Mañana comienza El fin de una era. La señal estadounidense AMC emitirá, bajo ese título, los últimos episodios de Mad Men, el drama histórico creado por Matthew Weiner. Se podría considerar un nombre pomposo para el final de una serie, pero el rótulo funciona en varios niveles.
La emisión de la segunda parte de la séptima temporada de Mad Men significa el final de la historia de Don Draper (Jon Hamm) y la despedida de una serie que abrió las puertas para una revisión televisiva de la historia contemporánea estadounidense.
Enmarcada a comienzos de 1960, el programa se enfocaba inicialmente en la vida personal y profesional de Don Draper, un seductor empedernido y renombrado creativo publicitario de Manhattan. Con el correr de sus episodios, Mad Men se convirtió en un retrato multifacético de un grupo de personajes cercanos a la figura de Don: sus esposas, sus amantes, sus hijos y, sobre todo, sus colegas en la agencia Sterling Cooper, que se volvieron estrellas de un universo narrativo tan complejo como seductor.
A diferencia de otras series aclamadas en la última década como Breaking Bad, True Detective y Game of Thrones, las tramas de Mad Men nunca fueron impulsadas por un gran arco narrativo complicado. En cambio, la serie lidiaba con los problemas cotidianos de un grupo de trabajadores adultos. El contexto del ambiente publicitario de la época –con sus oficinas plagadas de trajes y vestidos, humo de cigarros y bebidas en toda reunión–, le brindaron un aspecto sexy y refinado que ninguna otra serie ha alcanzado recientemente.
El foco siempre estuvo en el drama humano pero detrás de ese brillo se escondían los verdaderos problemas. La serie intentó representar de manera auténtica los roles de hombres y mujeres de la época, mientras exploraba la naturaleza humana detrás de los valores familiares tradicionales del pasado.
En ocho años el tiempo pasó para los actores y sus personajes, quienes comenzaron la historia durante la década de 1960 y maduraron capítulo a capítulo hacia el principio de 1970, bajo el fin de la inocencia promulgada detrás del mensaje hippie de amor y paz.
El principio
Weiner, quien trabajó como guionista en Los Soprano, ha contado que tuvo la idea original para Mad Men en 1999, mientras trabajaba en los guiones de la poco conocida serie Becker con Ted Danson. Según narró a la revista The Hollywood Reporter, se pasó investigando acerca de la vida en la década de 1960: la comida, la vestimenta, los autos, etc. El piloto lo escribió en 2001 y recién en 2005, mientras trabajaba en la serie de gángsters ítaloamericanos para HBO, logró que el guion llegara a la cadena AMC, conocida principalmente por pasar películas clásicas y no mucho más.
El proceso de casting empezó en 2006 y la serie se estrenó en 2007, año en el que Los Soprano se despidió.
Mad Men reemplazó la figura antiheroica del cruel y frágil Tony Soprano por el seductor y misterioso Don Draper. La serie se alzó rápidamente entre las favoritas de la crítica y desde entonces AMC se posicionó como una señal de calidad narrativa con la emisión de Breaking Bad y The Walking Dead. En América Latina la serie es emitida por HBO, que estrenará los últimos capítulos el lunes.
Un legado
Mad Men ha sido la primera serie dramática, emitida en una señal de cable en Estados Unidos, en ganar cuatro veces consecutivas un premio Emmy. Es un galardón menor si se considera que el mayor logro del programa –cuya audiencia no llegó a superar los 3 millones de espectadores en ese país– fue permitir un nuevo fenómeno televisivo.
Algunas señales intentaron sin éxito replicar el modelo de drama histórico de la serie. La señal ABC lo hizo con Pan Am y NBC con The Playboy Club. Ninguna superó más de una temporada y comprobaron que no basta con ambientar una serie en el pasado para lograr un producto de calidad.
Otras han tenido un poco más de suerte en su intento. Showtime encontró el elogio de la crítica con Masters of Sex, mientras que HBO logró entrar en el juego de manera satisfactoria con Boardwalk Empire. Más allá que ambos shows lograron pararse por sí solos, es difícil no categorizarlos respectivamente como “Mad Men con más sexo” o “Mad Men con mafiosos”.
Lo que se viene
En el último episodio de la primera parte de la séptima temporada, Waterloo, Don termina al borde del llanto mientras es testigo de una visión de Bert Cooper (Robert Morse), el dueño de la agencia y uno de sus mentores, realizando un número musical después de su muerte. La imagen mezcla el optimismo de ese sueño colorido con el pesimismo latente en el protagonista, quien tras hablar por teléfono con su segunda esposa, Megan (Jessica Paré), es consciente de que la ha perdido. Luego de luchar toda la temporada por volver al trabajo para el que vive y del que fue echado por su alcoholismo, Don parece que va en camino a darse cuenta lo que realmente vale en su vida.
Weiner ha afirmado que sabe cómo terminará la serie desde que escribió el primer capítulo. La presentación animada de la serie, en donde una figura de traje cae hacia un vacío de publicidades y hacia su probable e inminente muerte, ha dado lugar a todo tipo de teorías de los fanáticos. Sin embargo, una pregunta siempre sobresale: “¿Está Don condenado a morir?”. En sentido figurado, la caída del protagonista ha sido el eje principal de Mad Men. Quedará por ver qué les depara a Don y a los espectadores en el fondo de ese precipicio.