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3 de abril de 2018 5:00 hs

Las necesidades se empiezan a transformar en urgencias y volver con puntos desde Cusco –donde este martes a la hora 19.15 enfrenta a Real Garcilaso– casi en una obligación para Nacional.

Comprometido por el empate ante Estudiantes en Montevideo y la caída frente a Santos, encontrarse en el último lugar de la tabla con un punto en el grupo 6, lo obliga a plantearse el desafío de lograr en el partido ante los peruanos un empate como mínimo y una victoria como el bálsamo que necesita para estos días en los que no encuentra el equilibrio futbolístico.

Volver con un punto superaría lo que refleja la historia reciente de los albos en la altura, pero Nacional no está en condiciones de seguir perdiendo en un torneo continental en el que los dos primeros avanzan, y el resto queda fuera de carrera de la Copa Libertadores.

Nacional viajó sin su capitán Diego Polenta, que está lesionado y se quedó en Montevideo. En su lugar se especula con el ingreso de Diego Arismendi, como en todos los partidos de la Copa, en donde el volante realizó una sólida tarea y se transformó en un bastión en la zaga.

Arismendi viene de una lesión y faltó a los últimos tres partidos por el torneo local. Reaparecería después de 12 días.

De todas formas, el asunto de fondo es saber qué Nacional jugará en Cusco. Esta afirmación va más allá de los nombres que elija, sino por la irregularidad futbolística que empezó a establecer como regla.

Medina puede poblar el medio, apostar al orden táctico y buscar a través de la velocidad de Viudez y Seba Fernández o Bueno, el gol.

Para Garcilaso es un partido de nuevas experiencias. Estrena a su entrenador uruguayo Tabaré Silva y llega de una mala campaña.

EL MISTERIO DE ALEXANDER MEDINA

Parecían perimidas aquellas prácticas de Julio Ribas, en donde el misterio se apoderaba de la escena previo a cada encuentro, y la información un tesoro preciado al que no accedía nadie. Tiempos en los que el técnico, incluso en Bella Vista (cuando aún no había llegado a Peñarol ni había logrado mayor fama), guardaba celosamente los nombres de los 11 jugadores que iban a saltar al campo.

Fiel alumno de la escuela de Ribas, Alexander Medina –quien lo tuvo como técnico en Liverpool–, decidió recorrer el mismo camino y estableció como estilo de conducción mantener en reserva la oncena hasta un plazo que osciló entre 30 minutos y una hora en los 17 partidos que jugó hasta el momento. Dentro de los límites establecidos por la AUF.

No fue lo único que heredó de Ribas. También eligió el trabajo como trampolín (le pone una intensidad a los entrenamientos como pocos DT, según quienes lo dirigieron) y la motivación como recurso para lograr sacar el mejor rendimiento.

Ese es el costado del técnico que más ruido hizo, pero también eligió ponerle su propia impronta, el de la rotación de los equipos. En un recurso que será válido si al final del camino los resultados lo acompañan.

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