto Gato Dumas, se formó en cursos de Zanetti y en la escuela de Alicia Quaglia para complementar su formación y además es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica.

A mediados de 2019 comenzó a buscar local, pero estaba indecisa en si dar el paso de saltar de la venta virtual a la física. “Un día me levantaba y decía sí, otro día, mejor no. Tenía miedo y, bueno, después se vino la pandemia”, cuenta la emprendedora, quien se había armado una casa-taller donde vivía y trabajaba todo el día.

 

Malala Films Luisina Papa

“Ya estaba saturada de esa situación. Con la pandemia tuve que mandar a seguro de paro a la chica que me ayudaba y tuve que encarar todo sola y la verdad es que era mucho el trabajo. Tenía que tomar una decisión: o me mudaba a algo más grande y seguía en la misma situación o abría el local” y la opción elegida fue la segunda. “Me la iba a tener que jugar en algún momento y sentí que era este el momento”.

Con ayuda económica de sus padres y con ahorros propios, finalmente Luisina Papa dio el paso de elegir un local para abrir In her oven. Tras varios meses de remodelación y acondicionamiento, el proyecto verá la luz en febrero, aunque la fecha exacta todavía no está definida, ya que aún quedan los últimos detalles de decoración por concretar.

En una primera instancia el local funcionará de 11 a 20 horas como un pick up de sus productos tradicionales y ya conocidos por su clientela, como las paletas de trufa con corazón de chocolate o de carrot cake, los alfajores de salchichón y las cookies, además de las tortas de cumpleaños por encargo. A la carta se sumarán otros productos como brownies, cuadrados de coco y tortas en porciones que irán variando cada día.

Malala Films

El equipo estará compuesto por Papa, una ayudante de cocina y alguien en mostrador para atender al público. A futuro la idea es poder ampliar el equipo y servir los productos también en el local, para lo que se agregarán mesas.

“Apunto a que la gente se lleve una experiencia y que tenga ganas de volver, que le gusten mis cosas, el lugar. Yo hago mucho énfasis en que los productos tienen que ser lindos a la vista —porque todo entra por los ojos— y tienen que ser ricos, porque si solo son lindos, la gente no va a volver a comprar”.

Con respecto a lo que implica tirarse al agua y abrir un local por primera vez, Papa dice: “Obvio que tengo miedo, pero me parece que es normal y que es importante ser positivo. No lo estoy viendo tanto por el lado de la pandemia, sino que pienso más en si a la gente le va a gustar o no”.

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