Como artista, Damon Albarn está del lado de los prolíficos. No llega al exceso de Andrés Calamaro o Billy Corgan de Smashing Pumpkins, cuya discografía es casi inabarcable, pero su pluma ha firmado temas que han marcado una época. Su currículum se conforma con su etapa en Blur, pasando por Gorillaz y The Good, The Bad & The Queen, sus óperas Monkey: Journey to the West y Dr Dee, y sus viajes a África, donde ha colaborado con artistas locales.
Pero su disco solista es una especie diferente a todo lo anterior. Blur lo llevó a la fama y lo consolidó como compositor. Exploró la fusión del hip hop, el pop y el rock con Gorillaz, donde se disoció en la figura de cuatro personajes virtuales que llevaron el peso de su creatividad.
Everyday Robots pone a Albarn en el frente, pero de la manera más vulnerable posible: la del cantautor.
Según explicó a la BBC Radio 6, las letras fueron lo más difícil de la creación de este disco. En su caso, la música y la letra derivan hacia el lado melancólico de su discografía, más cercano al soul que al britpop. Sin embargo, su honestidad con su biografía fue lo primero que se notó cuando el disco salió a la luz.
“Cada línea que aparece en este disco sucedió”, afirmó Albarn a la BBC. Pero la prensa se detuvo especialmente en una de esas frases: “Tinfoil and a lighter, the ship across. Five days on, two days off”, una clara referencia –como nunca antes había dejado entrever– sobre su consumo de heroína. Y el mismo músico no demoró en ayudar a que quedara claro. Para él, la droga fue “increíblemente creativa” y “productiva”, dijo a la revista Q.
Pero Everyday Robots no merece ni será recordado como “el disco donde Damon habla sobre las drogas”. Dejando ese amarillismo de lado, el trabajo explora mucho más el interior del artista, tanto así que según afirmó, se remonta a su infancia.
Es un disco que muestra dos polos: su niñez en la campiña inglesa, la mitología del llamado “hombre verde” –una figura antropomórfica formada por hojas y ramas– y el paganismo frente a la aglomeración urbana, la alienación y la vida conectada.
El tema que da nombre al disco es el más claro en el segundo punto: “Somos robots cotidianos en nuestros teléfonos, en el proceso de llegar a casa. Luciendo como rocas paradas, allí en solitario”.
Tiene un ritmo fracturado. Cada uno de los instrumentos parece seguir su propio compás, unidos por el tiempo pero sin enredarse, así como transeúntes que viajan juntos en un ómnibus sin tocarse ni mirarse.
La alienación se une con la soledad en Lonely Press Play, una balada que parece invitar a aislarse del mundo con algún video o música. Solo falta apretar play para perderse o conseguir compañía.
En Photographs (You Are Taking Now), los protagonistas son esas efímeras fotografías que circulan en las redes y el andar como zombies que adquieren los robots alienados.
Del lado opuesto, natural y real, están canciones como Mr. Tembo (dedicada a un elefante bebé que conoció en Tanzania), You & Me (que tiene la ya trillada cita sobre la heroína) y en especial Hollow Ponds, donde revela esos pequeños detalles de una infancia relacionada con aspectos paganos del folclore inglés.
Pero es Heavy Seas of Love, uno de los temas más emocionantes del disco y que ahora los uruguayos relacionan al Palacio Salvo luego de que su cúpula ilustrara la carátula del single (ver imagen abajo). Si bien es un final animado gracias a sus coros gospel y la presencia de Brian Eno, es un himno melancólico que parece haber sido escrito en esa misma habitación del Radisson, desde la cual estuvo mirando hacia el mar tranquilo y el entorno taciturno de la Ciudad Vieja flanqueado por el elegante edificio.